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La Democracia, la democracia

La democracia que suelen proclamar los países centrales protege a gobiernos violentos como los de Colombia y Brasil, mientras violentan a los pueblos de Nicaragua, Cuba y Venezuela.

Opinión 25 de julio de 2021 Antonio Miguel Yapur
democracia
La bandera de la democracia como argumento del neoliberalismo

Antonio Miguel YapurEscribe Antonio Miguel Yapur

“El poder brinda una oportunidad a lo imposible. 

A partir de hoy y en lo sucesivo, 

mi libertad dejará de tener límites” 

Calígula, Albert Camus

 

La Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) condenó nuevamente el bloqueo que Estados Unidos desde 1962  impuso a Cuba. 

Durante 29 Asambleas Generales la gran mayoría de los países del mundo votaron por el levantamiento de este bloqueo.

En esta última asamblea, 184 países apoyaron a la pequeña isla, dos votaron en contra, EEUU e Israel, y tres países se abstuvieron: Colombia, Brasil y Ucrania.

Las democracias que rigen la vida política de Israel y EE.UU. lideran todo tipo de agresiones a los pueblos del mundo, intervienen militarmente, asesinan, encarcelan y torturan donde ellos pisan. Son la moderna barbarie, que la podemos referenciar en antaño, con Atilas, el rey de los hunos.

La democracia sionista de ultraderecha que gobierna Israel está exterminando al pueblo de Palestina y la democracia norteamericana -instigadora y ejecutora de invasiones y operaciones de agresión a pueblos y países- es en los hechos una plutocracia empresarial. 

Israel es al imperio norteamericano lo que Herodes fue al imperio romano, las diferencias históricas son sólo detalles de época.

La democracia en Colombia se abstuvo en señal de sumisión a su amo del norte, es el régimen  que en todo el continente ejerce la mayor violencia estatal sobre su pueblo. Es una democracia que alienta a bandas paraestatales y que desde 2016 asesinó a 2017 líderes y lideresas sociales. En 2021 llevan 101 asesinatos. 

Y se abstuvo el gobierno de Brasil. Bolsonaro es un militar adoctrinado por las iglesias pentecostales que están subsidiadas por la agencia norteamericana USAID. Funciona una perversa democracia donde gobiernan en alianza sectores de las fuerzas armadas, las iglesias subsidiadas por la USAID y del poder económico concentrado.

En Ucrania la democracia es el medio para ejercer un poder totalitario que sostiene un enclave bélico estratégico de EE.UU. en Europa, como forma de obstaculizar la “influencia” rusa y la construcción del gasoducto con que Rusia abastecerá a Alemania y a otros países. 

No obstante EE.UU. argumenta que “Las sanciones son un solo grupo de herramientas en nuestro esfuerzo más amplio hacia Cuba para que progrese la democracia, se respeten los derechos humanos y se ayude al pueblo cubano a ejercer las libertades fundamentales escritas en la Declaración Universal de Derechos Humanos”. Mientras tanto sostiene en Guantánamo (territorio cubano) una cárcel mundial donde torturan y matan a cualquier opositor del mundo que constituya según sus particulares criterios un “peligro a la democracia”.

Lo funesto de este argumento impide tomarlo como cómico. La historia de invasiones y asesinatos norteamericanos fueron las constantes de esta democracia capitalista que en un tiempo solían apodarla “modo de vida americano” aunque ahora ya no.

Este modelo de democracia protege a gobiernos violentos como el de Colombia, Brasil mientras violentan a pueblos con gobiernos populares como Nicaragua, Cuba y Venezuela.

O como a Haití, que no se le perdona ser un pueblo libertario, ser el primer pueblo americano en proclamar su independencia en 1804, no le perdonan ser la primera República Negra del Mundo y haber abolido la esclavitud. 

La democracia norteamericana pretende que Haití sea la muestra del futuro que le tocaría a cualquier pueblo en rebeldía.

Democracia o Democracias

Para las estrategias de dominio en esta fase neoliberal del capitalismo, es necesario hacer creer que existe una democracia única, la democracia capitalista, la que da certidumbre a un pequeño grupo de privilegiados, la democracia que protege sus riquezas y privilegios.

Es necesario pensar entre nosotros que existen otros modelos de democracia. Quizás sea interesante ver en qué consisten el modelo el cubano.

Cuba es declarada por los cubanos como un Estado Socialista en 1961 y es una democracia popular. 

En el sistema electoral cubano todos los ciudadanos con capacidad legal para ser electos, tienen derecho a intervenir en la dirección del Estado. El proceso de proponer y elegir a los candidatos lo realiza el propio pueblo. Ni el Partido Comunista de Cuba, ni ninguna otra organización pueden ejercer ese derecho.

El voto es libre, igual, secreto y cada elector tiene derecho a un solo voto. Para ser elegidos a cargos públicos se debe tener más de 16 años y para Diputados a la Asamblea Nacional, 18 años.

La ley prohíbe a los candidatos a realizar propaganda de cualquier tipo. Sus méritos y sus virtudes son expuestos en una biografía que se coloca en lugares públicos. 

Es obligación de que todos los electos lo sean por mayoría, es decir por más del 50% de los votos emitidos. Los ciudadanos elegidos a cualquier cargo de gobierno (local, provincial o nacional) no perciben un sueldo específico, sino que mantienen el salario que tenían en su trabajo previo y luego de finalizado el mandato regresan a su antiguo trabajo.

