Los negocios de Dios

Opinión 26 de noviembre de 2019 Por
En el pueblo era habitual ir todos los domingos a misa. Más que habitual era un “deber”, pues era el único momento en que Dios se dignaba a perdonar todos los pecados. Por lo menos así pregonaba y amenazaba la iglesia. La misa de 10 era la más popular en el pueblo, la que testimoniaba durante la semana que habías cumplido con el deber de ser fiel a Dios. 
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turcoAntonio Miguel Yapur*

En algún momento entre mi infancia y pre adolescencia he sido monaguillo de la iglesia católica. En mi pueblo natal no había más opciones que la de ser católico. Muchos árabes ortodoxos y de otras creencias, lograron sincretizarlas y resolver su vida espiritual en el catolicismo por ser los únicos templos a varios kilómetros de distancia.

Este ejercicio piadoso fue como consecuencia de una travesura que tuve a los 10 años, digamos como una acción purgadora de pecados. Todo fue cuando un domingo quise ser creativo con Dios y tuve que sufrir las consecuencias de tal atrevimiento.

En esas épocas la costumbre católica indicaba que se debía “pasar la comunión” a una edad determinada, que era aproximadamente la que yo tenía en el momento de ese acto creativo, pero con el detalle que aún no la “había pasado” y ni siquiera había ido a “catecismo”, la escuela ideológica de la iglesia.

En el pueblo era habitual ir todos los domingos a misa. Más que habitual era un “deber”, pues era el único momento en que Dios se dignaba a perdonar todos los pecados. Por lo menos así pregonaba y amenazaba la iglesia.

Entonces cada domingo íbamos en pandilla y vestidos de fiesta un grupo de amigos y vecinos jugueteando por las veredas del pueblo hasta llegar a la iglesia. Al subir por las escaleras del templo, nos calmábamos, arreglábamos los desórdenes en la ropa y entrabamos con devoción al templo.

Los domingos, la misa de 10 era la más popular en el pueblo, aunque no siempre la más devota pero sí la que testimoniaba durante la semana que habías cumplido con el deber de ser fiel a Dios

Todo el pueblo observaba y registraba en esa misa quien estaba presente y quien ausente.

Era esencialmente efectiva para la vida social del pueblo, tal es así que si te cruzabas durante la semana con algún vecino, seguramente el inicio de una conversación era “qué pasó que no te vi en misa el domingo” o sino “qué linda estuvo la misa el domingo”.

Ese día concurrí habitualmente con mis amigos a misa. Mientras íbamos caminando hacia la iglesia, nos reíamos, corríamos y empujábamos como de costumbre. Al entrar al templo nos sentábamos en la quinta fila de bancos, en la hilera derecha de la nave central de la iglesia. Nuestra estadía en la misa siempre era bastante caótica, en el sentido que no podíamos soportar tanto tiempo estar arrodillados o parados o sentados de acuerdo a la liturgia. 

El momento de menos incertidumbre y más comodidad era cuando el cura daba el sermón, pues debíamos estar sentados y simular que escuchábamos las palabras del sacerdote.

Mientras transcurría el resto de la misa, simulábamos devoción juntando las palmas de las manos y colocándolas en contra del pecho con la cabeza gacha en señal no solo de veneración sino de obediencia.

De pronto llegó el momento de tomar la comunión, ese acto era previamente consagrado por el sacerdote en el altar y luego se hacía una cola de fieles donde se le colocaba en la boca de cada comulgante una hostia.

"En mi pueblo natal no había más opciones que la de ser católico. Muchos árabes ortodoxos y de otras creencias, lograron sincretizarlas y resolver su vida espiritual en el catolicismo."

Para mí, no era ninguna novedad probar una hostia pues cuando iba a la escuela de las monjas del pueblo ellas nos daban de regalo los restos del corte de las mismas o sino, solíamos entrar en la sala donde las fabricaban y les robábamos algunas para comer.

Pero ese domingo mi acto de creatividad fue ponerme en la cola de los comulgantes y recibir la hostia consagrada por el cura. Mientras estaba esperando mi turno observaba que los concurrentes a misa me miraban sostenidamente, pero no le dí importancia, solo me mantuve fiel al acto de comulgar. Al llegar mi turno, el cura levanta una hostia, le hace la señal de la cruz, me mira, queda asombrado, dubitó durante un momento pero al final terminó dándome la comunión.

Eso fue luego un escándalo en todo el pueblo, con mis aproximados 10 años me transformé en un hereje por haber cometido el pecado de incorporar a mi ser “el cuerpo de Dios” sin haber estado consagrado para ello.

Recuerdo que mi pobre madre, una católica practicante, se llenó de vergüenza y se sintió culpable de mi herejía durante mucho tiempo. No fue así con mi padre que no era practicante y mucho menos con mis abuelos paternos. Mi padre se dedicó a consolar a mi mamá pero no reprimió mi “herejía”. Mis abuelos al enterarse de los hechos y al verme tan asustado me tomaron de la mano, me llevaron al patio trasero de la casa, mi abuela me subió a su falda y me acarició, en tanto mi abuelo preparó unas perdices asadas que había cazado el día anterior en el campo.

Uso este relato personal para poder decir algo acerca de la Fe, las Creencias y de sus relaciones con las estructuras de las iglesias.

Un gran amigo, profundamente católico, creyente y testigo de muchas horas de charlas y discusiones con él, una vez me dijo:

-Sabés Turco, Dios esta allá (y señalaba hacia el cielo) y nosotros los creyentes seamos católicos o no, estamos aquí, donde estamos vos y yo ahora (indicando con su mano hacia la tierra, el piso), y ¿sabés dónde están las iglesias y me refiero a cualquier tipo de estructura religiosa?

