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Neoliberalismo vs. Capitalismo o ¿su fase despótica? 

Una de las razones de la supervivencia del sistema capitalista es haber convencido a la ciudadanía de sus bondades. Antes resolvía sus crisis con guerras, ahora apelando a lo simbólico.

Opinión 27 de junio de 2021 Antonio Miguel Yapur*
NEOLIBERALISMO
Ilustración "El Ciudadano" - Chile

Antonio Miguel YapurPor Antonio Miguel Yapur*

ACERCA DEL ¿QUÉ HACER?:

“Deberíamos considerar a las correlaciones de fuerza actuales

no solo como una realidad a ser tenida en cuenta 

sino también como una realidad a ser construida 

y para seguirlo haciendo hacia el futuro.”

Pepe Ferrari

Estos títulos intentan reflejar contradicciones y posibilidades de descifrar confusiones. 

Podríamos afirmar que el neoliberalismo es una necesidad creada por el sistema capitalista para resolver sus crisis de acumulación de capital. Pero, es pensable para otros como un modelo despótico que poco tiene que ver con el modelo capitalista.

Así como, en antaño esas crisis se resolvían engendrando guerras como las del siglo pasado, hoy el sistema ha acumulado experiencia y aprendido que a estas formas de violencia es necesario escoltarlas con otras herramientas como las ideológicas, simbólicas y culturales. Así aseguran y persuaden a multitudes en la inevitable necesidad de atesorar las riquezas del mundo, en unas pocas manos. 

El hacer creer que el neoliberalismo es un sistema de acumulación diferente al del capitalismo es una máscara para que no se cuestione su esencia, es decir al propio sistema capitalista.

Es evidente que esta etapa está llevando al planeta no solo a la destrucción de la vida, sino además a la sujeción de la subjetividad, de los sueños y de los proyectos. Tal es así que ya es habitual escuchar en muchas personas que “sería bueno para el planeta que los seres humanos nos extingamos. Quizás así sea beneficioso para la vida de las otras especies”. 

Este subterfugio de poner en el centro de la culpabilidad a la especie humana es también parte de la misma retórica; sacar del eje al causante esencial de la hecatombe que es el propio sistema capitalista.

Un amigo, compañero, militante social, incesante pensador, conocido por muchos como Pepe Ferrari aclara que “lamentablemente estamos viviendo en un sistema que si lo comparamos como una casa vieja, es una casa que hay que demoler y, considerándola dentro del concepto de neoliberalismo, la podemos arreglar o la vamos a pintar, a retocar para seguir viviendo en esa casa un poco más, hasta que de vuelta haya que retocarla y, que por ahí se cae en pedazos y así eternamente” y continuaba, “en cambio si consideramos que a la casa hay que destruirla, los que pensamos así, sabemos que seguimos viviendo en esa casa vieja. ¿Entonces, qué podemos hacer mientras tanto?, se pueden ir haciendo los ladrillos para una casa nueva, se puede ir preparando la dinamita para el momento en que haya que darle el golpe final, se pueden ir haciendo los planos de una casa nueva.”

Y luego decisivamente afirma que “Es muy distinto vivir en una casa vieja donde uno la arregla un poco para que sea habitable pero con el proyecto de que el día de mañana haya que destruirla, demolerla, antes que vivir confiado en que esa casa puede seguir andando.” 

Así, en la historia reciente hemos observado que por más de una década transcurrieron experiencias de gobiernos populares en América. Gobiernos que persiguieron un objetivo eje; profundamente humano, lograr una redistribución de la riqueza que permita una mejor calidad de vida en los sectores populares, fueron gobiernos que recuperaron derechos como los de educación, vivienda y salud entre otros. 

Estuvieron encabezados por luchadores populares como Lula en Brasil, Chávez en Venezuela, Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Lugo en Paraguay, Correa en Ecuador, Mujica en Uruguay, Zelaya en Honduras, Ortega en Nicaragua y la señera Cuba de la Revolución.

No obstante la mayoría de estos gobiernos fueron abatidos por esta “democracia capitalista” diseñada desde los países centrales del norte americano y europeo. El sistema no tolera ni siquiera que le hagan cosquillas en las orillas de sus bolsillos.

Esto es interesante tenerlo en cuenta, pues tiene incidencia en la vida y esperanza de nuestros pueblos. Cualquier proyecto electoral que se sostenga en una estrategia de mejorar y humanizar el capitalismo, corre el riesgo de ser destruido en un breve período de tiempo, tal como pasó en varios de los recientes gobiernos populares latinoamericanos.

En cambio aquellos otros proyectos que han destruido los pedestales del capitalismo, tienen la chance de perdurar en el tiempo para reafirmar un verdadero propósito revolucionario, humano y ecológico.

Un ejemplo claro es Cuba, a pesar de las agresiones diarias de EEUU, sostienen y materializan los principios revolucionarios que le dieron origen. 

Los dueños del poder no cesan en la agresión hacia el pueblo cubano simplemente porque su ejemplo los pone en peligro. El pueblo cubano muestra que es posible una vida mejor en un sistema no capitalista.

Con otras características también podemos decir que Venezuela y Nicaragua caminan por un sendero diferente y propio al de este modelo de vida “occidental”.

Se puede, se puede

Se puede vivir en una sociedad capitalista padeciendo desde el nacimiento hasta la muerte, soportando las crisis cíclicas de transferencias de riquezas.

Se puede aspirar a ser exitoso y a tener una vida de lujos como la de los millonarios mientras en el cada día, se deambula como un objeto para conseguir un mendrugo. 

Se puede vivir y morir así, siendo un objeto de ganancia, un consumidor compulsivo, un comprador de píldoras para no parar de trabajar, hasta se puede ser un muerto que produce de lucros.

Si, y también se puede reproducir ese modo de vida en nuestros hijos y nietos. Así los vamos preparando para que sean objetos del dividendo futuro de los dueños de los medios de producción.

¿Existe alguna esperanza? 

Y sí, es una esperanza colectiva, ecológica e imprescindiblemente sustentable aunque no en el sentido económico sino en la necesidad de hacer vivible el planeta para las actuales y futuras generaciones. 

Es una esperanza que debe incluir a los humanos junto al resto de toda la vida en el planeta. 

Es también una esperanza humana aunque para algunos sea muy molesta y quizás muchos tengan que romper el cascarón y empezar a reaprender la necesidad del compartir.

Es una esperanza donde será necesario entender entre nosotros que debemos reemplazar la base de sustentación del capitalismo, que es la propiedad privada de los medios de producción, por la propiedad de producción colectiva sobre ellos. 

También convencernos que la pobreza, la desocupación y la miseria, que aparecen como “imprescindibles designios divinos”, son construcciones interesadas, pues simplemente son el diseño de éste sistema, que condena a humanos y no humanos al sufrimiento de por vida. 

También es una esperanza en que la prosperidad de una sociedad no esté radicada solo en la acumulación de objetos y riquezas resignando los tiempos diarios de ocio, de descanso, de estudio, de pensar en el bienestar presente y futuro.

Es preciso darse cuenta que quienes tienen la esclavitud de creerse libres por imposición de sus esclavizadores, tienen el desconsuelo de estar sometidos.

*Antonio Yapur, Ingeniero - Ex Profesor Universitario / Columnista de HORACERO.

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