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La esclavitud es cosa de bandidos en el poder

Las películas de Hollywood suelen revelar que el desarrollo norteamericano estuvo basado en la esclavitud, motor de un capitalismo naciente que se imponía a través de la "Ley del Orden". El autor de esta columna de opinión descorre el velo de algo que hoy en día prosigue de otras formas, pero con la misma matriz.

Opinión 04 de mayo de 2020 Antonio Miguel Yapur*
MANOS ESCLAVAS - HoraCero
Las manos esclavas, motor del desarrollo capitalista en América

YAPUR

Llega al pueblo un nuevo alguacil y 
desde su oficina se oyen protestas en la plaza.
El alguacil le pregunta a su subordinado 
-¿Qué está pasando?
-Son latigazos, hoy habrá unos cinco o seis. Le responde.
-Y de qué se les acusa.
-Esa familia robó dos conejos de la propiedad del Alcalde.
-¿Dos conejos?
-Sí, se pagan con 24 azotes para las mujeres,
igual para los hombres pero con la vara, 
los hijos deben mirar todo el tiempo el castigo a sus padres. 
Después son marcados con la yerra y desterrados.
-¿No es un poco duro?
-¡No queremos a la chusma por aquí!

En estas épocas de retiro, no necesariamente ni siempre espiritual, suelo entretenerme viendo películas o series televisivas, como la serie llamada Los ladrones del bosque, que transcurre en un pueblo de Flandes, hoy una región de Bélgica.

De ahí surge este diálogo con el que comienzo la nota y ahora transcribo otro entre el Alcalde y un burgués poderoso del pueblo acerca de la construcción de un camino, para hacer más lucrativos los negocios entre el pueblo y los grandes centros económicos de la región.

El Alcalde le dice al burgués:

-¡Mira al Nuevo Mundo, América!

-¿Qué hay en América?, pregunta el burgués

-América es la tierra del futuro, ¿Sabe lo grande qué es? Diez veces más que Europa y allá viven solo 10 millones, en cambio en Europa 100 millones de personas.

-Usted está bien informado. Le afirma interesado el burgués mientras toma un sorbo de oporto.

-¿Sabe cómo cultivan esos campos?  -prosigue el Alcalde -Campos tan grandes que ni siquiera nos lo imaginamos, en Francia. ¿Sabe cómo los cultivan? ¿Quiénes se encargan de esos campos?

-¿Inmigrantes? ¿Pioneros? ¿Indios?... no sé.

-¡Esclavos! Los esclavos hacen todo el trabajo. El intercambio de esclavos ha marchado viento en popa por más de un siglo. ¡Es un gran sistema, es maravilloso! Uno de cada tres americanos es esclavo africano. El 33 por ciento de la población total, ese 33 por ciento hace el 100 por ciento del trabajo. ¿No es maravilloso? Vivimos en el siglo de la esclavitud, en la era de los esclavos. Mientras seamos dueños de esclavos, no hay nada de qué preocuparnos.

-¿Usted quiere comprar esclavos en África?

-No, no necesitamos comprarlos, ya tenemos los propios aquí.

-Creo que no le entiendo Alcalde.

-Los exiliados, castigados, desterrados que expulsamos al bosque son nuestros esclavos y mientras más necesitemos para construir el camino, más expulsaremos, desterraremos. No tendrán opción, tendrán que trabajar por menos que nada porque de lo contrario los espera la horca.

Nuestros espejos no siempre son leales

Solemos ver a la esclavitud como un hecho meramente histórico, del pasado. En nuestras diferentes etapas educativas muy pocas veces ambientan las causas de la esclavitud, en el accionar de una minoría estafadora para apropiarse de las riquezas de un territorio y servirse para ello del trabajo humano a destajo.

La conquista europea en nuestro continente fue una historia de muerte, esclavitud y explotación. Nuestros pueblos originarios fueron exterminados para lograr extraer las riquezas que engordaron las arcas de las monarquías europeas. 

El concepto de esclavitud fue cambiando con la evolución humana. La cultura occidental, nuestra cultura, impuso un concepto de democracia labrado en las épocas de la remota Grecia de los siglos VII y IV antes de nuestra era (suele decirse a.c.). Las decisiones políticas eran tomadas por ciudadanos en Asambleas. 

Claro que el concepto de ciudadano no incluía a las mujeres, los esclavos y los extranjeros.

Los esclavos tenían la categoría de ganado, se los podía comprar, vender y utilizar para los trabajos que producían riquezas a sus dueños, eran considerados instrumentos animados y se les podía incluir en los testamentos. No tenían derechos políticos ni civiles.

Varios siglos antes podemos localizar esclavitud en la cultura egipcia y posteriormente en civilizaciones como las del Imperio Romano. El estado de esclavitud es una de las estructuras sociales creadas por los seres humanos para enriquecer y hacer predominar sobre la sociedad a un pequeño grupo de elegidos. 

El estado de esclavitud no es solo una entidad de sometimiento corporal relacionada al castigo de la carne y a la ausencia de derechos. Actualmente tiene dimensiones simbólicas, sicológicas, espirituales, culturales que son aplicadas masiva e individualmente y además logra que el sujeto humano crea que se encuentra en un estado de libertad y con derechos.

Los burgueses de la serie muestran una variante perspicaz e imperceptible cotejada con el salvaje tráfico de esclavos.

Ellos pergeñaron un estado de esclavitud donde al poblador se le inventa una causa judicial, es castigado y luego expulsado de la ciudad. Estas personas pasan a vivir en una situación de miseria y “marcados” como delincuentes de por vida, es ahí cuando los burgueses crean una agencia que los “contrata” y les obliga a trabajar a destajo por “menos que nada” y donde el único “derecho” que les queda es negarse, aunque eso les implicaría “la horca”.

