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El poeta Francisco Paco Urondo nacía un día como hoy

En 1930 nace Paco Urondo. Uno de los más importantes poetas argentinos de la segunda mitad del siglo pasado, autor de Historia antigua, Breves, Lugares, Nombres, entre otros poemarios

Cultura 10 de enero de 2021 HC
PACO URONDO - HORACERO
El recuerdo de Francisco Paco Urondo

Nace Francisco Urondo en Santa Fe. Uno de los más importantes poetas argentinos de la segunda mitad del siglo pasado, fue autor de Historia antigua, Breves, Lugares, Nombres, entre otros poemarios, además de los libros de cuentos Todo eso y Al tacto. También escribió una novela: Los pasos previos.

Fue autor de La patria fusilada, que recopila los testimonios de los sobrevivientes de la Masacre de Trelew; y guionista de la película Pajarito Gómez, de Rodolfo Kuhn. Militante montonero, cayó en junio de 1976 en Mendoza, junto a su compañera Alicia Raboy. La hija de ambos, Ángela, fue dejada en un orfanato, donde la recogió su abuela materna. Pocos meses más tarde, la dictadura asesinó a la hija mayor de Urondo, Claudia, y a su esposo. 

Escribe  Luis Bruschtein

“Del otro lado de la reja está la realidad, de/ este lado de la reja también está/ la realidad; la única irreal es la reja...” Así dice uno de los últimos poemas de Francisco Urondo, o Paco para sus amigos, cuyos asesinos fueron condenados en Mendoza.

En Wikipedia hay una biografía sucinta, una foto de Paco de medio perfil en la que, por algún misterio sus ojos han perdido la picardía de esas salidas picantes que siempre tenía. Dice: “Santa Fe, 10 de enero de 1930-Mendoza, 17 de junio de 1976, escritor, periodista, guerrillero y militante político nacido en Argentina”. Un texto, que también por algún misterio ha perdido esa inquietud vital, la geometría de sus movimientos y hasta la calidez que siempre tenía cuando se relacionaba con otras personas o cuando hacía su vida y decidía cosas y las comentaba generosamente con gran capacidad para hacerse querer.

Habla de sus parejas, Graciela “Chela” Murúa, con la que tuvo dos hijos, Claudia y Javier; de Zulema Katz; de Lilí Mazaferro, y, ya en la dictadura, de Alicia Raboy, con quien tuvo a su hija Angela. No dice que con Lilí Mazaferro eran compañeros de militancia en las FAR, una organización guerrillera que luego se fusionó con Montoneros, y que Alicia Raboy estaba junto a él en Mendoza cuando interceptaron el auto donde se trasladaban y le pegaron dos tiros en la cabeza.

Da cuenta de sus numerosos libros, de su trabajo como guionista de cine y televisión. Pero, quizá porque no es tan importante, no hay un relato por ejemplo de cuando recitaba sus poesías y Juan Gelman las suyas, los dos poetas codo a codo, en aquella época no tan conocidos, en algún bar de Buenos Aires, presumiblemente de la calle Corrientes. Algún bar lleno de humo de cigarrillos y de jóvenes que escuchaban a los poetas deletrear palabras entre sus amores y las revoluciones, historias de personas comunes y no tanto, en esos bares de bohemia y poesía.

Primero fue titiritero con Fernando Birri y su primera mujer en el grupo El Retablo de Bartolo. Pero más que nada era poeta y se dedicó a la poesía: en los ’50 estuvo en el Movimiento Poesía Buenos Aires y en los ’60 en Zona de Poesía Americana. Aparte de cinco obras de teatro, una novela, dos libros de cuentos, escribe poesía prolíficamente (dejó ocho libros) y lo dice: “Empuñé un arma porque busco la palabra justa”, o como lo dice en otro poema: “Mi confianza se apoya en el profundo desprecio/ por este mundo desgraciado/ Le daré la vida/ para que nada siga como está”.

En esa confluencia de la palabra con la vida, Paco Urondo se incorporó a las FAR, siguiendo de alguna manera los pasos de su hija Claudia. En el final tumultuoso de la dictadura de Lanusse cayó preso y le tocó compartir la misma celda, la noche previa a la liberación del 24 de marzo de 1973, con los tres sobrevivientes de los fusilamientos de Trelew: Alberto Camps, Ricardo Haydar y María Antonia Berger. El militante, el periodista y el poeta que era se unieron esa noche y de allí salió el libro La patria fusilada.

