Necrología del Malestar

La muerte no recibe compasión científica ni médica. Un hospital y la justicia acordaron considerar desaparecidos a más de doscientos cadáveres de niños no nacidos.

Opinión 09 de julio de 2023 Por Antonio M. Yapur*
FELIX
Pintura de Félix Parra - Detalle

YAPUR

Por Antonio Miguel Yapur*

"La causa porque han muerto y destruido tantas y tales y tan infinito número de ánimas los cristianos ha sido solamente por tener por su fin último el oro y henchirse de riquezas en muy breves días y subir a estados muy altos y sin proporción de sus personas, conviene a saber: por la insaciable cudicia y ambición que han tenido, que ha sido la mayor que en el mundo ser pudo, por ser aquellas tierras tan felices y tan ricas, y las gentes tan humildes, tan pacientes y tan fáciles a sujetarlas, a las cuales no han tenido más respecto ni dellas han hecho más cuenta ni estima (hablo con verdad, por lo que sé y he visto todo el dicho tiempo) no digo que de bestias, porque pluguiera a Dios que como a bestias las hubieran tratado y estimado, pero como y menos que estiércol de las plazas".

Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Fray Bartolomé de las Casas 1542

Hace unos días trascendió la noticia de que el Hospital de la Ciudad de Rafaela había conservado en formol más de 200 fetos de niños no nacidos.

Resulta que un médico pensó que esos niños muertos debían ser conservados hasta que alguien, no él, decidiera su destino.

También resulta que el hospital tampoco se hizo cargo de los más de doscientos cadáveres no natos que están conservados en formol. Y eso ha pasado desde 2005 en adelante, durante casi 18 años.

La muerte no recibe compasión científica y mucho menos médica. Es preferible conservar los cadáveres antes que hacerse cargo de qué hacer con ellos.

Además, el juzgado encargado de la denuncia por los 18 años de acumulación reiterada de cadáveres es un Juzgado Civil y Comercial de Rafaela.

Parecería que antes de inhumar a los no nacidos, se debe obtener el permiso de un juzgado en lo comercial, no sea cuestión de que alguien no pueda obtener el lucro necesario antes de desecharlos.

Y como si todo esto fuera poco, el juzgado comercial citó a más de doscientas madres gestantes de esos fetos mediante cédula judicial para que renueven su malestar por haber perdido un embarazo. La Justicia debe ser justa (mente) feroz e implacable con las mujeres de a pie y, por supuesto, hacerles pagar económicamente y emocionalmente por haber fracasado en una gestación.

El médico, el hospital y la justicia formaron una tríada para considerar desaparecidos a más de doscientos cadáveres de niños no nacidos, y luego los resucitan sin hacerse cargo de la historia necrológica que ellos mismos crearon o sostuvieron durante 18 años.

En medio de esta perversa hecatombe, la justicia quiere decir que podrían ser inhumados, pero antes deben completarse pasos administrativos previos, como ser inscritos en el libro de defunciones del Registro Civil local, generar un acta de defunción prenatal por cada uno y luego ser entregados a cada madre con la correspondiente 'licencia de inhumación' de los restos para proceder a su sepultura.

Como ven, el terrorismo de Estado no se limitó a un golpe cívico-militar, sino que sembró algo aún peor: la arbitrariedad autoritaria en muchas estructuras sociales, de gobierno y poder. Sus secuelas parecerían estar prolijamente preservadas, aunque no en formol, pero sí como lo está en la esencia monárquica del Poder Judicial.

Una jueza civil y comercial emite más de 200 cédulas sin considerar las consecuencias emocionales que provocarían en esas madres que tuvieron que interrumpir su embarazo.

La jueza, esa mujer, no percibe o carece de cualquier virtud empática en su fallo. Ella simplemente aplica una sentencia judicial. Es una jueza que es el fiel reflejo de un Poder Judicial que solo muestra sensibilidad hacia los intereses de otro poder, su sostén: el Poder Económico.

A esta jueza solo le importa "cumplir con su deber" (del Poder), donde las almas de sus pares no existen, son solo objetos sin sensibilidad.

La civilización occidental tiene antecedentes horribles de los que aún no ha aprendido mucho. En la época de la Inquisición, los tribunales consideraban las creencias cristianas como verdaderas y no concebían al disidente como un ser humano; solo merecían la hoguera en nombre de Dios.

Los invasores europeos cometieron las mismas atrocidades con los pueblos originarios de nuestra América. Repitieron y siguen repitiendo el mismo modelo de guerra contra lo diferente para que el capital prevalezca.

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Estas madres deben sufrir hasta su propia muerte por haber fracasado en su embarazo. El capital no las perdona porque no han logrado dar a luz a futuros objetos generadores de ganancias y plusvalía. Es la prevalencia de la violencia inquisitoria del capitalismo.

Mientras tanto, los defensores de las dos vidas ignoran al capital, considerándolos daños colaterales o, en el mejor de los casos, silenciándoles con atributos de fe.

Para el capitalismo, estas madres no son seres humanos y mucho menos si fueron atendidas por la salud pública. Son máquinas de procreación que, cuando fallan en la concepción, deben sufrir infinitamente el castigo divino.

Para eso está el Poder Judicial, para hacer cumplir ese castigo. El Poder Judicial es la herramienta que conserva y garantiza a los señores del capital la continuidad de la labor inquisitoria en la protección de sus riquezas.

El capitalismo entiende la democracia como una democracia de propietarios, valga la redundancia. Señores propietarios, tengan cuidado, la democracia también puede ser un poema.

Para leer en forma interrogativa

Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...
Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...
Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...
Has sabido
con cada poro de la piel, sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.

Julio Cortázar

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Las ilustraciones que acompañan este artículo, son detalles de una obra pictórica del artista mexicano Félix Parra, Fray Bartolomé de las Casas de 1876, la cual fue presentada en la Exposición Internacional de Filadelfia.

*Ing. Antonio Miguel Yapur, autor de esta columna de opinión, es el editor responsable de HoraCero e integrante de colectivos políticos culturales, escritor y periodista.

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