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Libertad Vs. Libertad

El asociar la idea de libertad al consumo de objetos y alentar un endeudamiento que concrete ese consumo, es una manifiesta cruzada que el neoliberalismo viene dando desde hace años.

Opinión 24 de mayo de 2021 Antonio MIguel Yapur
CONSUMO
La libertad individual asociada al consumo

Por Antonio MIguel Yapur

Cuando decidí escribir sobre la palabra Libertad, tan excitada en estos tiempos inclusive por algunos sectores que desde hace más de doscientos años se ocuparon en reprimirla, hice un juego: la escribí en un navegador. Rápidamente me devolvió en los 20 primeros resultados vínculos relacionados a hipermercados multinacionales y a otros comercios y negocios que utilizaban o se apodaban con esta palabra. 

Luego me detuve en observar las imágenes relacionadas con la palabra Libertad, las primeras en aparecer hacían referencia a las rupturas de ataduras o cadenas de personas individuales, algunas pocas describían la libertad de colectivos sociales y muchas otras se referían a la libertad de consumo, de comprar o de pagar objetos. Simbolizaban a la libertad en el acotado espacio consumista y lo mostraban como emblema de liberación y felicidad suministradas por plataformas de compras y ventas. 

Las imágenes significaban un tránsito hacia esa felicidad, más aún si eres poseedor de tarjetas de crédito o de teléfonos celulares con QR.

Por supuesto que al querer investigar sobre los significados y orígenes históricos de la libertad, tenía que poner en el navegador distintas palabras que la acompañaran para que me devolviese otras alternativas o conceptos. 

El asociar la idea de libertad al consumo de objetos y a su vez alentar un endeudamiento que concrete ese consumo, es una manifiesta cruzada que el neoliberalismo viene dando desde hace años para instalar en la subjetividad humana al consumismo como única puerta hacia una ilusión de bienestar, felicidad y liberación. 

Las empresas y los empresarios al fijar el precio de los objetos que venden, no los relacionan únicamente con sus costos reales y ganancias racionales. Son formados a través de estudios de mercado que deciden cuales emociones humanas pueden transformar un objeto en una necesidad y si además es posible hacerlo percibir como imprescindible. En base a ello establecen los precios y las herramientas financieras de endeudamiento para adquirirlo. 

La representación de la libertad individual como un valor superior y absoluto, es también un objeto de cambio oneroso y las acciones para someterla al consumo tienden a transmutar al ser humano en un mero objeto, que no pueda pensarse a sí mismo como un sujeto social y en lo posible limitarlo a la acotada capacidad de elegir por una u otra cosa a adquirir.

Esta noción reduccionista de libertad, también provoca en el humano una actitud de impotencia ante ese monstruo vendedor de objetos “innovadores” que es la empresa neoliberal. Lo sume a un estado de resignación ante las circunstancias de su vida. 

El ser humano en ese concepto de libertad es un actor que resuelve sus insatisfacciones, ansiedades, carencias económicas y afectivas comprando objetos. Ello le proporciona un bienestar instantáneo y le hace decir “y bueno me lo merezco”, aunque ese merecimiento le implique 24 o 48 meses de padecimientos para pagar ese objeto que le proporcionó quizás no más de 48 horas de satisfacción. Luego retornan sus insatisfacciones, ansiedades, carencias y quizás aumentadas.

La empresa neoliberal lucra con las emociones del ser humano, tal es ese lucro que en sus estructuras de negocios suelen tener departamentos de cultura. Estas empresas desarrollan culturalmente el endeudamiento, ellas necesitan tener al ser humano endeudado.

Es también ese mismo ser humano de la contemporaneidad neoliberal que suele pedir libertad, libertad y dice “a mí nadie me puede impedir que yo haga lo que quiera, soy libre”. 

Por ejemplo, en época de pandemia esa libertad es rebelarse a la solidaria necesidad del cuidado social, él relaciona a ese cuidado social con una situación de represión institucional sobre su libertad individual. 

