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Cuando esta democracia no alcanza...

¿Cuáles son los límites de la democracia para efectuar cambios profundos? Es el planteo de esta columna de opinión que lejos de denostar "lo político", propicia políticas menos injustas.

Opinión 29 de septiembre de 2021 Antonio Miguel Yapur*
EL EMBUDO
"El embudo por el que se llevan nuestros recursos naturales" - Marcelo Berbel

Antonio Miguel YapurPor Antonio Miguel Yapur*

"El poder de un intelectual, 

es cambiar algo en el espíritu de la gente"

Michel Foucault

El federalismo unitario

Los que tenemos memoria e historia de vida solemos estimular nuestros sentidos y percibir cómo en nuestra América (la que no fue colonizada por los anglosajones), este estilo de democracia podría ser defendible. 

Deberíamos ponerla en un lugar crítico para mejorarla y que represente los diversos estilos de vida y la multiplicidad de intereses de las comunidades que la anidamos. 

Durante casi todo el siglo XX hemos padecido ciclos de golpes de Estado donde los militares eran maniquíes de los verdaderos instigadores políticos que pertenecían, al decir de ellos a "la civilidad" y al religioso mundo "occidental y cristiano". 

Sus políticas fueron sin excepción utilizar el garrote para el enriquecimiento de un sector oligárquico que accionaba desde la Sociedad Rural Argentina y desde Buenos Aires. Se apropiaron de nuestro territorio, más aún desde que la ciudad se incorporó a la Constitución de 1853.

Desde las provincias padecemos el tener que vivir en un país extremadamente unitario, tan unitario que en la actualidad la centralidad de las actividades económicas, políticas, sociales, culturales pasa indefectiblemente y primero por la Ciudad de Buenos Aires. 

Solemos decir “dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires”.

Hechos narrados

En una oportunidad y ante el aumento inexplicable de los precios de un producto tan argentino como la yerba mate, un grupo de habitantes de los distritos costeros santafesinos decidimos comprarla en forma comunitaria.

Buscamos vendedores entre las cooperativas yerbateras de la provincia de Misiones y en cuanto encontramos a varias de ellas, nos comunicamos con cada una para concretar una compra; en todas ellas y por unanimidad nos contestaron que debíamos comprar a sus distribuidores en la Ciudad de Buenos Aires.

A todos les hicimos la misma pregunta, ¿Por qué?

Casi al unísono nos contestaron que era por la trazabilidad.

Ello significa que el productor de yerba de Misiones tenía que enviar sus productos a la Ciudad de Buenos Aires y luego desde ahí, recién la podrían vender al resto del país.

Es decir que la yerba debía trasladarse más de 1.100 kilómetros desde Misiones hasta la Capital, luego otros 650 Km. para llegar, en este caso, a San José del Rincón, Colastiné o Arroyo Leyes.

En forma idéntica podemos investigar cualquier viaje en avión que queramos hacer. 

Vamos a suponer que desde Santa Fe deseamos ir en avión a la ciudad de Tucumán, entonces el trayecto sería desde el aeropuerto de Sauce Viejo a Aeroparque (aeropuerto de la Ciudad de Buenos Aires) y luego desde ahí hacia Tucumán. 

Casi seguro que deberíamos agregar a nuestros gastos, una noche de dormitorio en la ciudad Capital, por lo menos dos viajes en taxi, una cena y quizás un desayuno.

Como mínimo viajaríamos 650 Km hasta Buenos Aires, luego 1.250 Km. hasta Tucumán y la misma cantidad de regreso. Es decir, casi 4.000 Km. en total cuando la distancia desde Santa Fe a Tucumán en ruta es de 650 Km.

El ombligo de una persona se corta al nacer para desprenderlo vitalmente de la madre. A partir de allí cada uno tiene su propia vida.

El ombligo que la clase dominante de Ciudad de Buenos Aires creó con el resto del país, no es consecuencia de un embarazo deseado, sino de la construcción histórica de una violación, la de una clase social que entiende a nuestro país como su propiedad privada. 

Se adueñan de tierra y vida en todo el territorio nacional y a su vez erigen y gobiernan una City (al decir de ellos) que les permita vivir con sus privilegios sin límite alguno.

La ciudad de Buenos Aires está cada vez más deshabitada y eso no es una elección del pueblo porteño sino una imposición clasista. 

Esa mínima cantidad de ricos construyen para ellos “una bella y perfecta ciudad para habitar”, una Metrópolis exclusiva para los que se consideran dueños de la Argentina y desde ahí, trasladarse fácilmente a las otras Metrópolis del mundo. 

Entonces no es casual que en la Ciudad de Buenos Aires sus “jefes de gobierno” destruyan los espacios verdes y privaticen las zonas costeras con “hermosos” edificios vacíos.

El proyecto neoconservador es afianzar a Buenos Aires como la ciudad unitaria de un país avasallado. No solo pretenden ser dueños de tierras y riquezas, sino además de cuerpos y almas.

La democracia feudal

Cuando se reinició el ciclo democrático en nuestro país, el presidente Ricardo Alfonsín dijo “con la democracia se come, se educa y se cura”, en aquel momento el primer presidente de la nueva era democrática proponía con mucha claridad los ejes que él concebía como imprescindibles para una democracia. Que el pueblo pueda tener una vida cotidiana digna, en comunidad y libertad.

