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La Costa santafesina, jirón de una Democracia inconsulta

La Ruta Provincial N° 1 atraviesa a toda la zona costera y desde hace años es objeto de proyectos y manipulaciones. Los diferentes gobiernos provinciales nunca hicieron caso a sus habitantes.

Opinión 27 de octubre de 2020 Antonio Miguel Yapur*
REUTEMANN
Reutemann impuso el ciclo neoliberal en la Provincia

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Este mes de octubre la ruta provincial N° 1 es noticia repetida de tres accidentes de tránsito, uno de ellos fue el que sobresalió por la relevancia de la víctima: un sacerdote que ejercía su trabajo en la costa.

La Ruta Provincial N° 1 atraviesa a toda la zona costera y desde hace años es objeto de proyectos y manipulaciones. Los diferentes gobiernos provinciales ejecutaban planes sobre ella haciendo caso omiso a las opiniones de las organizaciones sociales de la franja costera.

La ruta tal como estaba en su origen creaba pocos inconvenientes, los habitantes de ambos lados no veían interrumpidas sus actividades sociales, culturales y económicas. La ruta era la cota más alta en tiempos de crecientes y permitía el salvataje de las familias inundadas.

Todo cambió cuando el gobernador Reutemann decidió imponer el ciclo neoliberal en la Provincia. A la Costa le tocó el negocio inmobiliario y éste impuso la construcción de un anillo de defensas, entonces una panacea fue creada: “vivir con la naturaleza” ese fue el deseo que la propaganda agitó e hizo que miles de familias incautamente fuesen a vivir a un “paraíso verde”. 

A todo ello ayudó este audaz gobernador que con su potente moto visitaba a los inundados en 1992 preguntándoles ¿Necesitan algo muchachos? mientras muchos se deslomaban poniendo bolsas de arena para evitar que el agua cumpliese con su natural cometido.

A partir de esa épica aventura gubernamental, la costa santafesina se inundó pero esta vez no del agua del río sino de habitantes que construían viviendas los más, y como la época lo exige, mansiones los menos.

Entonces esa ruta que relacionaba a los habitantes de ambos lados, se transformó en una exégesis de la transformación neoliberal, una gran parte de habitantes dormía en la costa mientras el resto del día era víctima de la vida citadina.

Se despertaban a las 5 o 6 de la mañana, cargaban a sus hijos en sus vehículos, salían a la ruta, se amontonaban en ella en colas interminables que los hacía llegar a Santa Fe en horarios erráticos, depositaban a sus hijos en escuelas o guarderías y permanecían en la ciudad hasta el anochecer, luego el ritual de regreso era ejercitado diariamente en colas interminables desde un poco más allá del puente Oroño hasta casi llegando a San José del Rincón. Las cenas en sus casas eran premonitorias de la peregrinación del día siguiente.

Entonces fue ahí que había que crear la necesidad de transformar a la ruta en una autovía para disminuir la “distancia” entre la costa y la ciudad, esa distancia ya no era medida en metros ni en kilómetros sino en minutos, en horas, en tiempo.

El caos continuaba, los gobiernos solo respondían con improvisaciones para amedrentar esa entropía positiva del tipo de convivencia humana electa para ese “paraíso verde” costero.

Fue así que los gobiernos sucesivos estimularon ese desconcierto durante más de 10 años. 

Durante finales del último gobierno de Obeid se decidió hacer una autovía, el proyecto no contemplaba ninguna sugerencia de las organizaciones sociales, solo se debía lograr que el malestar producido por el negocio inmobiliario no entrase en una etapa de conflicto descontrolado. 

Poco tiempo después y una vez electo el gobernador Binner en un atisbo de democracia participativa se escucharon los reclamos de los habitantes costeros y de sus organizaciones sociales, todo indicaba que por primera vez, iba a hacerse un proyecto amigable de ruta. 

La ilusión fue efímera, comenzó a construirse el monstruo actual, un gigante paleozoico que solo consumía cemento y con bastante regularidad cumplía el ritual del dios neoliberal; una ofrenda de muertos que rápidamente caían en el anonimato.

Durante los gobiernos de Bonfatti y Lifschitz se mantuvo vivo ese interminable espíritu de una construcción permanente de la ruta. 

Y actualmente, en estos días las ofrendas rituales fueron abundantes y una trascendió, fue la que padeció un cura católico. 

La Ruta 1 es el eje vertebral de decisiones gubernamentales inconsultas: 

  • Los terraplenes hoy están abandonados, pues el negocio inmobiliario dentro de ellos ya se agotó.
  • En una zona donde hay más de 30.000 habitantes, solo una ínfima cantidad posee agua potable. 
  • El tratamiento de la basura urbana tiene como victimario a los lechos de los ríos y lagunas.
  • Los campos son envenenados con cultivos tratados con agrotóxicos y biocidas.
  • Se naturaliza el trabajo precarizado de las familias cultivadoras de campos tanto que son tratados como seres inferiores y sin derechos.

Unos pocos se atribuyen el ser dueños de lagunas, islas, reservas naturales y humedales que los incendian cuando necesitan engordar ganado o vender terrenos deforestados.

Otros pocos se arrogan la propiedad de los peces en los ríos, arrasan con la fauna ictícola para exportar pescado de río o para hacer harina de pescado que engorda el ganado de unos pocos propietarios de la tierra.

Como verán la ruta provincial N° 1 es solo una columna vertebral que facilita esta mala vida en el “paraíso verde” costero.

En tanto, el gobierno actual mantiene intacta la forma de ofrecer obras de gobierno a la Costa Santafesina: Anuncia obras en forma inconsulta.

Así comunican el trazado para el gas natural o para un proyecto turístico o la reparación de terraplenes.

Así anuncian como hacer “inversiones” sin consultar a los habitantes su opinión.

Mientras tanto a algunos habitantes se ponen contentos por un futuro con gas natural aunque hoy tengan que tomar agua con abundante escherichia coli.

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*Ingeniero, ex Docente Universitario, periodista y escritor / HoraCero

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