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Comienza un Nuevo Año (Judío)

Rosh Hashaná da inicio a los Altos Días Santos que terminan con Iom Kipur y es el comienzo de un momento que se considera virtuoso en el judaísmo: es el ciclo anual de la celebración. Desde el punto de vista religioso en Rosheshone comienza el año, ya que se lo considera a partir de una visión creacionista.

Cultura 17 de septiembre de 2020 Daniel Silver*
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El sonido del Shofar dará comienzo al Nuevo Año

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Según el Talmud, obra que recoge las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, narraciones y dichos, parábolas, historias y leyendas y se convierte así en una suerte de gran código civil y religioso,  el mundo fue creado el primer día de Tishrei, el séptimo mes del calendario judío.

Rosh Hashaná (en hebreo) o Rosheshone (en idish) da inicio a los Altos Días Santos o Diez días de penitencia, que terminan con Iom Kipur y es el comienzo de un momento que se considera virtuoso en el judaísmo: es el ciclo anual de la celebración. Desde el punto de vista religioso en Rosheshone comienza el año, ya que se lo considera a partir de la creación del primer hombre.

Uno de los rituales más importantes durante Rosh Hashaná es el sonido del Shofar o cuerno de carnero, que se usa como llamado al arrepentimiento durante los Altos Días Santos. Siempre se comen cosas dulces, para que así sea el año por venir, reuniéndose la familia en el festejo.

Esta festividad se celebra el primer y segundo día de Tishrei, que generalmente corresponde a septiembre u octubre en el calendario gregoriano, dado que el calendario judío se basa en los movimientos de la luna -que determinan los meses- y el sol –que establece los años-.

Como tiempo de introspección y renovación que es, se realizan una serie de rituales purificadores: corte de pelo, vestir ropa nueva también, dejar de trabajar e ir a la sinagoga (los religiosos). En lo gastronómico se comen manzanas bañadas en miel, simbolizando la esperanza de un año dulce por venir, se hornea la jalá en panes redondos en lugar de trenzados (representa la circularidad del tiempo, la circularidad y la plenitud del año) y luego de espolvorearla con sal, se moja en miel (o azúcar); también se comen granadas porque las semillas simbolizan los muchos mandamientos de la Torá que los judíos deben cumplir. Un ritual popular es caminar a un río o arroyo y recitar oraciones especiales de penitencia. Después, los creyentes tiran migas de pan en el río, para desechar simbólicamente los pecados.

Rosheshone, sin embargo, no es un día: es una temporada. Dice el filósofo Jaim Zhitlovsky (1865-1943): "El humor otoñal en la naturaleza se transforma en estas fiestas en el humor otoñal de la vida humana. La liviandad incompleta del individuo, se transforma en su deseo de mejorar, de lavar la suciedad que se ha adherido a su alma y la conciencia de la muerte que se cierne sobre cada uno; todos estos son aspectos tan serios de la vida moral de cada individuo que los Altos Días Santos realmente se han ganado el nombre de Yomim Noroyim, los "Días de Asombro” (tengamos presente que en los siglos anteriores al siglo XX y al actual, la gran mayoría de los judíos vivía en el Hemisferio Norte, y en estas fechas se produce el equinoccio que da lugar al inicio del otoño). 

En esta oportunidad conmemoramos el año 5781. 

Diez días después de Rosheshone se conmemora el Iom Kipur (hebreo) - Iom Kipper (idish), que quizás sea el momento más solemne dentro del judaísmo, donde prima el sacrificio por purificarse, privarse de todo placer físico, el ayuno voluntario, teniendo todo esto como esencia fundamental el ser mejores, la superación personal, el perdonar y ser perdonado, la meditación, al auto análisis, un balance de lo realizado y lo no hecho y a seguir el camino de la justicia.

Este ciclo virtuoso termina cinco días después, con la que quizás es la fiesta más alegre, Sucot, donde se construye una cabaña como vivienda temporaria, donde se recita el Halel, una plegaria de alabanza, ya que el Sucot es un momento de gran regocijo. También es conocida como la fiesta de las cosechas, ya que todas las dedicatorias, cantos y rezos son para pedir una gran cosecha. 

Este ciclo es fundamentalmente un momento donde se mezclan alegría, renovación, reflexión, lo bíblico, la tradición, lo religioso, siendo todo esto la arcilla que hace a la diversidad de lo que es el judaísmo. En realidad, estas Altas Fiestas nos convocan a ser mejores, insistiendo en el poder humano para tomar decisiones justas y correctas, ejerciendo el libre albedrío. Es la posibilidad cierta de mejorar el mundo, haciendo lo que es correcto, moral y bueno en lo colectivo, superando el individualismo, la auto satisfacción y la auto complacencia. He allí el verdadero objetivo de la transformación que buscamos en esta oportunidad.

Todo eso es tradición, historia, costumbres, religión, pueblo, familia. Quizás, en estos momentos algunas de esas cosas se revalorizan y puedan ayudarnos a superar este duro momento de pandemia que vive la Humanidad, pero la esperanza real está puesta en la ciencia, en una vacuna desarrollada por el conocimiento humano (científicos, infectólogos, biólogos, médicos), y puesta al servicio de la salud pública para todos por igual, tal como lo hicieran Salk o Sabin.

Pero toda esa tradición también nos puede ayudar a ubicar a cada uno donde corresponde. No hay dudas que muchos estaremos en el libro de los buenos, en el libro de la vida ya que estamos luchando por pasar este mal momento, nos cuidamos y somos solidarios cuidando a los otros. Sin embargo, hay muchos que estarán en el libro de los malos, porque solo están pensando en ellos y son insolidarios, egoístas, imprudentes. En ese examen de los días que van desde RoshaShaná / Rosheshone a Iom Kipur / Iom Kiper, deberían pensar más en el otro; entonces quizás puedan ser juzgados, como dice la Torá, en Iom Kipur.

En esta ocasión hacemos llegar deseos de paz, felicidad y prosperidad no solo a la comunidad judía, sino a todos los seres humanos, haciendo hincapié en que más allá de las creencias o convicciones personales, es fundamental que la convivencia, la solidaridad, la democracia y las leyes vigentes nos permitan construir la justicia, la paz con la imprescindible solidaridad (individual y social) y responsabilidad que la coyuntura exige y que sean las vigas maestras sobre las que se levanten las nuevas sociedades.

Esperemos que, cuando suene el Shofar para dar comienzo al Nuevo Año, su sonido nos traiga la esperanza y la ilusión que nos permita una vida mejor para todas y todos.

*Profesor de Historia - Directivo de la Asociación Cultural Israelita Argentina Péretz

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