La empresa neoliberal alienta esa situación, pues ella necesita de esos humanos en “libertad” para reproducir su capital y conocen que la enfermedad y su reproducción social le originan ganancias y como también sus muertes. 

En situaciones como ésta, la libertad individual es un camino hacia una muerte colectiva. La libertad individual solo puede existir en un marco de libertad colectiva y de convivencia social.

Que la derecha y la ultraderecha política se beneficien y usen a la palabra libertad  como bandera, es harina de otro costal porque ellos nunca debaten ideas, pues su eje es el pragmatismo económico aplicado a hechos políticos. Tienen un único proyecto, un mundo donde ellos son sus dueños y nosotros sus esclavos. Entonces hoy la palabra libertad es una buena creadora de ganancias.

La ultraderecha y su entorno de influencia sólo usan palabras o consignas despojadas de contenido. Libertad es una de ellas. Para ellos es solo una Apps para la acción como por ejemplo, para destituir gobiernos populares que limitan sus voracidades de incesantes acumulación de capital. 

Las estructuras políticas y de acción de las derechas y ultraderechas son una copia fiel de sus sistemas de negocios, poseen un orden jerárquico  vertical y autoritario. Observen que esta misma jerarquía es aplicada en organizaciones relacionadas con el narcotráfico, la trata de personas o el tráfico de armas. 

Ellos funcionan con parámetros de convivencia en la medida que sus súbditos cumplan órdenes, sino sobreviene la “vendetta”. Sus sistemas de acción política son un holograma de éste estilo de organizaciones inclusive las tan mentadas iglesias pentecostales. 

El neoliberalismo saca enseñanzas, aprende del cristianismo. Lo más enérgico es el dogma, su diseminación e imposición cultural. Las iglesias cristianas tras siglos de predominancia normalizaron una cultura aferrada a la creencia y al castigo. 

El neoliberalismo se propone reemplazar esa creencia religiosa por el dogma de la libertad de consumo. Su plan no es temporal, es de proyección histórica.

Por ello no es caprichosa la acción del grupo mediático dirigido por el inescrupuloso Magnetto que obliga al Poder Judicial a imponer su libertad de empresa violando no solo una decisión política soberana de un gobierno, sino también los derechos de miles de ciudadanos obligándolos a que les transfieran sus dineros. 

El concepto central es que las empresas son el poder permanente y los gobiernos, electos o no, son el poder temporal (Documento Santa Fe II EEUU). Para estos grupos corporativos el Estado y sus gobiernos no tienen autoridad para controlar sus actividades empresariales. Para ellos el Estado es, en la medida en que los beneficie.

Tampoco es trivial que a las decisiones políticas las transformen en eventos  judiciales. Las estructuras de la justicia en Argentina, como en otros países de América, son la herramienta de coacción que utiliza la derecha y ultraderecha político empresarial.

Los poderes judiciales son estructuras aristocráticas, conservadoras y  verticales, es exactamente lo que necesita el totalitarismo empresarial actual. Es necesario castigar sin importar la provisión de justicia. Así actuaban los tribunales inquisitoriales que proveían castigo bajo el mote de justicia divina.

Un ejemplo notable es el Tribunal Supremo de la Provincia de Santa Fe que tiene jueces inamovibles desde hace más de 15 años. Ellos emulan a las eternas dinastías europeas y así cuidan los intereses de inundadores, sojeros, exportadores clandestinos, empresarios portuarios, ganaderos furtivos y encomiendan sus actos al Cristo Crucificado tal como lo exponen en su salón principal, son una viva señal perseverada de la justicia inquisitorial. Por supuesto que ellos no tienen esa exclusividad en relación al resto de los estratos judiciales del país.

Y el Supremo Tribunal de la Nación es el referente más fiel del poder dominante, un presidente operador de la principal empresa mediática del país, una jueza que canjeó su dignidad por unos añitos más de sueldo, un rafaelino que negoció la impunidad de sus trapos sucios y el resto; juegan el rol de inocuos oportunistas.

Al decir de Jorge Alemán “La palabra Libertad es el nuevo Caballo de Troya de la ultraderecha”.

/ Horacero

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