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Dos santafesinas en el Congreso: expusieron en el debate por el aborto

En el marco del debate en audiencia pública del Congreso Nacional, sobre el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo, el jueves pasado realizaron sus exposiciones dos santafesinas, Lucila Puyol y Nerea Tacari. A continuación reproducimos el texto leído por Nerea.

Sociedad 20 de mayo de 2018 Nerea Tacari
Nerea y Lucila
Nerea Tacari y Lucila Puyol expusieron en el Congreso de la Nación

Por Nerea Tacari

Buenas tardes a todas y todos. Mi nombre es Nerea, soy Trabajadora Social, militante feminista, lesbiana y socorrista. Estar hoy acá para mí es un orgullo, porque estamos frente a una oportunidad histórica, en donde ustedes diputados y diputadas tienen la posibilidad de saldar una deuda que tiene la democracia con la salud de las mujeres. Tienen la posibilidad de impedir que mujeres en Argentina se sigan muriendo por abortos clandestinos.

Lo que hoy vengo a compartir con ustedes lo construimos diariamente en las calles, las mujeres, lesbianas travestis y trans que día a día combatimos desde nuestro discurso, la violencia con la que nos encontramos cuando exigimos una sociedad más justa e igualitaria, en la que podamos ser sujetas de derechos, y para nosotras, ser sujetas de derechos significa decidir, decidir en base a lo que deseamos y no a lo que otrxs deseen por nosotras.

Como dije, soy socorrista y formo parte de Las AnaMaría, Socorristas por el derecho a decidir y hoy me toca compartir con ustedes las experiencias que viven las mujeres que abortamos todos los días.  Porque sí: abortamos todos los días.

Y poder traer la experiencia de las socorristas es traer la palabra silenciada, es traer la palabra de Ana María Acevedo, es romper con una verdad absoluta, cargada de mentiras eclesiásticas, biologistas y patriarcales.

Las AnaMaría somos un grupo de mujeres feministas que nos organizamos desde una práctica feminista: la sororidad, para acompañar a mujeres a abortar y a decidir sobre nuestros cuerpos.

Nuestro nombre hace referencia a la historia de Ana María Acevedo, una joven oriunda de la localidad de Vera, norte santafesino. Ana María tenía 19 años cuando le diagnosticaron un cáncer en la mandíbula que requería tratamiento urgente. Tenía tres hijos y era muy pobre. Poco después se supo que estaba embarazada por lo que Lxs medicxs del Hospital Iturraspe de la ciudad de Santa Fe, no sólo se negaron el tratamiento para el cáncer, sino que también se negaron a garantizarle una interrupción legal del embarazo, priorizando el la vida del feto. 

El equipo medico y el Comité de Bioética de dicho hospital forzaron a Ana María a continuar con su embarazo hasta las 22 semanas. A raíz del complicado estado de salud, le indujeron el parto. Quien nace, muere a las 24 horas, y después de un rápido deterioro de salud, Ana María fallece un día como hoy hace 11 años.

Hoy 17 de mayo, se cumplen 11 años de la muerte de Ana María Acevedo, 11 años de que el Estado le negó la posibilidad de decidir, 11 años de que profesionales de dicho hospital le negaron la posibilidad de vivir. Hospital Iturraspe que aún hoy sigue negando nuestros derechos a decidir sobre nuestros cuerpos.

A casi una década de estos hechos, desde el Movimiento de Mujeres de Santa Fe seguimos levantando su nombre como un emblema de lucha. Llamarnos Las AnaMaría es una manera de reivindicar desde una memoria necesaria.

Si bien vemos que hay un avance en lo que respecta a la legislación, y en esto no me voy a extender porque ya muy bien lo dijeron otras compañeras, observamos que la garantía de derechos, en términos de ciudadanía sustantiva, no se alcanza en forma igualitaria entre los distintos sectores sociales, porque las mujeres pobres son las que mueren.

La ciudad de Santa Fe se encuentra atravesada por una situación adversa en relación al aborto. Muchxs profesionales responsables de garantizar este derecho dicen ser objetores de conciencia, aunque no estén inscriptxs en el registro oficial. Cuando llegamos al sistema de salud público solicitando un aborto, nos encontramos con un sinfín de obstáculos, violencias institucionales, revictimizando y negándo nuestros derechos, empujando a las mujeres a recurrir a métodos clandestinos inseguros.

