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La Pampa, un viejo mar en defensa del último río

La periodista Felicitas Bonavitta opina que "Mendoza tiene un historial abundante en el manejo arbitrario de los recursos hídricos aún a costa de generar desiertos y miseria en las provincias hermanas. El pasado condiciona su credibilidad y La Pampa defiende con uñas y dientes, el único río que le queda".

Opinión 08 de julio de 2020 Autora: Felicitas Bonavitta*
RÍO
Una polémica por la obra Portezuelo del Viento

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Los pampeanos Ricardo Nervi y Alberto Cortéz inmortalizaron a La Pampa como un viejo mar, y en ese himno plasmaron la problemática histórica de la provincia con sus recursos hídricos: “un llanto de sangre y sal, le llora su río muerto". 

En los últimos días y quizás sólo porque el resultado resulta adverso para una de las provincias de mayor peso desde lo productivo como Mendoza, los medios nacionales reflejaron el conflicto en torno a la construcción de la obra “Portezuelo del Viento”.

La idea de esta mega obra no es nueva, tiene al menos cinco décadas y su concreción tomó fuerza en el año 2006 cuando Julio Cobos era gobernador de la provincia cuyana y Néstor Kirchner presidente. La firma del acuerdo que garantizaría los fondos para la faraónica proyección tiene origen en un reclamo de Mendoza ante nación tras haber resultado perjudicada por los decretos sobre promoción industrial que afectaron su coparticipación al desgravar de impuestos a empresas durante la presidencia de Carlos Menem.

La procuración de la Nación, con un dictamen redactado por el mendocino Nicolás Becerra, le dio la razón a Mendoza que terminó evitando la vía judicial y acordando un resarcimiento millonario que se haría efectivo en fondos para la represa Portezuelo del Viento.

Lo cierto es que esa obra sólo quedó en planes y no tuvo avances ni aún con Julio Cobos ocupando la vicepresidencia. Recién con la llegada de Mauricio Macri al poder y Alfredo Cornejo a la gobernación de la provincia, el proyecto vuelve a tomar impulso al amparo de la cercanía política entre ambos mandatarios.

La construcción fue catalogada por el propio Cornejo como “La obra del siglo” y resultó un caballito de batalla rendidor desde lo discursivo aún en épocas duras. En septiembre de 2019, en plena campaña y con el desempleo en aumento, el gobierno mendocino abrió un registro convocando a interesados en trabajar en la construcción de la represa. Un llamado un tanto apresurado para cubrir 3500 puestos laborales a pesar de que el comienzo de la obra estaba previsto para finales de 2020, una posibilidad absolutamente remota por estas horas.

Un proyecto ambicioso

Portezuelo tiene un presupuesto que supera los 1.000 millones de dólares. Es una central hidroeléctrica proyectada en el departamento sureño de Malargüe, sobre el Río Grande, principal afluente del Río Colorado que recorre también las provincias de Neuquén, La Pampa, Río Negro y Buenos Aires (Administrado por COIRCO, el comité interjurisdiccional del Río Colorado). La obra abarca la construcción de un murallón de hormigón de 185 metros de altura que según promete el gobierno mendocino será “una de las represas más grandes del planeta” y proveerá de energía a 130 mil usuarios.

La construcción de la represa dejará miles de hectáreas bajo agua, incluso 200 familias que habitan en la villa “Las Loicas”  serán reubicadas y se modificará el trazado de la ruta nacional 145 y provincial 226.

Para una obra de semejante envergadura la provincia cuyana decidió sólo realizar proyecciones de impacto ambiental en la cuenca mendocina, uno de los puntos más objetados por La Pampa y el resto de las provincias que acordaron hace algunos días avanzar en una nueva evaluación que abarque toda la cuenca: desde el nacimiento del río hasta su desembocadura en el océano,

Cambio de vientos

Durante el gobierno de Mauricio Macri, La Pampa no logró que sus reclamos por los recursos hídricos llegaran a destino. Al conflicto histórico por el río Atuel se sumó la preocupación por el caudal extinto del rio Salado y la amenaza concreta de Portezuelo sobre el río Colorado. Curiosamente el resto de las provincias acompañaron sin cuestionamientos la construcción de la represa, aunque organizaciones sociales y ecologistas manifestaron su rechazo. La Pampa en soledad acudió a la justicia y realizó diferentes presentaciones ante el gobierno nacional. El cambio político tras las elecciones reavivó las esperanzas de encontrar un canal de diálogo.

En vísperas de la visita de Alberto Fernández a La Pampa, los primeros días de junio, se conoció la decisión del Ministerio del Interior de revocar una resolución de Rogelio Frigerio que en 2019 archivaba un pedido de laudo arbitral pampeano. La solicitud de la provincia patagónica planteaba que todas las provincias nucleadas en COIRCO debían determinar los estudios de impacto ambiental necesarios para avanzar en la obra Portezuelo, así como las normas de manejo de dicha represa.

