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El triunfo electoral es necesario pero no suficiente

La batalla post electoral será lo significativo del nuevo gobierno, con claro eje político y económico que restaure el eje de libertad y democracia, pero por sobre todo que quiebre las bases económicas y culturales del neoliberalismo en nuestro país.

Opinión 21 de octubre de 2019 Antonio Miguel Yapur*
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Alberto Fernández y los desafíos del nuevo gobierno

turcoPor Antonio Miguel Yapur*

El monigote neoliberal argentino será derrotado electoralmente, eso es casi un hecho verdadero. 

Es ineludible aclarar que no implica la derrota del neoliberalismo en la Argentina

Es simplemente un paso necesario pero no suficiente. 

La batalla post electoral será lo significativo, tendrá un eje político y económico, el de recuperar las misérrimas condiciones de vida materiales de la mayoría del pueblo, deberá restaurar el eje de libertad y democracia, pero por sobre todo, tendrá que quebrar las bases económicas y culturales del neoliberalismo en nuestro país.

Esa no es poca cosa, es una tarea ardua, constante y permanente y no será la exclusiva obra de un gobierno, él solo no podrá, deberá apoyarse en nosotros para que sea una misión de todos, incluyendo a las organizaciones populares.

El neoliberalismo no se va si no es derrotado política, social, económica y culturalmente.

También para ello, muchas organizaciones y partidos populares deberán meditar y reflexionar hacia dónde aportan con sus paradigmas y que hacen con algunos prejuicios que ellos suelen enmarcarlos en la palabra “populismo”.

Como así también, es necesario pensar que ser de un partido político popular no es un valor absoluto que lo autorice para hegemonizar una política nacional, independiente y liberadora de cualquier intromisión imperial. 

Se necesita de una organización popular inclusiva, amplia pero con objetivos claros de apropiación material y simbólica anti-neoliberal.

Es necesario construir esa acumulación política que le mine esas bases materiales e ideológicas al capitalismo neoliberal.

Apelar solo a la justicia sería un error político, pues la estructura judicial tal como se encuentra en la actualidad no es proveedora de justicia y mucho menos de justicia popular. En el último gobierno popular hicimos una vasta experiencia en la espera de fallos judiciales, esa respetuosidad que hemos tenido, a veces rozó con la ingenuidad.

El futuro gobierno electo tendrá que pensar y tomar decisiones políticas en muchos aspectos de la vida social

Deberá saber qué hacer con los monopolios de la alimentación en toda su cadena, desde la producción hasta el destino final de adquisición por los ciudadanos. En ello deberá resolver una dicotomía esencial; los alimentos son una inversión financiera o son derechos imprescindibles del conjunto social. 

Deberá saber qué hacer con la contaminación ambiental provocada por empresas como Monsanto, Bayer con el glifosato y otros agrotóxicos que sostienen una producción agrícola de monocultivo envenenado. Ello conlleva la resignifición acerca del sentido común que se tiene del campo y de los campesinos, pues una buena parte de aquellos que no son terratenientes, sus tierras son sólo posesiones rentadas a  las multinacionales agroexportadoras para que fuguen riquezas y divisas. Mientras miles de pequeños campesinos y productores de alimentos son sometidos a destajo.

Deberá saber qué hacer con la salud pública entendida como tal y no únicamente como atención a la enfermedad. 

Deberá saber qué hacer con la educación pública y cuáles serán los valores en los que se construirán los futuros ciudadanos de nuestro país. 

Deberá saber qué hacer con los monopolios mediáticos concentrados en el grupo Clarín y La Nación. Ellos han promovido los decretos de necesidad y urgencia que derogaron de hecho la ley de medios consensuada y promulgada democráticamente. Un decreto reemplazó a una ley (así accionaban las dictaduras históricas que tuvimos).

Deberá saber qué hacer con la apropiación de Telecom por el grupo Clarín. Es una decisión esencial para la soberanía y la libertad de expresión en nuestro país. Este monopolio mediático no solo miente sino que desinforma y silencia la vida de las organizaciones sociales no afines a sus intereses políticos y económicos. 

Deberá saber que hacer con los presos políticos donde Milagro Sala es la síntesis del conjunto de presos argentinos. 

Deberá saber qué hacer con las apropiaciones territoriales que han hecho empresarios y empresas como el conocido amigo presidencial Lewis y otros, donde el robo de los territorios nacionales se asemejan en demasía a las apropiaciones hechas por los asesinos del desierto como Roca, Mitre y Sarmiento.

