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"No dejarse conmover por las sagradas ideas..."

El autor de esta columna de opinión analiza cómo las políticas neoliberales también construyen una ciudadanía que no cuestiona los cimientos del sistema. Repasa diferentes estadíos de los sectores que en nuestra sociedad parecieran resignados a un conformismo individualista.

Opinión 01 de marzo de 2020 Antonio Miguel Yapur*
UOMO MODERNI
El neoliberalismo nos despoja de humanidad para aumentar sus ganancias

Por Antonio Miguel Yapur*

“No dejarse conmover por las sagradas ideas, 

los sagrados principios y, 

en general, las bellas almas de los verdugos”

Rodolfo Walsh -1969-

Los profesionales

Para un médico es necesario la especialización, así evita tener una visión integral del humano, solo debe saber acerca del hígado, del páncreas, de los riñones, del corazón o de la eyaculación precoz, es necesario que no vea al ser humano como tal, es peligroso, puede enterarse que la dolencia del ser es causa de su hambre cotidiana, de su trabajo sin descansos, no debe tener una visión del contexto social del humano, las farmacéuticas se lo deniegan y si las desafía, no tendrá congresos con estadías pagas. No entraría en el ranking.

Un docente debe percibir su dicha solo a través de su monto salarial. No debe vincular su tarea a la de educador, ni hacerse cargo de cimentar a un ciudadano crítico y con derechos, le está prohibido. Sí en cambio le aceptarían victimizarse expresando que tiene padres de alumnos que son violentos, y sería óptimo que pensase que sus alumnos son unos negritos con muchos derechos.

Un feriante no se estima como productor, tampoco como un desplazado de su tierra. Solo debe ser un vendedor de frutas y verduras o carnes o huevos para “hacer la diaria”. Y si su mercadería tiene agrotóxicos la vende, si su proveedor le aumenta la merca, él simplemente la aumenta. El feriante debe ser incapaz de resistir al poderoso, solo debe apropiarse del dinero de sus parroquianos y transferir el tributo al opulento.

El comerciante solo piensa en como “hacer la diferencia”, entonces toma por incautos a sus pares más pobres que él, le aumenta los productos pues “este negro” cobra de arriba la asignación universal.

El colectivero no se detiene en la esquina para facilitar que suba un pasajero, solo cruza el colectivo para impedir el paso de otros vehículos, él debe estar primero, ser ganador. Si el pasajero sube o no, ya no es su deber. Él no tiene pasajeros, son solo cuerpos que suben para ser maltratados. Traslada el maltrato de su patrón al más débil. Es su ejercicio de poder.

El ingeniero inventa el gas pimienta y se siente orgulloso como creador de un poder ilimitado, él no es uno de los humanos que será reprimido con su invento.

El religioso acude a un sermón aleccionador hacia sus “fieles” y atribuye los sufrimientos de éstos al designio divino y no a los negreros del capital.

Los conformes

Una familia con adultos que tienen trabajo estable afirman que su estilo de vida debe ser el sacrificio, que los adultos deben deslomarse para pagar las escuelas o universidades privadas a las que concurren sus hijos. Ellos deben pagar un dinero que implica más de la mitad de un salario para educarlos. Estas decisiones están fundadas en sus creencias “de una educación exclusiva, de categoría”. 

Así es como las empresas venden el negocio de la educación con tanto éxito y las familias se someten a aumentos compulsivos de tarifas o a intereses por mora en sus pagos mensuales. Es el chantaje de la educación privada, donde educar es un servicio y no un derecho humano. Sus publicidades imponen solo el acatamiento. Muchos aceptan la idealización de la “educación” privada para “asegurar” el futuro de sus hijos. 

Las familias también creen que en su estilo de vida se necesitan dos automóviles pues con uno no les alcanza el tiempo de un día para todo los trajines. Los adultos deben tener varios trabajos aunque vulneren el tiempo libre compartido con sus niños pues el agujero puede ser tapado con actividades extra escolares tan onerosas como el gasto de combustible o de la escuela privada.

