La Patria amnésica

Opinión 09 de octubre de 2019 Por
Las usinas ideológicas del nuevo capitalismo promovieron el “del fin de la historia” que proponía impulsar el olvido de las conquistas sociales, populares, de derechos humanos y ambientales, todo ello bajo el precepto simbólico y único de globalización.
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Foto: Raising the Flag on Iwo Jima/ Joe Rosenthal / Wikimedia Commons/ Public Domain

turcoPor Antonio Miguel Yapur*

Desde hace unas cuantas décadas, prácticamente desde las post dictaduras cívico militares en casi toda América se observa cómo los sentimientos de nacionalidad, de pertenencia territorial, de patria, soberanía y liberación vienen siendo golpeados simbólicamente en el seno de nuestras sociedades.

En los tiempos posteriores y de irrupción neoliberal furiosa, las democracias fueron utilizadas para impulsar y transformar a algunos gobiernos en administradores de la expropiación de las riquezas naturales.

Presenciamos una fiesta consensuada de privatizaciones en empresas y servicios estatales acompañadas con salmos y loas de una profecía simbólica donde simultáneamente se permutaban conceptos de libertad colectiva por los del albedrío individual.

El bombardeo simbólico se basó en las ideas elaboradas por las usinas ideológicas del nuevo capitalismo.

El concepto eje fue el “del fin de la historia” que proponía impulsar el olvido de las conquistas sociales, populares, de derechos humanos y ambientales, todo ello bajo el precepto simbólico y único de globalización.

El mundo no debía tener historia para poder colapsar el futuro y la esperanza.

Esta batalla planteada por el neoliberalismo en su conquista de mercados propone aún hoy que los límites nacionales ya no existen y que el concepto de país, de identidad nacional, cultural, económica y social no son categorías que deban seguir existiendo.

El aparato ideológico que se encuentra en sus manos y bajo su dominio gestó entonces una campaña para endemoniar y detractar esos sentimientos arraigados en nuestros pueblos.

En esas épocas aún presentes, el pecado era y es defender las soberanías, los nacionalismos y alentar la liberación. Y quienes osan, son reprimidos y acusados de arcaicos y los silencian quitándolos del medio.

Presenciamos una fiesta consensuada de privatizaciones en empresas y servicios estatales acompañadas con salmos y loas de una profecía simbólica donde simultáneamente se permutaban conceptos de libertad colectiva por los del albedrío individual.

Las ejecuciones con las armas o con las dictaduras de antaño son en principio reemplazadas por el avasallamiento de la máquina ideológica neoliberal: los medios masivos de comunicación e información monopolizados por ese pequeño grupo de poder.

Esta concepción, está extendida en toda nuestra América, especialmente en nuestros pueblos y países al sur de Estados Unidos.

El aparato mediático es un arma de guerra del poder económico y político liderado por EE.UU. y la Unión Europea.

Mientras nos bombardeaban simbólicamente se apropiaban de nuestras riquezas.

El surgimiento de los gobiernos populares en muchos de nuestros países demostró a esos poderosos que su misión no estaba terminada y que aún existe un peligro latente; los corazones latinoamericanos aún no tienen resignado el sentido de dignidad y libertad.

Por ello, hoy ya no sirve solo la disputa y agresión simbólica, mediática e ideológica y deben resucitar la embestida a través de la represión física como en antaño, necesitan acompañar el esquema de dominación con la liquidación de los portadores de esperanza y libertad.

El capitalismo financiero internacional tiene centros de agresión liderados por un poder omnipresente que son los servicios de inteligencia como la CIA, Mossad y los de otros países europeos.

Dentro de sus propios territorios conquistan a través de herramientas simbólicas mediáticas pero además se sirven de instrumentos multiprópósitos.

En EE.UU., en el 2011 más de uno de cada 10 estadounidenses mayores de 12 años toma antidepresivos, es una clase de fármacos que se ha vuelto ampliamente popular en las últimas décadas. Estos antidepresivos fueron el tercer tipo de medicamento más comúnmente usado por los estadounidenses de todas las edades entre el 2005 y el 2008, y los más empleados por las personas de 18 a 44 años.

