América Latina ¿en llamas? o las Lumbres de América Latina

Opinión 11 de noviembre de 2019 Por
Bolivia es el ejemplo más claro que identifica de dónde provienen los violentos. La ultraderecha boliviana financiada y armada por la embajada estadounidense al no poder acceder al gobierno por las vías democráticas y electorales lo está haciendo a través de hordas fascistas.
ECUADOR
Manifestación en Madrid de apoyo a América Latina

turcoPor Antonio Miguel Yapur*

En los años 60 del siglo pasado, se comenzó a vislumbrar una vocación de rebeldía y de cambios en toda nuestra América, esencialmente desde México hacia el Sur.

Aunque en el norte, en los Estados Unidos de América, esos vientos también soplaron con una vitalidad contracultural y antisistema. Se congregaron movimientos por los derechos civiles, en contra de la guerra del Vietnam, en oposición a la guerra nuclear, por la paz, feministas, hippies, por los derechos de los negros. El país del norte no estaba exento de los aires renovadores y hasta algunos anticapitalistas.

La ultraderecha conservadora de ese país utilizó su histórica regla de resolver este tipo situaciones con asesinatos y exterminios, tales como la liquidación histórica de presidentes, etnias originarias y de dirigentes políticos y sociales. Ellos intentan disciplinar con el terror oficial o de organizaciones paraoficiales como el Ku Klux Klan.

En esos años 60 no fueron innovadores y así liquidaron a Martin Luther King, Malcolm X o encarcelaban con juicios fraudulentos. Repitieron y repiten. Matan tal como lo hicieron con la ejecución en la silla eléctrica del matrimonio Rosenberg.

Es muy vasto y consecuente el accionar del poder fáctico de EE. UU. para eliminar a sus enemigos internos y aún son infinitamente más agresivos con los pueblos y países fuera de sus fronteras.

En la actualidad podemos decir que innovaron y agregaron sofisticados métodos químicos y mediáticos para suprimir la resistencia interna del pueblo norteamericano a sus políticas mercenarias de poder.

Dicho esto, el proyecto de EE. UU. no era ni es solo apagar la llama de su rebelión interna, sino además la de los pueblos americanos. Es la estrategia del exterminio desde sus fronteras hacia el sur del continente para apropiarse de las riquezas y el bienestar de los pueblos.

No tolera resistencias a sus políticas de poder. Eso lo viene haciendo desde hace más de dos siglos. Es irracional e inhumana la violencia que ejerce cuando un pueblo resiste.

Podemos dar un rosario de agresiones, pero como ayuda memoria solo basta recordar cuando el 28 de diciembre de 1831, la corbeta estadounidense USS Lexington que enarbolaba una bandera francesa como estrategia pirata, arribó al Puerto Soledad en las Islas Malvinas, lo atacó y mientras arriaba la insignia francesa e izaba la norteamericana, desembarcó con un contingente militar y destruyó el asentamiento, tomando prisioneros a la mayoría de sus habitantes.

Nuestros pueblos son la historia viva de la agresión yanqui, de su intolerancia a los gobiernos populares, a la injerencia en las políticas internas de nuestros países.

Cuba aún hoy, sigue siendo el ejemplo a ultranza de esta intromisión y agresión. Ya lleva casi 60 años de bloqueo económico, comercial y financiero. Esa isla, supuestamente insignificante, es el símbolo de dignidad y resistencia a la agresión imperial del poder norteamericano.

El imperio sigue envalentonado después de la derrota al campo socialista que encabezaba la Unión Soviética, parece no poder percibir que el mundo ha cambiado en estos años, que hoy la presencia de China, Rusia, Irán, India, accionan poderosamente en contra de su hegemonía.

Pequeños países como Irán les presentan combate no solo armamentístico sino también ideológico y económico.

Algo similar está sucediendo en nuestra América Latina. El modo de vida norteamericano está haciendo agua en todos lados. Y hoy además se cae el modelo favorito del imperio en América Latina: Chile.

Chile aparecía como el paraíso neoliberal que debían adoptar no los países latinoamericanos y casi todos los países del mundo.

Al decir de Nicolás Liberde Llanka, escritor y militante chileno “El presidente Salvador Allende cae en 1973 por los dictámenes de la Casa Blanca y la oligarquía servil. El imperialismo norteamericano no podía perdonar la nacionalización del cobre, ni que los trabajadores de Chile pudiesen abandonar su condición de esclavitud asalariada...”.

Agrega, “los $30 pesos de alza en el Metro de Santiago que desencadenó el estallido social no fue otra cosa que una olla a presión incapaz de resistir tanta injusticia y abuso arrastrado por décadas. El país se sumió en una paulatina degradación donde la clase política afín al modelo neoliberal hizo oídos sordos a las urgentes necesidades y rabia acumulada en la población”.

