Pigmentocracia, recursos naturales y golpe de Estado en Bolivia

Opinión 26 de noviembre de 2019 Por
El autor de esta columna de opinión menciona que durante 500 años una élite pigmentocrática, con odios ancestrales hacia los indios, produjo masacres de pueblos, en forma directa o mandándolos a morir por miles en las guerras del guano contra Chile o del petróleo contra Paraguay.
REPRESIÓN EN BOLIVIA - HoraCero
Represión en Bolivia - Ilustración utilizada en ese país para visibilizar la resistencia popular

image3398Por Ricardo Mascheroni*

En la presente columna de opinión trataremos de analizar la causas que derivaron en la interrupción del proceso democrático en el país hermano, dejando sentado que este hecho configura un verdadero golpe de Estado, a la vieja usanza, más allá de algunas opiniones interesadas e hipócritas que se esfuerzan por demostrar lo contrario.

Para comprender las circunstancias que encierran el mismo, debemos saber que en Bolivia, entre el 5% y el 10% de su población es blanca, el 65 % es india (quechuas y aimaras mayoritariamente) y el resto mestizos.
Históricamente la élite blanca se define como europea, habla inglés, francés o alemán, y disfrutaban y controlaban la mayoría de la riqueza del país, mientras el resto vivía en la pobreza más abyecta.

Durante 500 años esa élite pigmentocrática, con odios ancestrales hacia los indios, sistemáticamente produjo masacres de esos pueblos, en forma directa o mandándolos a morir por miles en las guerras del guano contra Chile o del petróleo contra Paraguay.

En esos lapsos de tiempo, la esclavitud, la mita y el yanaconazgo estuvieron a la orden del día, mientras los mandamases se llevaban las riquezas del país a manos llenas, y el grueso de los bolivianos padecían toda forma de vejaciones y privaciones.

Históricamente la élite blanca se define como europea, habla inglés, francés o alemán, y disfrutaban y controlaban la mayoría de la riqueza del país, mientras el resto vivía en la pobreza más abyecta.

En definitiva esas élites, apuntan a seguir manteniendo contra fuego y marea sus privilegios de clase y de sangre, pero sobre todo el manejo de los recursos naturales y estratégicos, actitudes que comparten con otras muchas regiones de América Latina y del mundo.

No están dispuestos a permitir que personas "inferiores" en la escala humana, de acuerdo a sus paradigmas e ideología, puedan determinar las políticas sociales, económicas y jurídicas de un país; menos que pongan en riesgo el derecho inalienable de propiedad en su alianza con las grandes corporaciones mundiales.

Con la asunción, por el voto popular, de Evo Morales a la presidencia de la República, se cambian las reglas de juego y comienza un proceso de reparación de esas injusticias nunca visto en ese país, que saca de la indigencia y pobreza a millones de bolivianos y pone en manos del pueblo, recursos naturales que eran patrimonio de una minoría, sin dejar de mencionar que pasó a ser el  país de mayor crecimiento de América.

Con esta novedosa manera de gestionar lo público, Morales se ganó el odio eterno de la élite pigmentocrática, que no perdona que los indios puedan estar en un plano de igualdad con ella, o que tengan derechos y poder de decisión.

En ese contexto nada es casual, el neoliberalismo y los cipayos a su servicio, no hacen concesiones para retener el poder, por las buenas o por las malas. Los golpes blandos con la complicidad de jueces y medios de comunicación, o duros con el ejército, siguen vigente bajo la consigna, a las mayorías populares ni justicia. Bolivia, Venezuela, Ecuador, y otros, son los escarmientos que se vienen para torcer el rumbo de la autodeterminación y soberanía de los pueblos.

Desde el mismo momento del ascenso de Evo al gobierno, se empezó a preparar el golpe, con la complicidad de la minoría blanca y las multinacionales. Solo había que encontrar el momento oportuno y después de varios intentos fallidos, un resultado electoral discutido y la complicidad de  la Organización de Estados Americanos (OEA), hizo sonar el clarín de a la carga y todas las garantías y derechos constitucionales, entre ellos la vida y la libertad fueron pisoteados como tantas  otras veces en la región.

A lo expuesto sumemos la situación de un mundo que se resquebraja, en el que EE.UU. ha perdido el carácter de potencia hegemónica y se repliega sobre su patio trasero, reflotando la política del garrote y de "América para los americanos", intentando poner una valla infranqueable a las aspiraciones de China y Rusia, con la complicidad de medios globales, algunas iglesias electrónicas y la confusión de la UE que cada día pierde protagonismo y se muestra impotente para resolver sus propios problemas internos.

"el neoliberalismo y los cipayos a su servicio, no hacen concesiones para retener el poder, por las buenas o por las malas"

Históricamente la caída de los imperios, que puede llevar décadas hasta su declinación definitiva, los hace volverse cada día más peligrosos y lo que creíamos que nunca más ocurriría, lamentablemente está ocurriendo nuevamente.

El pensamiento de muchos de los integrantes de esas élites, se puede resumir en lo que dijera el fundador de una de las familias que controlan el grueso del producto bruto interno (PBI) de Chile: "Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opinión ni como prestigio".

El golpe ha tenido como objetivos apropiarse de los recursos naturales (litio, gas y otros) y restaurar privilegios de casta, de sangre y de fortuna, lo demás es cuento. 

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*Ricardo Mascheroni:  Docente Universitario (Columnista de HoraCero)

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