-No. Le respondí, medio asombrado pues no sabía por donde iba a desembocar su idea.

-En el medio, -me dijo- justo en el medio entre nosotros, los creyentes y Dios. Están ahí para interrumpir nuestra comunicación con Él.

Las religiones abrahámicas como el cristianismo, en casi toda su historia, fueron relatadas tempranamente por patriarcas, profetas que luego dieron origen a las estructuras religiosas que habitualmente conocemos como iglesias. Originariamente, las iglesias y templos solo eran lugares de resistencia, oración y comunicación con Dios y en la actualidad son estructuras de poder político, económico, cultural, ideológico y por último religioso.

Es harto sabido los roles de violencia humana e institucional que han ejercido las iglesias católicas, protestantes, luteranas, evangélicas durante la historia de la humanidad. La creencia promovida por esas estructuras religiosas fueron el argumento ideológico que llevaron a grandes masacres y exterminios en el planeta. 

Para que un ejemplo sirva de muestra, en nuestra América entre 1492 y 1650 se exterminaron alrededor de 60 millones de pobladores originarios. La Conquista de América fue un genocidio y las iglesias cristianas le dieron el soporte político, cultural, ideológico y material para esa matanza. Las historias de las iglesias están mas relacionadas a las conquistas de los poderosos que al desarrollo de la espiritualidad humana.

Hoy aparecen otras iglesias en las arenas de la cruzada de empresarios y empresas por lograr la hegemonía en el planeta. Usan los aparatos estatales con gobiernos laxos a ellos, servicios de inteligencias  afines a los intereses empresariales, ejércitos de mercenarios llamados “contratistas”, provocadores pagos que misionan para causar violencia colectiva, empresas comunicacionales que sustentan estas estrategias y otras formas de guerra empresarial.

"Las religiones abrahámicas como el cristianismo, en casi toda su historia, fueron relatadas tempranamente por patriarcas, profetas que luego dieron origen a las estructuras religiosas."

La no novedad de la actualidad es que tienen su sustento ideológico en una gran cantidad de iglesias pentecostales que son financiadas para sostener a través de una creencia en Dios los intereses de un grupo cada vez mas pequeño de empresas y empresarios multinacionales que dominan casi el 80 por ciento de las riquezas del planeta. 

Son las iglesias del neoliberalismo. La misión de estas iglesias es desvincular al ser humano de la construcción social colectiva, juanto a sus semejantes en pos de una bienaventuranza que vendrá. La escatología pentecostal se centra en el pronto regreso de Jesucristo a la tierra, conformado por dos momentos, el arrebatamiento de la Iglesia de Cristo y el regreso de Jesús después de la Gran Tribulación

¿En qué creen los miembros de las iglesias pentecostales?

Creen que pronto los cristianos (con estas iglesias) serán llevados al cielo en el “arrebatamiento de la iglesia por Jesucristo, siendo los verdaderos creyentes fieles arrebatados en un instante de la tierra, junto con los muertos en Cristo quienes resucitarán primero" (I Tes.4: 14-17; I Corintios 15:51,52). Creen que Cristo volverá siete años después de este hecho asombroso a la tierra por segunda vez, lo hará personal y visiblemente para reinar por mil años (II Tesalonicenses 1:7; Zacarías 14:4; Mateo 24:30; Apocalipsis 20:4,6). Y siguiente a esto habrá un juicio final para todos los que no fueron salvos (Apocalipsis 20:11-15)

Y por supuesto creen en el Diezmo para llevar adelante la obra de Dios. Es el dinero que aportan los creyentes para el sostenimiento económico de los sacerdotes, sacerdotizas, pastores y pastoras. Aunque su financiación también es sostenida por una estrategia de sometimiento a través de diferentes agencias de inteligencia.

Creen en el imperioso abandono del bienestar y los derechos en la vida cotidiana, en la necesidad de la salvación individual, en el sometimiento de la vida habitual a las promesas futuras de un paraíso celestial. 

Esa es la esencia de la apostasía del mundo prometido por el neoliberalismo.

No creen en una construcción social colectiva donde el otro es su igual. Sólo se juntan en un templo para adorar a una divinidad alejada de cualquier vinculación a la realidad. Al otro lo tienen en cuenta cuando es un otro disminuido en relación a ellos en su condición humana y solo es pasible de la caridad o de la muerte. El otro no es no una fuente de derechos sino de dádivas o castigos inquisitorios.

Desde ese concepto ideológico promueven el sometimiento y la inequidad con el semejante por no pertenecer a la condición de fiel creyente o a una categoría social y por lo tanto, el otro será  pasible del “juicio final” porque en su cotidianidad, “no fueron salvos”.

Ese integrismo religioso es un argumento político necesario para justificar la necesidad de gobernar en la Tierra bajo el imperio del capitalismo financiero concentrado. Es necesario que la Biblia reemplace las Constituciones de los países. 

Las Constituciones son sacrílegas en cambio la Biblia es el libro sagrado.

Las Constituciones se pueden modificar y llenarlas de derechos humanos, en cambio la Biblia ya está llena de justificaciones para sostener al poderoso con guerras, asesinatos, persecuciones y muertes. 

Así es necesario sostener al Capitalismo Financiero Internacional.

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* Antonio Miguel Yapur: Ingeniero, ex Docente Universitario / columnista de HoraCero

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