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El Noble Nobel

Este artículo indaga y compara algunos premios Nobel con los acontecimientos reales que sucedieron durante el siglo pasado y en lo que va del actual. En ningún caso un gobernante norteamericano recibió el premio por hechos pacíficos. Esos condecorados protagonizaron agresiones militares a otros países.

Opinión 02 de octubre de 2020 Antonio Miguel Yapur*
PREMIOS NOBEL
Un premio muy cuestionado, el Nobel de la Paz

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«La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo». -Eduardo Galeano-

Desde inicio del siglo XX una parte de la humanidad casi todos los años pone su atención en los premios Nobel, en especial el de la Paz. Sin embargo, es necesario detenerse un instante para observar cómo ese premio tuvo destinos copiosos hacia gobernantes de EE.UU.

Es interesante indagar y comparar algunos premios Nobel con los hechos reales que sucedieron en el mundo durante el siglo pasado y en lo que va del actual. En ningún caso un gobernante norteamericano recibió un Nobel por hechos pacíficos y siempre esos condecorados protagonizaron agresiones militares a otros países y en especial en América Latina.

En 1906 Theodore Roosevelt recibió el premio siendo Presidente de EEUU. Su merecimiento quizás fue por ser el creador de la teoría del Gran Garrote, una inferencia aportada a la Doctrina Monroe. 

Roosevelt legitimó el uso de la fuerza en otros países para defender los intereses y privilegios que EE.UU. se concedió a sí mismo a través de la Doctrina Monroe y la acompañó con hechos concretos como la intervención militar para separar Panamá de Colombia en 1903, más tarde las ocupaciones militares de Cuba en 1906 y 1909.

Pocos años después, en 1912 se lo otorgaron a Elihu Root, un político republicano que fue Secretario de Estado mientras era Presidente Roosevelt.

En 1919 le tocó a Woodrow Wilson, presidente entre 1913 y 1921. Parecería que el premio a este personaje fue dado por su predicamento sobre el privilegio acerca de “la necesidad de que una élite poderosa, 'moral' y con capacidad, era la que debía ocupar el poder en detrimento y con el desconocimiento de la mayoría de la población”.

En 1914, invadió México, en 1915 Haití, en 1916 la República Dominicana. Y seguramente fue recompensado también por su condición de xenófobo. Esta cita de su autoría lo describe: “Los hombres blancos fueron despertados por un mero instinto de autoconservación (…) hasta que por fin surgió un gran Ku Klux Klan , un verdadero imperio del Sur, para proteger al país del sur“.

En 1925 lo recibió Charles Gates Dawes, vicepresidente del país del norte (1925-1929). Período cubierto de eventos trágicos para los latinoamericanos. Justamente en el año en que recibe el Nobel, EE.UU. ocupa militarmente Panamá y en 1927 bombardea con su fuerza aérea a Nicaragua.

En 1929 laurearon a Frank Billings Kellogg siendo Secretario de Estado. Luego, en 1945 se lo asignaron a Cordell Hull, también Secretario de Estado hasta 1944. Durante este período fue asesinado Sandino, el revolucionario nicaragüense, por orden del gobierno norteamericano y en 1944 promovió el golpe de Estado en Panamá e intervino en él.

La perla de la paz parece que fue Henry Kissinger, secretario de Estado durante los mandatos de Richard Nixon y Gerald Ford. Este siniestro personaje fue uno de los ideólogos del Plan Cóndor en América Latina. Promovió las dictaduras militares en nuestros países, especialmente en Chile financiando y apoyando logísticamente a Pinochet. En Argentina imponiendo la dictadura cívico-militar-eclesiástica que encabezó Videla. 

Fue uno de los personajes más funestos para nuestro continente, utilizando las fuerzas militares y de seguridad de nuestros países para instaurar asesinatos y desapariciones de militantes populares y ejecutar una sistemática violación a los Derechos Humanos. 

En su propio país fue polémico y tuvo enérgica oposición a su postulación al premio Nobel. Finalmente se lo otorgaron en 1973 que sirvió para lavar sus políticas sanguinarias en Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Nicaragua y otros países de nuestro continente.

Entre 1977 y 1981 Jimmy Carter honró en su presidencia las políticas del poderío de la violencia de su país, asistió militarmente a El Salvador para combatir la resistencia del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. En 1980 los escuadrones de la muerte asesinaron al Arzobispo Romero. En el 2002 fue premiado por la academia sueca.

