Manual de Dudas

Vengo de una historia de militancia política, donde el motor esencial fue, y aún es, construir una sociedad justa. Vengo de perseguir utopías que son el motor de la vida de muchos, diría, de muchísimos militantes populares.

Opinión 02 de enero de 2024 Antonio M. Yapur*
dudas

YAPUR

Escribe Antonio Miguel Yapur*

“De una comarca de la América española a otra varían las cosas, varía el
paisaje, pero casi no varía el hombre. 
Y el sujeto de la historia es, ante todo, el hombre. 
La economía, la política, la religión, son formas de la realidad humana.
Su historia es, en una esencia humana, la historia del hombre.”

José Carlos MARIÁTEGUI, Temas de Nuestra América.

Vengo de una historia de militancia política, donde el motor esencial fue, y aún es, construir una sociedad justa. Vengo de perseguir utopías que son el motor de la vida de muchos, diría, de muchísimos militantes populares.

Vengo de darme cuenta de errores que hemos cometido en nuestro período histórico y que aún cometemos en este devenir cotidiano.

Vengo de ser un militante popular, pero con carencias en la vocación de poder.

Vengo queriendo combatir a un sistema de vida, el capitalismo, y siento que solo es casi eso: combatir el capitalismo, sin la perspectiva de preguntarme a cambio de qué.

Y este sendero, que no es desesperanzador sino que está lleno de energías hacia aquel horizonte en el que nuestras sociedades sean más equitativas y solidarias, aquí es donde pretendo detenerme y hacer preguntas, y proponer dudas.

Podrán decir que es un mero punto de vista individual. Sí, y no. Esas dudas que expongo y comparto son para continuar un debate necesario en la construcción de un proyecto colectivo, por eso intento sembrarlos a ustedes de dudas e invitarlos a caminar con ellas, a encontrar y hacer caminos.

Mi expresión es para afirmar un sentimiento, una trayectoria que no es individual, pero que aún hoy tampoco es colectiva.

Los sectores populares hemos abierto nuestras auras para que las ideas del capitalismo actual nos penetren susceptiblemente, y esta no es la primera vez en la historia de la humanidad en que esa brecha es rellenada con las certezas del dominador.

Viene, desde muy lejos, de verdades, incógnitas, disquisiciones y especulaciones de los antiguos griegos. Hemos organizado nuestra convivencia desde hace siglos con un cuerpo jurídico que proviene del imperio romano. Y moralmente, por muy secularizados que estén los valores que animan a nuestro ordenamiento humanitario y civil, estamos entroncados en un eje cristiano.

Se ha construido un proyecto del cual aún muchos están orgullosos, que es el de la Modernidad; desde el siglo XVII hemos entronizado la razón como único instrumento idóneo para explicar la realidad y desde la Ilustración identificamos los valores de humanismo, igualdad y libertad como principios políticos de referencia.

Y en estos últimos doscientos años, hemos desarrollado extraordinariamente el conocimiento científico y tecnológico. Tal es así que somos incapaces de concebir una idea de progreso que no sea estrictamente lineal. Pensamos que sumar 1 + 1 siempre es dos.

Me refiero a que progresar en nuestra cultura occidentalista es solo avanzar, es crecer y sumar algebraicamente. En economía, por ejemplo, decimos que es aumentar el PBI.

El bienestar está asociado casi exclusivamente a la cantidad de dinero de que se dispone. El sistema capitalista convenció a nuestros dirigentes políticos de que el crecimiento económico es una entidad maravillosamente virtuosa, aun cuando ella misma sumerja en la miseria a una gran cantidad de familias.

También desde el mismo campo nacional y popular, nos convencen de que la distribución de la riqueza es intentar equiparar el poder de consumo de las familias y puso en desventaja al debate acerca de cómo y quiénes se apropiaban de las tierras y de los medios de producción.

Excepcionalmente, solo algunos dirigentes políticos tienen una mirada estratégica acerca de un modelo no capitalista de sociedad. La gran mayoría está cooptada por la estrategia del capitalismo, que consiste en apaciguar las urgencias que él impone.

BIENESTAR

En el 2001, todo esto sucedió y mucho más. El 'que se vayan todos' fue una consigna tallada desde las usinas ideológicas y comunicacionales del poder económico, cooptada por sectores populares que creían y aún creen que los problemas de nuestros países son la política, la corrupción y la seguridad. Balas que se disparan para oscurecer el debate (nuevamente) acerca de la propiedad de la tierra y de los medios de producción.

Actualmente, el capitalismo sigue poniendo en discusión estas falsas contradicciones. Milei es la expresión más pura de ello. El concepto de 'casta' es ideológicamente el mismo punto de vista del 'que se vayan todos'.

Así, hoy solo queda yo (ayer Videla), el elegido, el que va a balcanizar al país para poder apropiarse mejor de los corazones y las riquezas, y eso lo expresó de esta manera: 'quienes quieren debatir el DNU, es porque están esperando una coima'.

En tanto, un sector del peronismo se limitó a resolver tácticas electorales sin proyectos estratégicos de país, y los que somos aliados en los frentes hegemonizados por ellos nos hemos adaptado a ese estilo de militancia política.

Aceptamos votar a un dirigente de derecha para que no gobierne la ultraderecha (o... ¿aceptamos votar a un dirigente de derecha para que nos gobierne la ultraderecha?) o toleramos como propio a gobernadores sojeros y portuarios como Perotti (solo para referenciarnos en la provincia de Santa Fe).