El Secretario de Recursos Hídricos de La Pampa, Néstor Lastiri, explicó la propuesta que su provincia trasladó a la reunión del organismo interprovincial que se desarrolló el viernes 26 de junio: “la moción pampeana establecía realizar una evaluación de impacto ambiental que abarque toda la cuenca desde Mendoza hasta la desembocadura del río Colorado en el océano, siguiendo lo establecido por la ley de obras hidráulicas que está vigente por todo el país. Mendoza votó en disidencia”. Respecto de las normas de manejo se solicitó que “sean decididas o aplicadas por el comité ejecutivo y el consejo de gobierno de Coirco. Mendoza había logrado quedarse con el manejo de la presa aduciendo que estaba en su territorio y dejando el rol de fiscalización a COIRCO”, es decir, minimizaba el rol del comité como “autoridad de aplicación” relegando su función a un control posterior.

La reunión de la que participaron los mandatarios de las cinco provincias involucradas (sólo Mendoza y La Pampa estuvieron presentes físicamente, los demás de manera virtual) confirmó el cambio de época: cuatros votos contra uno ratificaron la postura pampeana.

Mendoza: el agua es mía, mía, mía

La provincia cuyana tiene un historial abundante en el manejo arbitrario de los recursos hídricos aún a costa de generar desiertos y miseria en las provincias hermanas. El pasado condiciona su credibilidad y La Pampa defiende con uñas y dientes, el único río que le queda.

La disputa por Portezuelo del Viento y la férrea oposición pampeana a que se realice de la manera que Mendoza pretende debe comprenderse a partir de otro conflicto histórico: el del río Atuel.

El manejo unilateral por parte de Mendoza sobre el caudal de ese recurso hídrico comenzó en 1917 con obras que modificaban el cauce natural del agua. Con el correr de los años los pobladores pampeanos fueron testigos de un verdadero ecocidio. La desaparición del río supuso no sólo la pérdida de proyectos productivos y el éxodo de los pobladores del oeste pampeano, también ocasionó la desertificación de la zona y la desaparición de flora y fauna típica de la región. “El robo del río” empezó a concretarse cuando La Pampa aún no era una provincia, por lo tanto contaba con menos herramientas para defenderse ante el despojo de ese recurso.

Una carta redactada por el policía y telegrafista Ángel Garay en 1947 desde Paso de los Algarrobos, en el oeste pampeano, dirigida al entonces presidente Juan Domingo Perón, anticipaba un panorama desolador como consecuencia de la construcción del complejo hidroeléctrico “Los Nihuiles”:

“Aquí no son dos personas solamente, Señor Presidente, los que claman por que se dé largada al agua, son cientos de familias, que ya ni agua para tomar consiguen, son millones de cabezas de ganado que se pierden. Las familias enteras abandonan este lugar después de haber perdido todo su poco capital, y sinceramente Señor Presidente la situación, es de profunda tristeza, no tienen agua para tomar en algunas casas, y donde la hay sirve porque no hay otra”.

La misiva motivó una resolución que fijaba la entrega de un caudal que se estimó en “un total de 27,5 hectómetros cúbicos anuales, con destino a bebida de poblaciones y ganado, riego de las praderas naturales y alimentación de presas y lagunas”.

Fue el primer incumplimiento de muchos que vendrían. Mendoza desoyó históricamente peticiones y fallos judiciales. El último de la Corte Suprema de Justicia, en diciembre de 2017, reconoce la interprovincialidad del río y ordena que en el plazo de 30 días se establezca un caudal que recomponga el ecosistema pampeano.

Cornejo, el Separatista 

Las amenazas de Alfredo Cornejo sobre la posibilidad de declarar la autonomía de Mendoza con respecto a Nación, además de infantilizar el debate, no hacen más que ratificar el espíritu individualista y anti federal con el que esa provincia decide sobre los recursos hídricos. A tal punto que la convocatoria a dialogar y trabajar en conjunto con el resto de las provincias afectadas constituye para el ex mandatario un ataque y no una acción que ajusta a derecho el conflicto en cuestión.

Para el ingeniero Juan Greco, representante de La Pampa en COIRCO, los dichos de Cornejo no merecen demasiada contemplación. “Es una bravuconada más, no pasa de ahí. Ellos sabían que estaba atada con hilos. La posición de La Pampa en lo escrito no ha cambiado ni un punto ni una coma. Desde 2016 a la fecha hemos sido consecuentes permanentemente, no hemos cambiado en nada. Más allá del cambio político, ser consecuentes y ser constantes desde lo técnico, jurídico y político nos ha dado el resultado que hoy tenemos”.

Por su parte el gobernador mendocino Rodolfo Suárez mantiene abierto el proceso licitatorio que finalizó este viernes 3 de julio para la presentación de propuestas. “La única que puede parar esto es la justicia”, asegura.

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*Sobre la autora: Felicitas Bonavitta es periodista en la provincia de La Pampa.
 

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