En tanto, las políticas de guerra e intervencionistas norteamericanas crecen en el continente, Reagan inicia la guerra de los "contra" para destruir el gobierno sandinista en Nicaragua. El general Omar Torrijos, presidente de Panamá, es asesinado con la figura de un accidente aéreo donde la CIA es el principal sospechoso.

En 1983 invaden con cinco mil infantes de marina yankis a la pequeña isla caribeña de Granada. En 1989 invaden Panamá para encarcelar a Manuel Noriega dejando no menos de tres mil bajas civiles. En 1990 interviene masivamente en el proceso electoral de Nicaragua a través de acciones encubiertas y públicas. En 2000 organizan la "Guerra a las Drogas" con el Plan Colombia que después lo transforman en "Guerra contra el Terrorismo". En 2002 apoyaron y financiaron el fallido golpe de Estado del 11 de abril en Venezuela.

No obstante siguen las honras Nobel a gobernantes norteamericanos como Al Gore vicepresidente, en 2007 y por último Barack Obama quién poco tiempo después de ser premiado ordenó la intervención militar a Libia destruyendo deliberadamente a ése país.

El empresario Alfred Nobel, desarrollador de la dinamita y propietario de una empresa dedicada a la producción de hierro y acero para la fabricación de cañones y otros armamentos instituyó un premio para los incitadores a la violencia y la guerra.

Al decir de los belicosos occidentales, esto no es nada personal y luego le pegaban un tiro al adversario, quizás entonces el hábil empresario y la institución de su premio es una forma más de legitimar las guerras producidas por la insaciable voracidad del capitalismo.

Los gobernantes norteamericanos laureados es la prueba fidedigna de ese mensaje legitimador de la muerte. 

Usted me dirá que también recibieron estos premios personajes intachables en su actuación a favor de los derechos humanos y defensores de la paz en el mundo. 

Sí es cierto, es más, podemos decir que el galardón otorgado a Adolfo Pérez Esquivel es un estímulo por su impecable trayectoria a favor no solo de los derechos humanos sino por su consecuente e irrenunciable militancia por la libertad, la equidad y la justicia de los pueblos.

Entonces me haría estas preguntas:

¿Cuál es la virtud que tuvieron los presidentes, vicepresidentes o secretarios de estado norteamericanos para recibir el Nobel de la Paz cuando sus acciones de gobierno produjeron muertes en todo el planeta y en especial en nuestro continente?

¿Por qué matar o sumergir en la guerra a pueblos enteros merita ser premiado?

¿No será que los empresarios de la muerte, instituyen laureles contradictorios con sus acciones para normalizar un estado de guerra en el planeta?

O quizás sea que el mundo empresarial capitalista esté convencido de que la paz es sólo paz cuando un pueblo es sometido a sus designios.

O quizás tal como pregonó Woodrow Wilson “de que una élite poderosa, moral y con capacidad” sea la que debe “ocupar el poder” y mejor aún si esa élite minoritaria proviene de la “supremacía blanca”. 

Siguiendo esta hipótesis, los verdaderos laureles serían para los asesinos de la humanidad, por lo que no hace improbable que Trump sea un futuro Nobel más. 

Las crisis capitalistas en el mundo produjeron exterminios atroces de la humanidad como los genocidios de los pueblos armenios, gitanos, judíos, el de los negros en Ruanda y actualmente el exterminio del pueblo palestino.

El mundo empresarial en su único afán de dominación y acumulación de riquezas promueve golpes de Estado, impone gobiernos, hace serviles a jueces, disimula simpatías democráticas y se mimetizan en ellas, impone mentiras por verdades a través de multimedios y redes, promueve evangelismos manipuladores y también usa las armas letales con el solo objeto de asegurar su futuro como élites dominantes y gobernantes.

La índole del capitalismo en toda su historia, más aún en su etapa actual, es sostener un pensamiento esclavo en la humanidad y hacer creer a buena parte de ella que todo eso es la normalidad y el destino de la vida en el planeta.

Y sus mensajes hacia nosotros son:

Nunca promuevan una democracia popular porque ella es el eje de un mal que nos pone en peligro como élite dominante. 

Tu libertad individual sólo es perdonable si tu sometimiento es asequible y obstruye las libertades colectivas.

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*Ingeniero - Ex Docente Universitario - Periodista y escritor / Columnista de HoraCero

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