¡Qué Dios nos Salve!

En esta columna de opinión, el autor decide hacer un recorrido que comienza en las antiguas deidades del Olimpo y se traslada a los actuales altares erigidos por el Dios Mercado.

Opinión 09 de abril de 2023 Antonio Miguel Yapur*
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Los doce dioses del Olimpo - Arte de Rafael Web Gallery of Art

YAPUR

Por Antonio Miguel Yapur*

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Los humanos y las humanas somos creyentes y estoy casi convencido de que esta característica es innata, es parte de nuestra esencia. El conflicto se inicia cuando descubrimos nuestra racionalidad, que a diferencia de los otros seres vivientes del planeta, nos dimos cuenta que también podíamos pensar.

Ahí comenzamos a contradecirnos, pues la realidad viviente nos ponía en aprietos con las creencias. La fortaleza de las creencias radica en la facilidad de aceptarlas a ciegas, en cambio la racionalidad con el pasar de los tiempos se volvía cada vez más estricta, más exigente, hay que demostrar para aceptar.

Así es como transcurre la historia humana. Una contienda a veces sin cuartel entre creencias y racionalidades. Pero resulta que los humanos y humanas tenemos ambas constituciones.

Los sentimientos y las emociones comenzaron también a estar influenciadas por estas discordancias. La culpa, por ejemplo, es un sentimiento que suele torturar silenciosamente a nuestra especie y es casi habitual calmarla con la adoración a dioses o divinidades.

Adorar es muchas veces una acción compulsiva mediante la cual se espera obtener beneficios, por lo general materiales "¡Por favor Dios, te ruego que salga mi número en la quiniela!". Aunque es habitual apelar a las divinidades para que nos exculpen de ciertas mezquindades que solemos cometer, muchas de ellas para obtener algún privilegio, ventaja o tajada.

Lo obstinado es que por más de diez mil años esto no cambió, salvo algunos pequeños detalles. El equilibrio entre la racionalidad y las emociones es un proceso complejo de lograr y fácil de manipular.

Ya no utilizamos altares de piedra para los sacrificios humanos. No.

Las expiaciones, ahora son acontecimientos llamados civilizatorios. Y aunque no lo crean, civilizar le costó al planeta muchas muertes, recuerden cuando en occidente los cristianos con su hegemonía inquisitoria disciplinaron a Europa entera, invadieron América y crearon las guerras cruzadas para Oriente. Todo era por Dios..., y para algunas arcas privadas.

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'Saladino y Guy de Lusignan tras la batalla de Hattin en 1187'. Dominio público

En el actual imperio, la moneda de dominación es el dólar, en sus billetes tienen inscripto “In God We Trust” que en castellano significa “en Dios confiamos” concepto muy bien manipulado y acuñado para justificar las atrocidades que comete. 

Cualquier atisbo de culpa, lo lava Dios. O peor aún, por confiar en Dios no sienten culpas para invadir, atentar, matar y crearon el “daño colateral” para que Dios los perdone.

La tecnología, ustedes saben que es una de las divinidades de ese Olimpo y hace sus aportes. Bombardea y asesina con drones en lugar del avión tripulado. 

Otras divinidades crearon las muertes civiles que son aquellas dónde una víctima es bombardeada mediáticamente y luego sus despojos son entregados a fiscales y jueces, para que sellen la condena con los mismos argumentos que les dio el acoso comunicacional.

Los comandos empresariales que son los dueños del poder fáctico del mundo, tienen la sagrada misión de canjear balas por hambre. No les es suficiente tener como esclavos a seres humanos endeudados que los enriquecen, ahora crearon una nueva categoría, los hambrientos, los despojados, los subhumanos.

Los subhumanos son los saqueados, no sólo de sus bienes materiales, sino también de todo propósito social, espiritual, cultural, económico e individual. 

Se dice que tienen un lema, cada precio es más barato que una bala.