Luego de describir las innumerables razones del hastío del pueblo chileno, dice: “fueron causas que se sumaron hacia el detonante y que hoy tiene a todo un pueblo en las calles exigiendo eliminar la espuria Constitución impuesta a sangre y fuego por la oligarquía criolla servil condescendiente con el capital trasnacional”.

Es claro que el pueblo chileno en la calle no solo está dando una acción reivindicativa sino sustancialmente política.

Con similar claridad podemos hablar del pueblo ecuatoriano que mantiene la lucha en contra del plan económico propuesto por el FMI. En Ecuador fue necesaria una traición política a su pueblo para facilitar la injerencia extranjera. Lenín Moreno se desdijo no sólo en palabras sino también en hechos de todas las propuestas electorales y tuvo que encarcelar a su vicepresidente y perseguir a un ex presidente electo, Rafael Correa. Traición y represión; las estrategias imperiales. Aún así el pueblo está movilizado con propuestas políticas de libertad y soberanía. Aquí también la lucha es política además de reivindicativa.

Haití es el ejemplo del exterminio norteamericano hacia un pueblo. Más de 42 muertos es el costo que está pagando el pueblo haitiano por su libertad y liberación. Estados Unidos está haciendo de gendarme contra ese pueblo con hambre, sin trabajo, ni salud, ni educación y mucho menos derechos civiles. No obstante la resistencia está presente cada día en las calles de Puerto Príncipe.

Venezuela sigue siendo el objeto principal de la agresión y de la intolerancia yanqui. Así cómo Cuba, está asediada económica, financiera y comercialmente. El fascistoide norteamericano repite sus métodos históricos de agresión y exterminio. El gobierno y el pueblo venezolano le están dando resistencia y profundizando las políticas populares.

Bolivia es el ejemplo más claro que identifica de dónde provienen los violentos. La ultraderecha boliviana financiada y armada por la embajada estadounidense al no poder acceder al gobierno por las vías democráticas y electorales lo está haciendo a través de hordas fascistas armadas por EE. UU. a través del puerto chileno de Iquique.

Evo Morales, es el legítimo y legal presidente boliviano pero ínfimos sectores violentos no lo reconocen, es un identikit de lo que el poder norteamericano hizo y hace en cada país de América Latina.

Honduras fue el inicio de esta nueva avanzada denominada Plan Cóndor II cuando impulsó el golpe de Estado en el país centroamericano. Luego le siguió Paraguay con la idéntica destitución incostitucional de Lugo y así fue avanzando en otros países con sus dirigentes y gobiernos populares. Dilma Roussef y Lula en Brasil, Cristina Fernández, Milagro Sala entre otros en Argentina, la cárcel, las destituciones inconstitucionales, las persecuciones y los asesinatos son las marcas del agresor neoliberal.

Pero la muerte no es la rectora de los pueblos, sino que lo es la lumbre de la esperanza. La resistencia y la libertad en nuestros países no ha sido pisoteada por el gendarme neoliberal.

El triunfo electoral de Alberto Fernández en Argentina es el producto no solo de una unidad electoral, sino la concreción de un proceso de acuerdos para derrotar a una derecha ultramontana encarnada en Macri y su expresión política Cambiemos.

El eje político y social latinoamericano que se está construyendo y que lo podemos identificar con el encuentro de Fernández y AMLO en México, se está fortaleciendo en todos nuestros países, un esencial indicio es el II Encuentro del Grupo de Puebla que se realizó en Buenos Aires.

Para el Grupo de Puebla, "el neoliberalismo es el responsable de la falta de crecimiento y el aumento de la desigualdad", y critican que en la búsqueda del individualismo, se acentuó la concentración de la riqueza y el fracaso de atender los reclamos de las clases más populares y postergadas.

La libertad de Lula es el triunfo del combate de los pueblos de América, Lula ya no es Lula, es la síntesis de la lucha por la liberación de nuestra Patria Grande.

Sabemos que la pata del imperio es grande, pero nosotros los pueblos se la estamos haciendo pisar en la misma grieta que ellos construyeron para someternos.

La libertad y la liberación no pueden ser encarceladas ni manipuladas impunemente, es el ADN de los pueblos.

El imperio es violento, agresivo y asesino, tiene mercenarios en las oligarquías locales y gendarmes para imponer su designios, pero no podrá someter nuestra esperanza, nuestra dignidad y nuestra lucha, la de los pueblos.

Nuestro horizonte es el de una sociedad diversa, justa, libre, soberana para nuestra América.

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* El autor es Ingeniero, ex Docente Universitario - Escritor / HoraCero

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