Paco participó en los proyectos de prensa de Montoneros, pero en 1976 fue enviado a Mendoza. Su amigo Rodolfo Walsh comentó luego su muerte: “El traslado de Paco a Mendoza fue un error. Cuyo era una sangría permanente desde 1975, nunca se la pudo mantener en pie. El Paco duró pocas semanas... Fue temiendo lo que sucedió. Hubo un encuentro con un vehículo enemigo, una persecución de los dos coches a la par...” Tras esa larga persecución y tiroteo, una de sus acompañantes pudo escapar, su esposa Alicia fue secuestrada y desaparecida y a él le dieron dos tiros en la cabeza.

FOTO DE NOTICIAS - HORACERO
Oso Smoje, Juan Gelman, Paco Urondo (Diario Noticias, 1973)

Lo que él escribió sobre él mismo

Personalmente él mismo hizo su relato de su niñez y adolescencia en una entrevista periodística que le hicieron (diario "La Razón" de Buenos Aires, 28 de octubre de 1962).

Dice al respecto: "Puedo contar que tuve un perro y que me encantaba jugar con espadas. Nada más. Iba ’armado’ con alfileres a las fiestas de chicos para pinchar globos. Leía a Alejandro Dumas y la Historia de Cantú.

A los quince años me tuvieron que operar de una pierna y al tener que permanecer en cama me entretuve con la Comedia Humana.

Los resultados están a la vista: soy un paranoico. Pero sí con su moraleja: siempre conviene enfermarse de un pie para leer a Balzac. Un héroe de aquel momento para mí era Humphrey Bogart… Y agrega: la mujer ideal era Bette Davis o Judy Garland… -aclara Urondo, con ese aire de muchacho del 900 que lo caracteriza-.

Además estaba impresionado con la muerte de Gardel o con la del general Risso Patrón a quien mataron a la entrada de un comicio y por la espalda.

Aunque me ocurría de no tener muchos amigos, los duelos criollos, que alguna vez improvisé, eran con cortaplumas.

Yo tenía 12 años y en mi casa se escuchaba ópera. La detestaba porque me convertía en algo pasivo y no la quería ver. A Stravinsky lo llegué a odiar… me encantaba la natación.

La mayor fiesta eran las tormentas de verano. Nos íbamos al río, subiéndonos un grupo a una "piragua". Siempre repetíamos lo mismo: al darse vuelta teníamos la necesidad de traerla a la rastra."

Luego al ser interrogado si había realizado alguna actividad teatral, contestó: "a los 19 años hacía títeres y marionetas. Fue el comienzo de mi labor literaria. En el Colegio Nacional tenía como celador a Miguel Brascó –dibujante y abogado-: era un poco mayor que yo y su cultura tenía bases más sólidas.

Por ejemplo me enseñaba que la palabra ‘azul’ no había que usarla… ya lo había hecho Darío… después comencé a vivir el clima universitario. Mi padre lo era. Esto influyó mucho en mi formación. Recuerdo junto a él, con mi hermana íbamos a un laboratorio donde el doctor Damianovich mostraba un tubo de goma y después de no se sabe qué pases mágicos, lo convertía en vidrio. Eso me maravillaba. Quizá por lo mismo inicié estudios de química y matemáticas. Pero cuanta carrera universitaria comenzaba la dejaba inmediatamente.

En el 45, siendo mi padre vicedecano y decano Babini en la facultad de Química, hubo un lío tremendo y pusieron presos a todas las altas autoridades. Mi padre mandó a cerrar la facultad y poner la bandera a media asta.

Mientras acompañábamos a los presos hasta el celular nos molieron a palos. Mi padre estaba en una casa que quedaba en la acera de enfrente al edificio universitario. El lugar estaba ocupado por la policía.

Recuerdo que lo ví cruzar la calle con una gran emoción, pero no le hicieron nada. En el clima de la adolescencia aquel hecho fue muy significativo: tuve una real sensación de riesgo, sensación que en este país no he logrado perder…"

[Del libro Hermano, Paco Urondo]

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