Ciencia, conocimiento omnipresente... ¿Estás en los cielos?

Cuando la ciencia y la tecnología se distancian de la realidad social, se transforman en ventajas personales y empresariales.

Opinión 03 de junio de 2023 Antonio MIguel Yapur*
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Todo comienza con una receta...

YAPUR

Por Antonio Miguel Yapur*

UNA HISTORIA

Juan Carlos se encontraba decaído y decidió acudir al médico. Visitó a un clínico y después de examinarlo, le recetó una serie de análisis químicos.

Quince días después, regresó al consultorio del profesional para mostrar los análisis. Tras examinarlos, el médico le recomendó que acudiera a un especialista, ya que ciertos resultados le habían llamado la atención.

Juan Carlos siguió su consejo y se dirigió al especialista, quien le informó que sería necesario realizar un estudio sobre una posible enfermedad crónica. Juan Carlos accedió y se realizó dicho estudio, el cual debió enviar a Buenos Aires, ya que no se realizaba en Santa Fe.

Después de un mes, cuando recibió los resultados del examen, volvió a visitar al especialista. Con voz compungida, el médico le confirmó la enfermedad que sospechaba que tenía. Le explicó en qué consistía y le indicó que debía medicarse de por vida debido a su carácter crónico.

El médico le recetó la medicación que debía tomar y le explicó la dosis. Además, le informó que dentro de tres meses realizarían un control para evaluar la evolución.

Al despedirlo, le dijo: "No se preocupe, es una enfermedad crónica y tiene un pronóstico de sobrevida de 12 años".

¡Doce años! El médico le estaba anunciando a Juan Carlos que podría vivir durante ese tiempo. ¡Felicidades! El dios de la ciencia le regala 12 años de vida. ¡Alabado sea ese moderno dios!

Otra de muestra

El otro día escuché en un reportaje por radio a una autoridad del colegio de psicólogos hablar sobre algunas prácticas alternativas como la limpieza del aura, la meditación, las constelaciones y varias otras. La esencia de esa conversación fue la descalificación por parte de la entrevistada de estas prácticas, acusándolas de carecer de fundamentos científicos.

HUMILDADES, CULPAS Y RESPONSABILIDADES

En general, los y las profesionales se colegian para defender sus derechos, aunque en mucha cantidad se enfocan únicamente en sus intereses corporativos, los cuales consisten principalmente en generar dinero.

Veamos el caso del Colegio de Médicos como ejemplo. Cuando realizás una práctica médica, como análisis o estudios de imágenes, entre otros, además de pagar por los resultados, también te exigen abonar una tarifa por el estampillado. Situaciones similares ocurren en otras colegiaturas.

En resumen, si te enfermas y tenés una consulta médica, primero pagás la consulta (que se denomina honorarios, una palabra que proviene del latín "honorarius" y significa "que se utiliza para honrar"), luego llegás con anticipación a tu turno y ahí te enterás de que es por orden de llegada, así justifican la larga espera (y por eso te catalogan como paciente).

Cuando llega tu turno para ser atendido, el médico no te llama, sino que te pega un grito desde su escritorio (al que llaman consultorio, palabra que deriva del verbo "consultar"). Después de esperar no más de 10 o 15 minutos (similar al tiempo que empleás al comprar dos kilos de papas, medio kilo de zanahorias y dos kilos de cebollas en la verdulería del barrio), sin más trámites, te receta una serie de estudios (no te examina, mucho menos te ausculta y ni siquiera te pregunta).

A partir de ese momento, comienza un calvario que implica visitar al bioquímico, luego realizarte las imágenes que te recetaron y quién sabe qué más. Además de abonar todo eso, tenés que pagar el estampillado del Colegio de Médicos o del Colegio del Arte de Curar (algunos le agregan otra "r" a la palabra "curar").

Si tenés suerte, el vía crucis puede terminar cuando vuelves al médico con los estudios, pagas nuevamente y, en el mejor de los casos, el médico te puede decir "no te preocupés, no es nada" y te receta una pastilla.

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Con la receta vas a la farmacia, comprás el medicamento y te cobran un importe adicional para pagar el estampillado del Colegio de Farmacéuticos.

