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Marcharon libremente para que los dejaran ser libres

Se encerraron en sus casas, acongojados por las noticias que llegaban desde Europa. Durante noches enteras salieron a las ventanas y los balcones a aplaudir al personal de salud que hacía frente a la pandemia en la primera línea de combate. Hasta que un día empezaron a sufrir la angustia del encierro...

Opinión 04 de septiembre de 2020 Miguel Nuñez*
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Manifestaciones en contra de la cuarentena

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Primero el miedo los paralizó. Pasado el susto inicial salieron corriendo a agotar las existencias de alcohol en gel y papel higiénico de las góndolas de las farmacias y los supermercados.

Después se encerraron en sus casas, acongojados por las noticias que llegaban desde Europa. Durante noches enteras salieron a las ventanas y los balcones a aplaudir al personal de salud que hacía frente a la pandemia en la primera línea de combate.

Hasta que un día empezaron a sufrir la angustia del encierro. Develaron la dicotomía entre la economía y la salud, se hartaron de la cuarentena más larga del mundo y hasta descubrieron que el virus, en realidad, no existía.

Entonces salieron a la calle a reclamar y protestar. Marcharon libremente para que los dejaran ser libres. Contra la infectadura que quería controlar sus vidas. Contra el Nuevo Orden Mundial que pretendía imponer el presidente Alberto Fernández junto a su socio George Soros. Contra la vacuna de Bill Gates de fetos abortados y el implante del microchip 5G. Contra la Organización Mundial de la Salud (OMS), contra todos y contra todo. Contra el populismo peronista.

Ahora, cuando los trabajadores de la salud advierten que el sistema sanitario está al borde del colapso. Ahora, cuando Europa vuelve a tener el número de infectados en los mismos niveles en los que el brote alcanzó su pico.

Ahora, ellos esperan que pare de llover para poder salir a juntarse con sus amigos a tomar unas cervezas.

En el interior de una caja hay un gato junto a un mecanismo que une un detector de electrones a un martillo.

Debajo del martillo hay un frasco de cristal con una dosis de veneno letal. Si el detector capta un electrón activará el mecanismo, el martillo caerá, romperá el frasco, el veneno se expandirá, y matará al animal.

En el universo de la física cuántica el gato acaba vivo y muerto a la vez. Los dos estados son igual de reales. Pero en nuestro mundo, si nosotros abriéramos la caja sólo podríamos ver al animal vivo o muerto.

Sobre la paradoja del gato de Schrödinger, Albert Einstein expresó su propio desconcierto: ¿Esto quiere decir que la Luna no está ahí cuando nadie la mira?

*Periodista. Vocero Presidencial Néstor Kirchner (2003-2007) Cristina Kirchner (2007-2009) Argentina.

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