El capitalismo neoliberal tiene una escala de costos, las migas cuando les sobran, la deben comer sus esclavos endeudados y los despojados solo comerán excrementos. 

SIN PAN Y SIN TRABAJO
Sin pan y sin trabajo, de Ernesto de la Cárcova

A los esclavos quizás Dios los podrá salvar, mientras que los despojados ya no son salvables pues sus almas fueron privatizadas, las negocian los empresarios con las divinidades.

Los dioses, esas deidades inalcanzables que nombramos cada día. Esas entidades omnipresentes en la vida de muchas personas... demasiadas personas.

En mi niñez estaba rodeado de esas deidades, algunas me permitían volar sobre praderas y montañas, otras, las cotidianas, las templarias, eran temibles y castigadoras, hasta tenían un mantra con el que nos compelían cada día “dios te va a castigar”. 

Declamaban así, en tercera persona. 

Desde los orígenes los dioses tuvieron decidores que oraban desde templos y altares. Siempre desde arriba. Dioses permanentes en nuestras vidas, siempre activos y exigentes de fidelidades ciegas.

Los tiempos cambian y ellos siguen actuando con variados medios. Diversificaron sus templos y altares, incorporaron bancos, financieras, paseos de compras, canales de televisión, redes sociales.

No solo actúan sobre las emociones humanas sino también en la materialidad de la vida en el planeta.

El dios más traficado es el Mercado y los sacrificios más pregonados son las personas endeudadas y las hambrientas.

Mercado es ahora el dueño de ese restaurado Olimpo, de ese nuevo Cielo y alrededor de él actúan las otras divinidades. 

Este moderno avatar monoteísta devela sus propios y nuevos mandamientos:

  1. La vida humana es solo tiempo de trabajo y productora de ganancias.
  2. La naturaleza es una masa para especular hasta agotar.
  3. El valor solo está mensurado por el precio.
  4. La persona ya no es, sino solo un ente de consumo.
  5. El precepto es acumular bienes. 
  6. En toda actividad material o espiritual del planeta, debe interponerse el dinero.

PENTECOSTALISMO

¡Bendiciones, bendiciones! ¡Quiero salvarme!

Porque no pretendo confundir todo esto con la devoción humana, con la fe. No tiene mucho vínculo la fe con las estructuras del poder económico, cultural y religioso y por eso son necesarios estos dioses, para entremeterse en el espíritu humano.

Podría decir casi con total seguridad que esas estructuras se interponen justamente para impedir la comunicación real de las personas con su fe, con su espiritualidad. 

Esas estructuras están creadas y sostenidas para manipular la fe humana.

La espiritualidad humana es una potente energía de subsistencia, es cuidadosa no solo del colectivo humano sino además de las otras formas de vida.

Sabemos que el monocultivo, el extractivismo, el sistema financiero, no son necesarios para sostener una vida digna, respetuosa y equilibrada en el planeta, pero para convencer de lo contrario es que hace falta activar a los dioses.

Esta creencia contraria es para lograr la impotencia y resignación de tener que convivir con el modo de explotación capitalista.

Los dioses pregonan que otro modelo sería una hecatombe, a sabiendas que con este modo de vida estamos yendo hacia esa inmolación, y ellos junto a sus templarios, la quieren administrar para resguardar sus “riquezas” y poderes.

Dioses que matan mujeres, niños y hombres en sus guerras, en sus hambrunas, en sus planes económicos, que eliminan a la vida animal y vegetal con sus industrias, deforestaciones, monocultivos y agrotóxicos.

Te convencen de que la vida real es la que percibís en tu celular, en tus pantallas. Fuera de ahí no te está permitido vivir.

Dioses que se espantan ante nuestras libertades, nuestros sueños e identidades. 

Dioses que temen que sus dineros ardan en sus propios templos cuando nuestras almas sientan que somos una red humana que quiere desear, amar, comer y bailar sin adoración a divinidades aturdidoras.

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*Ing. Antonio Miguel Yapur, periodista y escritor - Editor del Diario Digital HoraCero

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