Y así expulsarían seres humanos en la medida de sus necesidades  “mientras más necesitemos para construir el camino, más expulsaremos”.

El capitalismo surgió como alternativa del feudalismo y propone la venta de la fuerza del trabajo humano a cambio de un paupérrimo mensual que luego se llamó salario, así se fue modificando ese estado de servidumbre y esclavitud por el de compraventa de la fuerza de trabajo. La Revolución Industrial fue el apogeo de la apropiación de la renta en manos de una minoría.

Todo esto se fue imponiendo en el imaginario social como progreso, civilización y hasta se lo entendió como el fin de la esclavitud. En verdad fue la etapa que inició una nueva forma de esclavizar a los humanos.

Sin la intención de historiar, pues no me siento autorizado a ello, debo sí aseverar que la esclavitud fue tomando diferentes status quo en la mitología social en sintonía a las necesidades del capitalismo de cada época. 

El capitalismo se sostiene en base a sostener la brecha, la grieta, de la desigualdad social. Es una máquina de crear esclavos.

Nuestra propia historia neoliberal

Nuestro continente fue y es asediado constantemente. Extrajeron nuestras riquezas para enriquecer a los imperios occidentales. Los hechos de estas transferencias datan de más de 500 años. Nos costó la muerte del 90% de los pueblos originarios, más de 56 millones de habitantes americanos. Una catástrofe demográfica en nuestro continente.

En la actualidad empujan hacia el  modelo de "competitividad", que se caracterizan por su alta eficacia para legalizar y legitimar la mano de obra barata y el abuso empresarial. 

Las reformas laborales obligan a la degradación del trabajo y se aplican a casi todos los países del continente. 

La  desocupación es la estrategia esclavista moderna, son los “expulsados” de la sociedad que el capitalismo neoliberal utiliza para reemplazar mano de obra barata.

La esclavitud neoliberal implica la necesidad de humanos miserables capaces de aceptar cualquier condición de trabajo por una limosna, “trabajar por menos que nada”.

Margaret Thatcher afirmaba que: “La sociedad no existe. Sólo existen hombres y mujeres individuales”, definió la escencia del pensamiento neoliberal. Les es necesario un mundo de hombres y mujeres aislados para lograr la destrucción de sus derechos individuales, como inicio para negar la existencia de los derechos sociales.

Una sociedad no capitalista es posible... si nos pensamos con el otro

Pensar al otro implica recrearnos fuera de nosotros mismos. Saber que mi vida está íntimamente vinculada a la vida del otro y que ese otro no soy yo sino un diferente a mí.

Es ineludible atrevernos a pensar casi todos los aspectos de la vida. Pensar y accionar tienen entre sí una relación de retroalimentación permanente. Pensar y accionar con un propósito vertebral, la vida en el planeta.

Animarnos a aceptar que la desigualdad, la iniquidad y la esclavitud tienen su origen en la en la forma de producción económica. Un empresario cree que es dueño de sus mercaderías, sus máquinas, sus bancos y también asegura que es dueño de la vida de su fuerza de trabajo, de sus empleados, obreros, profesionales  y tiene derecho de hacer con ellos lo mismo que hace con sus mercancías, venderla, desecharla o traficarla. 

Estas maneras de producir debemos cambiarlas por otras. Las fuerzas productivas deben ser parte de las decisiones en las relaciones de producción. Es vital reemplazar las empresas monopólicas o no, por empresas cooperativas u otras formas de propiedad colectiva. Es necesario convivir con la incomodidad de sentir que no estamos condenados.

Atrevernos a pensar que la tierra no es propiedad privada  y sí es patrimonio de toda la sociedad. Que los dueños de las tierras no lo son y solo tienen derechos sobre ella si comprueban fehacientemente que la producen. Que esos mismos dueños no pueden disponer de la tierra si no lo hacen en función social. 

Deben saber que por cada metro cuadrado que envenenan cometen un crimen de lesa humanidad, que los peones que les trabajan la tierra no son propiedad privada de ellos, son seres humanos con múltiples derechos y que violar cada uno de ellos es también un crimen de lesa humanidad.

Debemos saber que existen alternativas que pueden liberarnos de las anquilosadas creencias acerca del hombre no libre y del patrón dueño de propiedades y vidas. Sería un inicio saludable y esperanzador para disputar con la actual sociedad neoliberal.

La desesperanza y la impunidad son parte del plan para paralizar la iniciativa popular.

La desocupación, la pobreza, el destino predeterminado, la obra divina,  son imposiciones del pequeño grupo de poderosos para enriquecerse aún más. Es energía humana y la ingenuidad también lo es, los sectores populares luchamos por una vida mejor y muchos creen que eso no se construye sino que se da solo por apoyar designios de humanos iluminados.

Eso es mentira. La libertad, la liberación, la autodeterminación se construye cada día, es justamente el poder que debemos establecer entre todos y para cada uno que reemplace  la actual supremacía de los ínfimos privilegiados.

Los ricos existen porque hay miles de pobres o sometidos que los mantienen. El estilo de vida que debemos construir está basado en una relación económica, cultural y política basada en principios de solidaridad y bienestar colectivo. En ese marco es que debemos entender a la economía y sus empresas, a las escuelas y sus comunidades, a la democracia y sus instituciones y así con cada aspecto no solo de la vida humana sino de todo el sistema vivo del planeta.

Es la manera de no naturalizar, ni tolerar y de abolir la esclavitud. De seguir con el sistema capitalista neoliberal, avalamos la condena que él hace a cada uno de nosotros, es morir sin haber vivido.

Todo equilibrio es loable, menos el que acepta la esclavitud.

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*Ingeniero, ex Docente universitario, Esritor / Columnista de HoraCero

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