Los derechos a un salario digno, a la salud, a una educación libre y gratuita, a la agremiación colectiva, a una vida junto al otro se desvanece en el aceptado hostigamiento diario. 

El lema es “trabajo y duermo para luego trabajar”.

El humano cambia su condición de ciudadano a la de consumidor. Los humanos ahora llamados genéricamente “gente”, deben estar en vigilia para producir ganancias. Despiertos deben consumir combustibles, cuotas “imprescindibles”, alimentos plastificados y cuando duermen también. 

El capitalismo necesita de este humano que le permite ganar hasta cuando está enfermo, necesita al humano en eterno desvelo, con el celular encendido 24 horas, 7 días a la semana, con el televisor ardiente en todo momento inclusive mientras duermen porque así sus sueños son administrados para que no se atrevan a tener ilusiones, libertades, rebeldías o críticas.

El zombi no es producido solo por un virus, también es contagiado a través de las tecnologías digitales. 

Si el capitalismo neoliberal tiene este tipo de humano, no va a necesitar más violencia que la comunicacional mediática, en cambio si la resistencia decide aflorar, será aleccionada igualmente agregando la violencia de las armas.

Los violentos

En marzo de 1964, un grupo de civiles con el ejército, derrocaron al presidente constitucional de Brasil, Joao Goulart, que estaba al frente de un gobierno democrático que implementó una política de justa distribución de los servicios y recursos para el pueblo, nacionalizó la industria petrolera y  promovió la reforma agraria que reorganizaría todo el territorio brasileño.

Tres meses y medio antes el embajador norteamericano en Brasil, Lincoln Gordon, conspiró en contra de las políticas de Goulart y envió a la Casa Blanca un informe titulado "Plan de Contingencia para Brasil",  diciendo “que la influencia del comunismo soviético provocaría una revuelta de izquierda en el país”. La injerencia yanki fue alentar, apoyar e imponer política y materialmente al golpe de Estado. La violencia reinó en los obsecuentes y sembraron muertes y desapariciones. 

Diez años antes, en 1954, en Paraguay se instaló una dictadura sangrienta encabezada por Alfredo Stroessner y respaldada por sectores religiosos y civiles descendientes de genocidas paraguayos. Así recompensaron a atávicos de la guerra del Chaco y más lejos aún, a los sicarios de Mitre, el ilustre asesino argentino. 

Y Bolivia fue agredida por Hugo Banzer en 1971; Uruguay padeció su dictadura con Juan María Bordaberry; Chile con Augusto Pinochet en 1973; Argentina en 1976, con Jorge Videla, todos adláteres de la clase social vinculada en América Latina al imperio de turno, el español, el inglés y ahora el norteamericano. Todos desde su historia dedicados al exterminio humano y al robo. 

Estas dictaduras violaron durante años los derechos humanos, asesinaron, desaparecieron y se apropiaron de nuestras riquezas. Desde EE UU las planificaron como Plan Cóndor u Operación Cóndor.

La violencia ejercida por Norteamérica contra nuestra Patria Grande, es histórica y actual, nuestra memoria inmediata habla de una Cuba asediada desde hace más de 60 años y sondeando un poco antes hallamos las invasiones a nuestros hermanos de Centro América como el derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala.

Esta continuidad histórica de violencia la expresó Lyndon Johnson en 1967 con sencillez y claridad: “Este Hemisferio es nuestro hogar. Aquí vivimos. Esta gente (los latinoamericanos) son nuestros vecinos. Si no podemos hacer que funcione (el modelo norteamericano) aquí dónde vivimos, entonces ¿cómo podemos esperar que funcione en cualquier otra parte?” 