Uno de los mayores obstáculos que limitan y controlan los cuerpos de las mujeres, son los principios morales conservadores.

La objeción de conciencia es un privilegio más del patriarcado, porque lo que objetan son nuestros derechos, lo que objetan son nuestras decisiones, nuestros deseos.

Objeción de conciencia que empuja a las mujeres pobres a realizarse prácticas en la clandestinidad.

Las mujeres en los hospitales públicos no somos escuchadas. No somos escuchadas y contenidas cuando decidimos sobre nuestros cuerpos, cuando decidimos la no reproducción.

Por ello el rol de las socorristas muchas veces se vuelve indispensable en esa "no escucha", en esa vulneración de los derechos, en esa puerta que se cierra.

Las personas que recurren a las socorristas son muchas, mujeres pobres, mujeres de clase media, varones trans, adolescentes, adultas… cada una con historias diferentes, pero lo que las une (y nos une) es que todas tenemos el deseo de decidir. Y decidir es una palabra que se nos fue negada por mucho tiempo, por eso cuando nos encontramos con las personas que quieren abortar, construimos lazos de sororidad para poder decidir acompañadas.

Las múltiples experiencias de las personas que abortan nos muestran que ese trauma post-aborto del que tanto hablan lxs antiderechos, no existe.

Abortar no es traumático, lo traumático es el contexto, la situación se vuelve dolorosa cuando nos encontramos con miles de NO, con personas que se creen con el poder de decidir sobre nuestros cuerpos, cuando nos sentimos violentadas por las instituciones públicas. Lo traumático es que nos obliguen a continuar con un embarazo no buscado. Eso sí es traumático, violento y tortuoso.

Hay que romper con el mito de la maternidad obligatoria, las mujeres no somos madres en potencia. Cuando una mujer decide hacerse un aborto, nada se necesita tanto como eso. Cuando toma la decisión, recurre a cualquier instancia. Si no tiene plata pone en riesgo su salud, si la tiene, paga miles de pesos.

Estamos convencidas que es un derecho que debe garantizar el Estado, es por ello que como socorristas no sólo articulamos, sino también exigimos que el Estado resguarde y organice marcos de legalidad y cuidado para con las mujeres que abortan.

Que se haya legalizado el aborto por causales es un avance importante, pero no deja de colocar el poder de decisión en la corporación medica, porque quien termina definiendo si existe causal legal para que podamos acceder a un aborto es el poder médico hegemónico y sabemos que lo hacen desde posiciones conservadoras y dogmáticas y muchas veces patriarcales, y que detrás de esas posiciones, de esas corporaciones están los poderes que siempre nos oprimieron.

Quienes queremos que se legalice y despenalice el aborto estamos a favor de la vida, porque lo que queremos es que no sigan muriendo mujeres por abortos clandestinos.

Buscamos que la sociedad y el Estado deje de mirar para otro lado y que el ejercicio real de nuestra libertad deje de estar en mano de otrxs.

Necesitamos la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, necesitamos que se generen condiciones de legalidad claras para el acceso igualitario, para evitar muertes y erradicar inequidades y discriminaciones que contribuyen a ampliar la brecha de la injusticia social.

Como todxs sabemos, que una práctica esté prohibida no significa que no ocurra. La discusión que está en juego aquí es qué hacer ante algo que está ocurriendo y se está cobrando la vida de tantas mujeres.

Por ello la discusión no puede ser más aborto sí, aborto no, el aborto es una cuestión de salud pública, derechos humanos y justicia social, porque a pesar de sus NO, las mujeres abortamos igual, abortamos no sólo un embarazo no buscado, sino que abortamos esta sociedad heteropatriarcal que intenta disciplinar nuestros cuerpos, nuestro goce y nuestras decisiones.

No nos quedamos más calladas, estamos sacando del closet la palabra aborto desde nuestros pañuelos verdes como señal de que estamos juntas, dejando de tener miedo de nombrar algo que siempre existió, reivindicando a las mujeres, como Ana María Acevedo, que hoy no pueden estar acá contando su historia.

Por ello, diputados y diputadas: hoy estamos acá para ganar una lucha que venimos peleando en las calles y en las camas, desde la palabra, desde la acción y ustedes tienen la oportunidad de convertir el "ni una menos" en realidad porque "Las cosas no son así, las cosas están así", y nosotras vamos a cambiarlo, porque "el tiempo de la revolución es ahora".

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