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TERRAPLANISMO o la venganza del pensamiento mágico

El terraplanismo contemporáneo no es nuevo, nace en el siglo XIX con un inventor inglés llamado Samuel Rowbotham quien firmó un panfleto llamado “La tierra no es un globo” en 1849.

Opinión 30 de diciembre de 2020 Gustavo Courault*
TERRAPLANISMO 2
Un movimiento que desafía el pensamiento científico

GUSTAVO COURAULTPor Gustavo Courault*

Cuando era niño, por los años 60 a 70, leía a hurtadillas las revistas “Mecánica Popular” de los años 50 que coleccionaba mi padre. Algunas de esas portadas predecían el año 2000: autos voladores impulsados por energía atómica, ciudades bajo cúpulas con un control exacto del clima, personas felices y saludables en ropa de vívidos colores. En los artículos se comentaba el fin de las enfermedades y de la ignorancia, el triunfo de la técnica que habría eliminado el hambre y las privaciones.

Una utopía tecnocrática donde los ingenieros, técnicos y científicos derrotarían los males del mundo con el poder de la razón.

La carrera espacial nos mostraba fotos de la Tierra desde el espacio. Cosmonautas soviéticos y astronautas norteamericanos se esforzaban para ir más allá de lo que jamás fue cualquier ser humano.

Como paréntesis tengo que decir que los nombres de las naves de la extinta URSS: Vostok  que se traduce como pueblo y Mir que significa paz y la denominación cosmonauta son mucho mejores que sus contrapartes norteamericanas. Cosmonauta es quien aspira a el cosmos, el todo; no sólo a los astros como los norteamericanos. Y los nombres Saturn y Enterprise, se me antojan hasta mezquinos ante los hombre heroicos que los soviéticos le habían puesto a sus naves, nombres que evocaban un sueño, una hazaña.

Apenas tenía 10 años cuando vi la televisación de Neil Armstrong pisando el suelo lunar. Esa noche salí al patio y miré a la luna, buscando alguna huella de esa perpetración flagrante del imperio del ingenio humano, que parecía no tener fin.

Recuerdo la foto de Life donde aparecía la Tierra sobre el horizonte de la luna, una foto tomada por los astronautas en una de las misiones Apolo.

Me emociona aún evocar esa foto, tiene algo de mágico y de trascendente ver a nuestro planeta azul suspendido en lo oscuro del espacio y nosotros, los humanos, quienes llevamos a cabo esa proeza digna de Ulises no figuramos, no aparecemos, parece que no existimos.

NASA - APOLLO 8 - 24 DIC
Fotografía de la NASA - Misión Apollo 8 

La cantidad de tecnología, habilidades y ciencia que estaban condensados en llegar a la Luna es inimaginable. Sólo el captar la débil señal que llega desde nuestro satélite para luego amplificarla y transmitirla necesita de unos saberes que sólo quien intentó usar la onda corta en largas noches de insomnio buscando radios desconocidas, puede comprender.

Imaginen entonces mi estupor frente a los terraplanistas, ese grupo de personas que afirman que la tierra es plana y que el sol, la luna y las estrellas giran alrededor de ella. Afirman que es eso lo que ven sus sentidos y que ellos no pueden comprobar por sí mismos que la nuestra Tierra es aproximadamente esférica y flota en el vacío gobernada por la gravedad universal.

Son refractarios a los argumentos del barco que se pierden en el horizonte, de la evidencia de tener que instalar antenas cada tanto debido a la curvatura de la Tierra y por supuesto a todas las fotos que se sacaron desde el espacio de nuestro planeta.

TERRAPLANISMO 1

¿Cómo surge ese grupo? ¿Qué fenómeno se esconde detrás de ellos?

El terraplanismo contemporáneo no es nuevo, nace en el siglo XIX con un inventor inglés de pseudónimo Parallax, realmente llamado Samuel Birley Rowbotham quien firmó un panfleto llamado “La tierra no es un globo” en 1849 que luego se convirtió en un libro. Rowbothan crea la Astronomía Zetética a partir de la idea de que la tierra es un disco plano con el polo norte en el centro y con hielos rodeándolo. El sol, la luna y las estrellas están moviéndose por sobre ella pero a sólo unos pocos kilómetros de altura.

Luego de la muerte de Rowbotham sus seguidores crearon la Universal Zetetic Society (Sociedad Zetética Universal) que estuvo activa hasta poco después de la Primera Guerra Mundial.

En 1956, Samuel Shenton la restablece con el nombre de The Flat Earth Society (la Sociedad de la Tierra Plana) y es esta entidad quien lidera el movimiento terraplanista en la actualidad.

Curiosamente este grupo crece y se alimenta de la misma tecnología y ciencia que ellos desprecian.

Las redes sociales tienen algoritmos poderosos. Esos algoritmos gobernados por la inteligencia artificial intentan por todos los medios que estemos siempre pendientes de nuestra pantalla porque lo que venden es publicidad y por lo tanto es importante para su negocio que se la vea.

Es entonces que, si alguien tiene algún interés en particular, por más inaudito que sea, estos algoritmos intentan que personas con el mismo interés se conecten e intercambien mensajes, publicaciones y demás entre sí.

Por supuesto que no tiene nada de malo ese hecho en sí. Pero si hace unos 40 años atrás la sociedad de terraplanistas hubiera querido tener mayor difusión, tendría que haber seducido a los medios masivos de producción para que publiquen sus ideas. Ahora solo bastan unos minutos delante de la pantalla y tu opinión es lanzada al ciberespacio para que todos tus amigos y seguidores lo vean.

Es así que el creyente encuentra otros adeptos con facilidad, refuerzan sus ideas con nuevas comprobaciones y cada ataque que se hace a su creencia es tomado como parte de personas que aún no han visto la realidad: la existencia de una enorme conspiración de astrónomos, científicos, astronautas, agencias espaciales y gobiernos para convencerte sin lugar a dudas de la falsedad de que la Tierra es redonda.

Podría parecer que es una idea inofensiva, pero se ha cobrado al menos una vida. Un terraplanista llamado “Mad” Mike Hughes construyó un cohete casero con el que se mató para demostrar su tesis. El cohete fue financiado por la Flat Earth Society.

IMAGEN DEL DOCUMENTAL LA TIERRA PLANA
Imagen del documental La Tierra Plana

El auge de movimientos como este que contradicen aún la ciencia más básica se explica por la facilidad de poder viralizar la idea y por el fenómeno llamado sesgo cognitivo. Por una cuestión de sobrevivencia, nuestra mente ignora todo aquello que contradice lo que creemos y recuerda todo aquello que refuerzan nuestras certezas.

Ese “hack” a la mente necesario para que funcionen las redes sociales hacen que estas creencias anticientíficas tengan un público ferviente.

Imaginen lo que se puede hacer al respecto con otras ideas, no tan transparentemente falsas como el terraplanismo, sino con ideas políticas y sociales, por ejemplo.

Lo que nos enseñan los terraplanistas es que debemos hacer para tener una mente abierta y estar dispuestos a aceptar nuevas ideas: evitar el sesgo cognitivo, rodearnos de personas con distintos puntos de vista y por sobre todas las cosas, jamás perder el espíritu crítico.

*Ingeniero - Escritor / Coordinador web de HORACERO

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