En nuestra época inmediata, en 2002 agredieron a Venezuela y no pudieron, en 2007 golpearon a Honduras derrocando “constitucionalmente” al presidente legítimo Zelaya, en 2008 intentaron en Bolivia,  en 2010 en Ecuador y con ambos no pudieron, en 2012 en Paraguay destituyeron “constitucionalmente” al presidente Lugo electo democráticamente. Luego encarcelaron a Lula, dieron el golpe “constitucional” a Dilma Roussef en Brasil, en el 2015 ganaron “democráticamente” en Argentina y en 2019 atacaron de nuevo a Bolivia con un golpe sangriento destituyendo a Evo Morales

Un ingenuo podría atribuir a estas injerencias de EE UU como una “ola de alternancia democrática”, pero lo manifiesto son las agresiones violentas hacia América Latina por parte del imperio norteamericano.

La estrategia imperial incluye variaciones de las maneras de agresión. A la acción militar histórica denominada Doctrina de Seguridad Nacional, ahora incorporan un arsenal que ellos coordinan a través de la llamada Internacional de Medios de Comunicación

El objetivo de la guerra imperial es crear matrices sociales opuestas a las fuerzas y movimientos populares latinoamericanos antisistémicos y anti imperialistas.  Esa táctica promueve una nueva articulación: le da protagonismo a la guerra simbólica y de significados, a la imposición de matrices consumistas, a la liquidación del pensamiento en libertad. Se relega en una primera instancia la intervención militar priorizando la violencia mediática. No descartan, sino que priorizan la acción del ejército empresarial de las comunicaciones. 

Los mansos

Lo anterior fue una breve e incompleta síntesis del ejercicio violento del poder. Lo inquietante es que muchos de nosotros, los latinoamericanos, naturalizamos esta violencia como si no la sintiéramos o, la justificamos diciendo que “fue siempre así”.

Es un mesianismo apegado en grandes sectores de nuestras sociedades que presagia un destino inalterable en la vida de cada uno de nosotros, rompe el sentido de la vida colectiva, se orienta a crear al individuo aislado y ello anhela a ser incorporado como una creencia incuestionable, divina, fantástica contra la cual no hay nada por hacer. 

Ser pobre, no tener derechos, ser reprimidos, obedecer órdenes infames, no tener comida cada día, agradecer las limosnas, trabajar por un mendrugo, son anunciados como hechos inevitables, como que “eso me tocó en la vida”.

A esta certidumbre aportan las diferentes iglesias a través de predicciones beatíficas adecuadas a los intereses de los poderosos. En la actualidad el evangelismo pentecostal es una herramienta fundamental y dominante en la guerra de los neoliberales y se está transformando en hegemónica, tanto que la podemos comparar con la supremacía cristiana en épocas inquisitorias. 

Son una pieza estratégica en el ejercicio de violencia del capitalismo, la profesan supuestos pastores carismáticos, millonarios, que se anuncian iluminados, arremeten cual generales del adoctrinamiento de masa, asientan en los “fieles” las creencias en el determinismo celestial del capitalismo actual. Aspiran ser el huevo de la serpiente neoliberal.

Éste es el enemigo al que nos enfrentamos, es una época donde los que resistimos a estas violencias debemos, no solo romper la matriz de resignación instalada en los sectores populares sino también ir construyendo vínculos que restituyan la vida colectiva de la sociedad humana. 

Las esperanzas

Hoy resistir es vital pero no es suficiente. Debemos resistir y construir poder. Debemos soñar para erigir la sociedad que queremos vivir.

El neoliberalismo está transformando al mundo, lo despoja de humanidad para aumentar sus ganancias. El humano es inducido a aceptar este hecho como si fuese divino y transformarse en impotente y manso. Tal como en la película The Wall, deben ir hacia la picadora de carne. 

¿Existe otra opción?

Sí, estar juntos, abrazados y cuidados en la incómoda rebelión. 

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*Ingeniero - Ex Docente Universitario - Escritor / HoraCero

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