Deberá saber que hacer con la ley de entidades financieras que aún es una ley de la última dictadura cívico militar y en la cual Martínez de Hoz la promulgó por decreto legitimando el predominio del capital financiero multinacional e hizo desaparecer al movimiento cooperativo de crédito.

Por supuesto que es una enumeración extremadamente incompleta, pero vale para mostrar la tarea ardua que hay que enfrentar. 

Ganar el 27 de octubre es sólo la etapa previa a un inicio el 10 de diciembre

También es necesario saber que el futuro que hay que enfrentar no es deber único de un gobierno, aunque sí él tendrá la responsabilidad principal. El futuro será de disputa permanente de poder donde las organizaciones sociales deberán jugar un rol protagónico, organizador y movilizador. 

Están en disputa dos proyectos de país, el actual, privatista, individualista cuya política es la antipolítica y su eje es poner al aparato del Estado argentino al servicio del pequeño grupo de  empresarios. Es el proyecto capitalista neoliberal.

El otro proyecto es el que solemos llamar nacional y popular donde nuestra pretensión debe ser lograr un bienestar no solo económico sino cultural, político, educativo, social donde prime la construcción de una sociedad solidaria, participativa y de derechos. 

Es la brega por un país donde el sentido común no sea el de obtener la salvación individual, no sea el sentido del “a mi nadie me ayuda”,  sino saber que mis alegrías, mis tristezas y mis logros individuales son parte de un colectivo social y donde el Estado somos nosotros que lo erigimos entre y para todos. 

En la sociedad actual, la neoliberal, el valor central es el imaginario de acumular riquezas individuales como principal proyecto de futuro, su distopía es un mundo donde el otro es peligroso y no confiable. Dónde la habilidad primordial es la lucidez con que hago una ganga a pesar del otro y mi seguridad es llenarme de rejas para que nadie entre.

El sentido común que debemos cambiar es justamente ése, el otro es mi hermano, en él puedo confiar porque con él construimos nuestro bienestar. Con el otro me siento afianzado, no necesito de la seguridad que me vigila a través de las cámaras, con el otro me siento en la vereda a tomar mates y disfrutar del ocio. 

En esa disputa de poder, existe una impostergable necesidad de meditar una nueva Constitución Nacional en todo su sentido. Y digo nueva pues debemos repensarla para estos paradigmas. Cuáles serán las herramientas constitucionales que garanticen derechos y garantías tales como que el agua es para todos y no de unos dueños, la tierra es de todos, sólo la delegamos temporalmente, la libertad no es un privilegio, es un derecho y así cada aspecto de nuestra vida cotidiana debe estar contemplada en esa Nueva Constitución.

Debemos crear un sentido común diferente al neoliberal. Debemos crear nuevos paradigmas. Al decir de  Alvaro García Linera en las  jornadas del Foro Mundial del Pensamiento Crítico:

“A diferencia de los años ’80, cuando el neoliberalismo encarnaba en cierto modo una esperanza, ahora estamos ante un neoliberalismo que sólo moviliza odios y resentimientos. El odio al pobre, al sindicato, a la mujer liberada, al trabajador alzado. Implica un rechazo emotivo de corto plazo. Este nuevo neoliberalismo tiene dos límites intrínsecos: está fosilizado y es en sí mismo contradictorio. Fosilizado, porque está repitiendo viejas recetas que ya fracasaron en el continente. Y es contradictorio porque mientras impulsa ciertas ideas para nuestra región en Estados Unidos los neoliberales cierran sus fronteras y se ponen proteccionistas. El combustible neoliberal, en definitiva, se ha agotado. Lo que tenemos ahora es neoliberalismo zombie” 

Es una propuesta para un marco de sociedad nueva, una sociedad diferente a la capitalista neoliberal. Es un desafío no solo electoral, es una nueva utopía, es una decisión de transitar entre todos un nuevo imaginario humano.

Al decir del cantautor cubano Raúl Torres Candil, “Libertad es tener el valor de decir y publicar esto donde quiera, sin temor a la manipulación de muchos ignorantes que apuestan por un mundo neoliberal sin sospechar que a lo mucho terminarán siendo camareros serviles del imperio. Libertad en Cuba… no es tener tanto dinero para comprarte el mundo… Sino saber que es tuyo sin gastarte un kilo.

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*Ingeniero - Ex Docente universitario / HoraCero

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