Y al final, las elecciones no las ganó ningún sector popular. Solo hubo un cambio de administración; los intereses portuarios, del contrabando, del narcotráfico, de los pool de siembra, usan a los gobernantes como gerentes de sus intereses y nosotros solo los votamos.

No entendemos o no queremos entender que en esta etapa actual, los sectores populares, es decir, nosotros: peronistas, comunistas, cristianos, radicales, socialistas, ecologistas, colectivos sociales y culturales, no somos capaces de construir otro proyecto de país que nos enamore y que seduzca a nuestros compañeros de la vida cotidiana. Sí, a aquellos con los que compartimos las tristezas y las alegrías, las miserias y las buenaventuras.

Observemos a los empresarios del poder, fundamentalmente a los 12 o 13 empresarios que monopolizan los alimentos en el país, y ahí veremos hacia dónde se dirige el vector de riqueza.

Como ejemplo, para el capitalismo, la pobreza es una necesidad imperiosa. Sin pobres, el capitalismo no tiene razón de ser.

Ser pobre no significa solo el reduccionismo al magro ingreso monetario en una familia.

¿Y los derechos? ¿Son parte de una lucha colectiva que apunta a mejorar la calidad de vida no solo humana sino del planeta? En particular, los derechos colectivos y ambientales.

¿Y los derechos individuales?

Constituye todo un debate que debe hacerse con mucha precisión y definir las categorías entre derechos individuales y colectivos.

El derecho individual puede transformarse en individualista cuando está reñido con los derechos colectivos. El capitalismo necesita del autoritarismo y del individualismo para sostenerse.

Por eso, hábilmente promociona los derechos individuales y los categoriza como prioritarios en relación con los del colectivo social porque los vincula como una libertad de concepto abstracto, pero de acción concreta. Una única libertad, la del capital, la libertad de consumo, la libertad de apropiarse de la plusvalía.

Los valores occidentales basados en la cultura grecorromana han redundado en esta etapa del capitalismo en una atomización del poder. Los conceptos de libertad, democracia, justicia, son meras aplicaciones para lograr la impunidad de los poderosos.

El capitalismo, en su etapa neoliberal, ha ganado una batalla política, económica y cultural convenciendo a los pueblos de que la democracia occidental, tal como ellos la conciben, es el sacrosanto lugar que no se puede cuestionar.

ECONOMÍA

En esta democracia occidental, pueden gobernar cómodamente los totalitarios. Sí, sí, no se asombren. Aquellos que antes solo accedían a los gobiernos por medio de golpes de Estado u otro tipo de violencia y se apropiaban del gobierno, de las libertades y los derechos populares, ahora lo hacen en este formato de democracia.

Esta democracia occidental gobernó y gobierna en toda Latinoamérica y no solo en el continente, sino en todo el mundo occidentalista.

En Europa, los totalitarios gobiernan en Francia, Italia, Suiza, Países Bajos y promueven la hipócrita guerra de Ucrania contra Rusia. En Medio Oriente, bajo el pretexto de ser un gobierno democrático, Israel, gobernada por el sionismo, asesinó en dos meses a 20,258 palestinos y además, mata o calla a los propios en disidencia.

Y esta democracia tiene aún más historia y desmemoria, llevó a Hitler al poder y lo legitimó como un gobierno electo.

Debemos abrirnos a otros sistemas de vida o redefinir el significado de la democracia o emplear definiciones propias de convivencia y sociedad. Ya Mariátegui lo venía advirtiendo para nuestra América Latina.

Los chinos conciben al ser humano inserto dentro de un orden jerárquico que comienza en la familia, ésta a su vez se halla inserta en el clan, que es la prefiguración del Estado.

Otra pregunta entonces sería cómo concebimos al ser humano, o lo seguiremos pensando solo con los valores humanistas de la cultura cartesiana grecorromana.

¿Hemos hablado con nuestros pueblos originarios acerca de cuáles son sus concepciones sobre la libertad, la democracia, la propiedad, los derechos o acerca del rol del humano en el Universo?

¿O solo concebimos que los descendientes de inmigrantes de países europeos o pro occidentales somos los únicos que tenemos derechos inalienables acerca de estos y otros valores?

En fin, estos son solo algunos aspectos que a mi entender son necesarios para tener en cuenta en cualquier construcción social de carácter popular en Latinoamérica. Por ello mencioné la vocación de poder, la distribución de la riqueza, la necesidad de pensar acerca de la propiedad de la tierra y de los medios de producción, del uso equilibrado de las riquezas, acerca de la pobreza, la democracia, la libertad, los derechos.

Estos y otros son aspectos que ya no podemos seguir avalando tal como lo proponen desde las usinas del capitalismo hegemónico occidental.

El capitalismo, que tiene la iniciativa, supo conquistar no solo la economía del mundo, sino también los corazones humanos.

Hace años, Microsoft se preguntaba cómo conquistar los mercados orientales, especialmente el chino, y ahí se encontró con un obstáculo: la simbología china no era secuencial, ni analógica, ni digital y tuvieron que estudiar cómo producir tecnología para ese mercado. Aprendieron que la tecnología debía incorporar a las emociones humanas.

Ese aprendizaje fue sumamente importante para conquistar tecnológicamente los corazones de los occidentales y también sus gobiernos a través de estas democracias, también occidentales.

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*La base de este escrito fue elaborado para la jornada de debate organizada por el Partido Comunista Comité Zonal Santa Fe el 28/12/23. Como panelista invitado.

PANEL DEBATE

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