Mientras dure el mandato la ley los obliga a convocar por lo menos dos veces al año a una asamblea de rendición de cuentas ante sus electores y si estos consideran que no está cumpliendo bien sus tareas, pueden revocarlo y exigir una nueva elección.

Un claro ejemplo del buen funcionamiento de la democracia cubana es la alta participación del pueblo en las elecciones. El promedio de participación electoral interanual es mayor al 95%.

La Democracia, la democracia, bis, bis

Estamos entrampados en un dilema digno de Milton Friedman, el enunciar que la democracia capitalista es perfectible y que no hay otra.

Quizás sea interesante reflexionar y preguntar acerca del porqué (por ejemplo) durante años en Afganistán han fracasado los modelos de “democratización”, sean ellas socialistas u occidentales. Quizás no sea tan sencillo responderlo, pero seguramente sí podríamos afirmar que la existencia de 50 tribus y etnias que lo conforman como país, podría ser por lo menos, una de las causas. 

Querer  aplicar en el mundo un modelo único de democracia es la forma política de colonizar a las naciones y países para sostener un modelo de sociedad, el capitalista. Desde este punto de vista, la democracia así concebida es una herramienta de colonización.

¿Y nosotros?

Nuestra historia está signada por gobiernos de todo tipo, varios de ellos no nos honraron. La oligarquía originada en los albores de nuestra historia como país, bregó para que Argentina sea una gran estancia y donde ellos fuesen los patrones.

A través de nuestros 200 años, esta gentuza desabasteció y boicoteó a San Martín, abandonó a Belgrano, asesinó a Güemes y a líderes y lideresas para seguir actuando a través de Roca y Sarmiento. En el siglo pasado utilizaron a las Fuerzas Armadas como punta de lanza para liquidar gobiernos y movimientos populares.

En la actualidad ese poder ya no necesita de un emisario militar pues los sicarios del imperio se constituyeron en fuerza política y mediática con el objetivo de jugar en esta democracia para seguir sosteniendo el mismo concepto, un país privado donde ellos son los dueños. 

Un objetivo central del golpe cívico, eclesiástico, militar en 1976 fue la eliminación de más de 30.000 cuadros políticos populares. Para ellos era necesario, pues la derecha y la ultraderecha venían educando a sus cuadros en Harvard y otras universidades privadas para reemplazarlos. 

Los sectores populares fuimos devastados de dirigentes, cuadros políticos y militantes, en tanto la derecha empezó a insertar estratégicamente a los suyos con varios objetivos, entre ellos: imponer el sistema capitalista neoliberal y minar al sistema democrático argentino desde sus comienzos.

Hoy podemos ver que una mayoría de dirigentes políticos electos no cuestionan las prácticas antidemocráticas de la derecha, sino que las asimilan como “parte del juego democrático”. 

Así un presidente electo elimina por decreto a una ley consensuada y aprobada por una mayoría popular y ante esto, solo emerge un silencio de cementerio. Me refiero a la ley de medios como un ejemplo significativo de la múltiple variedad de leyes populares que excluyeron durante su gobierno.

Lo destacado de todo ello es que esos dirigentes avalan prácticas antidemocráticas como si fueran democráticas o silencian el quebrantamiento de leyes populares como si nunca hubieran sido construidas y aprobadas por un debate amplio y popular. 

Utilizan un artificio como el de dar quórum en las sesiones parlamentarias para permitir aprobar leyes antipopulares, aunque luego ellos las voten en contra, se abstengan o se retiren del recinto. A eso le llaman juego democrático o dar gobernabilidad, en este caso a un gobierno antipopular como el que encabezó Macri.

Gran parte de los dirigentes políticos del campo popular descartaron de sus discursos y sus análisis palabras como imperialismo, soberanía u otras que signan por un país autónomo y no dependiente. 

Y no porque el imperialismo haya dejado de existir, pues está vivito y goza de muy buena salud, sino porque están colonizados culturalmente y se adecuan al aparato ideológico del capitalismo neoliberal, temen que sacar el pie del plato, los condene en su “futuro político”.

Gran parte de nuestros dirigentes del campo popular no están dispuestos a militar una construcción política anticapitalista. Dicen que la política es el arte de lo posible, el arte de gestionar el bienestar de la gente. No se animan a decir que la política es el noble acto de lograr lo imposible. No están dispuestos a dar batalla al aparato cultural del capitalismo. Quizás están individualmente cómodos en ese lugar.

Ahí está puesta la democracia capitalista, en el lugar para la que fue diseñada en los documentos Santa Fe II (de EEUU), una democracia que defienda los derechos de los poderosos y ello exige que los cuadros políticos, económicos y culturales deben actuar sólo dentro del cerco que ellos marcan, sino quedan fuera del sistema. 

Más aún, mientras no salten el boyero, les permiten llamarse progresistas o de izquierda.

No se trata de ser antidemocrático sino de no seguir creyendo que la única democracia es la democracia capitalista occidental, pues ella está en un franco proceso de transformación a una plutocracia globalizada. No sería ético ser cómplice.

Antonio Yapur para HORACERO

 

 

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