Quizás ahora comprendas mejor ciertas ideas, como la postura de algunas líderes del Colegio de Farmacéuticos. Ante la sugerencia de un colega de realizar una reunión en el colegio para tomar una posición sobre el excesivo aumento en el precio de los medicamentos, una de ellas le respondió:

-Escucha, ¿no te está yendo bien con tu farmacia? El colega respondió: "...sí, pero..." Ella lo interrumpió de inmediato, diciendo: "...pero dejate de molestar".

Podría seguir relatando más hechos en los que los protagonistas son mayormente profesionales, tanto hombres como mujeres, que han logrado obtener educación terciaria y universitaria.

Las instituciones educativas de todos los niveles en nuestro país, Argentina, son sostenidas y financiadas por el Estado, es decir, por cada uno de nosotros, incluyendo aquellas personas que no han tenido acceso a estudios universitarios o terciarios.

Muchas de estas instituciones parecen ignorar que todos los argentinos y argentinas financiamos el sistema educativo, ya sea público o privado. Es necesario que comprendan y reconozcan que no somos profesionales universitarios únicamente por nuestro propio mérito, sino principalmente porque toda nuestra sociedad ha contribuido para que podamos recibir educación y estudiar.

Aquellas personas, nuestros semejantes, que no han tenido la oportunidad de recibir una educación debido a diversas circunstancias, pero sobre todo debido a la discriminación sistemática, la pobreza, el hambre, el frío o el calor que se irradian en sus precarias viviendas de chapas, también están contribuyendo a nuestra educación.

Aportaron para que muchos de nosotros pudiéramos convertirnos en profesionales.

La alegría de obtener un título universitario se desvanece cuando médicos, farmacéuticos, abogados, ingenieros y profesores solo ven a los demás como objetos para su propio bienestar económico individual.

En los últimos 40 años, se ha demostrado ampliamente que la iniciativa privada es extremadamente ineficiente e inhumana, ya que solo resuelve los problemas económicos y el bienestar de una pequeña élite que se extiende solo un poco más hacia un grupo de intermediarios que actúan como colchones.

El rol del Estado y de la democracia actual varía según quienes estén en el poder. El Estado nunca desaparece, mientras que la llamada democracia puede desaparecer o servir solo a unos pocos.

En este contexto, debemos reflexionar sobre el papel de la ciencia y las personas profesionales que se forman en nuestro sistema educativo. Algunas preguntas (aunque no todas) podrían ser:

¿A quién sirven al ejercer sus profesiones?

¿Implica ser científico/a, investigador/a, abogado/a, médico/a, profesor/a, ingeniero/a estar al servicio de un proyecto de país donde se imagine el bienestar de todas las personas?

¿O estudio y me preparo solo para ingresar al mundo laboral, profesional y cultural en beneficio personal e individual?

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¿Cuál es mi rol como profesor/a? ¿Brindar conocimiento y formar ciudadanos con derechos, o mi profesión es solo una garantía salarial para mi bienestar individual?

¿Qué me propongo como médico/a al atender a una persona? ¿Escucharla, investigarla, observarla y ser un vehículo para su curación y sanación?

¿O simplemente la veo como un objeto al quien recetarle medicamentos o realizar estudios, percibiéndola como una fuente de ingresos económicos?

¿Como ingeniero/a o arquitecto/a, mi único interés es construir y erigir edificios?

¿O me pregunto para qué y para quién estoy construyendo esas estructuras?

¿Como investigador/a o científico/a, mi objetivo es solo generar nuevo conocimiento?

¿O me pregunto en manos de quién quedará esa investigación? ¿A quién beneficiará?

Cuando los paradigmas científicos y tecnológicos se convierten en absolutos y se alejan de la realidad social, se convierten en meros productores de beneficios individuales y empresariales. Actúan de manera fragmentada y caótica, transformándose en privilegios en los que los seres humanos se convierten en dioses que habitan en el anodino paraíso del cientificismo y la tecnocracia.

Es un paraíso en el que ni siquiera Prometeo podría distribuir el fuego.

_________________

*Ing. Antonio Miguel Yapur, editor responsable de HoraCero, diario digital de Santa Fe

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