El uso de antidepresivos en Estados Unidos se disparó casi un 400 por ciento en el mismo período evaluado y comparado con el lapso 1988-1994. Las edades eran para mayores de 12 años.

Es una de las maneras de originar humanos aptos para el sistema capitalista. Es el factor químico utilizado como otra forma de agredir la libertad del ser humano, de someterlo, de hacer que tolere dócilmente las políticas neo-liberales.

Aunque el “primer mundo” norteamericano y buena parte del europeo está cimentado con el consumo de fármacos antidepresivos y otras drogas para controlar a buena parte de la población, no economizan esfuerzos cuando deben usar la violencia para reprimir cualquier atisbo de lucha interna contra los avances neoliberales tal como sucedió en Francia, Grecia o España.

El “del fin de la historia” proponía impulsar el olvido de las conquistas sociales, populares, de derechos humanos y ambientales, todo ello bajo el precepto simbólico y único de la globalización.

Mientras tanto en América Latina, en nuestra América, quiere ser consolidada por el poder norteamericano como el histórico patio trasero que les asegure disponer sobre sus reservas naturales, aquí los procedimientos no siempre son tan sutiles.

La frescura de la represión hoy la padece el pueblo de Ecuador. Allí están amaneciendo con estado de sitio para reprimir las manifestaciones populares y el ejército está siendo utilizado para obtener la “paz”.

“Con el fin de precautelar la seguridad ciudadana y evitar el caos, he dispuesto el estado de excepción a nivel nacional", dijo Lenín Moreno el presidente constitucional de Ecuador mientras agradecía a la policía y a las Fuerzas Armadas por mantener el “orden y la paz social”.

En Brasil se convive con un gobierno electo tras un fraude judicial y electoral. Jair Bolsonaro es la expresión mas evidente de la utilización del sufragio para la instalación de un gobierno de corte fascista y autoritario, violador de cualquier derecho ciudadano.

Venezuela desde hace más de una década, viene siendo agredida por EE.UU. y actualmente le prepararon una farsa de gobierno paralelo, le robaron todos los fondos depositados en bancos norteamericanos para financiar al gobierno títere y a las milicias paramilitares y mercenarias en la frontera con Colombia. A su vez le instalaron un cerco marítimo para evitar que los barcos petroleros puedan navegar hacia sus diferentes compradores del mundo e impiden el ingreso de medicamentos, insumos y alimentos necesarios para el desarrollo de la vida de sus habitantes.

Cuba resiste por más de 50 años. Sigue siendo bloqueada económicamente por el imperio norteamericano, a pesar de ello tanto los gobiernos venezolanos y cubanos afirman públicamente su decisión de sostener la libertad y dignidad “ambos pueblos y gobiernos no se rinden ante las amenazas del imperio” declararon juntos en las Naciones Unidas.

Podría describir las luchas de los pueblos de Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Bolivia, México, Colombia como otros ejemplos de resistencias al combate contra el imperio.

Ello nos hace urgir la necesidad de ir vinculándolas pues es necesario derrotar la intromisión imperial y consolidar gobiernos populares que nos permitan estructurar un gran bloque de poder que en algún momento dimos en llamar la Patria Grande.

Está extremadamente claro que al poder imperial no le interesa la democracia, sólo la utiliza para instaurar gobiernos autoritarios con una legitimación electoral.

El poder imperial necesita de administradores y no de gobiernos autónomos tal como está sucediendo en nuestro país Argentina con un presidente títere que aplica a través de decretos presidenciales normas que traicionan las más caras tradiciones de independencia y soberanía.

La Patria Grande la estamos construyendo en cada país, en cada pueblo. Al imperio no sólo hay que derrotarlo, sino que es necesario además sacarle su base económica, política e ideológica.

Es necesario construir un Nunca Más.

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*Ingeniero - Ex docente universitario / HoraCero

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