Pero en cuanto propuso trasladar la Capital del país para federalizarlo, el armisticio de la clase dominante se terminó, ellos comenzaron una guerra contra nuestra democracia incipiente.

Luego de 35 años, este sistema democrático se fue deteriorando, en la actualidad nuestra alimentación está en manos de 3 multinacionales, el salario, el trabajo, la salud y la educación se fueron alejando del bienestar popular, es más, están en peligro de desaparición.

El capitalismo neoliberal está logrando su utopía en nuestra patria. Es la cimentación de un feudalismo seudodemocrático moderno donde el poder quede centralizado en un grupo pequeño de familias y empresas.

A su alrededor mantienen a una porción social de aparente privilegio que les juran fidelidad, serían los vasallos de antaño, los operadores empresariales, políticos, económicos, sociales, religiosos, comunicacionales que se ocupan de administrar sus intereses en forma integral a cambio de ciertas dispensas.

Y el resto de la población seríamos los siervos. Solo debemos tributarle a ese poder dominante. Seríamos los descartables, los “carne de cañón” para sus operaciones de acumulación de feudos.

En este marco es que ellos utilizan a esta democracia y lo harán mientras les sea funcional a sus intereses.

Por eso con esta democracia no es suficiente, tiene baches profundos en los cuales solo caemos los sectores populares.

El territorio argentino está privatizado, los habitantes de ese territorio en los hechos, vivimos de prestado. A los ejemplos los poseemos cotidianamente:

Los cultivos están acaparados por un grupo pequeño de empresas, las mismas que fumigan con agrotóxicos y enferman a nuestras poblaciones.

Los alimentos están monopolizados por 3 o 4 empresas multinacionales y distribuidos por unas pocas cadenas de supermercados. Entre ellos dictan cómo tenemos que alimentarnos los argentinos y a qué precio debemos hacerlo.

Las reservas de aguas subterráneas son pertenencia de pocos empresarios argentinos o extranjeros. Casi los mismos que poseen grandes extensiones de tierras.

Los puertos son privados o privatizados. Por él entran sin control mercaderías de todo tipo y también fugan sin control la producción agroindustrial y minera del país.

La gran mayoría de los medios comunicacionales y empresas mediáticas están en manos de esos mismos intereses económicos y los usan como arma de guerra. Nos inculcan que nuestro enemigo es el pobre, el negro o el vecino mientras los saqueadores son invisibilizados o salen impunes de toda acusación.

Todo ello es solo para nombrar algunos de los aspectos por los cuales nuestras riquezas y nuestros valores son apropiadas por unos pocos.

El ser electo no implica ser democrático

Los Diputados y Senadores son electos a través de un sistema electoral que no representa la real situación de lo que nos pasa como pueblo argentino.

Muchos de ellos invierten cuantiosas sumas de dinero en campañas electorales, en operaciones mediáticas y en promesas para lograr nuestros votos y luego legislan para los señores feudales o para las estrategias imperiales. 

Las iglesias católicas, evangélicas y cristianas de cualquier índole aportan su experiencia en la manipulación de las creencias humanas. 

En la actualidad un lugar destacado lo ocupan las iglesias cristianas evangélicas pentecostales. Ellas están “subsidiadas” por la USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional). Reciben cientos de miles de dólares para hacernos creer que la salvación está en los designios milagrosos de sus pastores avenidos a candidatos electorales.

Estas iglesias licuan sus visiones diferentes de la fe cuando se unen en esos partidos de Dios. Los dólares son un conciliador efectivo. Ellos hacen que Dios sea votado en las urnas, para luego ofrendarnos como sacrílegos.

En otras instancias de fe, también tenemos diputados y senadores que se ejercitan desde sus estrados, en el designio casi divino de iluminar el camino de las multinacionales y los pools de siembra.

En tanto buena cantidad de los que padecemos diariamente las decisiones de esta democracia, se quedan en el molde esperando de las dadivas y migajas que se caen de la mesa de los poderosos.

Consentimos que los jugadores de esta democracia privaticen nuestra democracia.

Por eso necesitamos ir por más democracia. Podríamos hacer algunas propuestas e ir polemizando:

1) Que las campañas electorales se limiten a que los candidatos expongan sus proyectos de gobierno, de país, de provincia, de ciudad, de pueblo, prohibir la propaganda y publicidad electoral.

2) Los medios de comunicación deben estar en manos de cooperativas formadas por sus trabajadores. Queda prohibido que cualquier sociedad comercial no cooperativa sea propietaria de medios. Los actuales medios privados serán cedidos a cooperativas de sus trabajadores y los actuales propietarios serán indemnizados de acuerdo a las posibilidades del Estado. 

3) Los ciudadanos electos para cualquier rango legislativo, ejecutivo o judicial se licenciarán de sus anteriores trabajos mientras ejercen el cargo y luego lo retomarán al finalizar el mandato.

4) No habrá ningún cargo en los poderes Judicial, Legislativo y Ejecutivo que sea vitalicio y los miembros de ellos no gozarán de privilegio alguno.

5) Los salarios de los miembros de los Poderes Judicial, Legislativo y Ejecutivo de cualquier nivel será exactamente el mismo que percibieron en sus anteriores trabajos con un límite máximo que no supere el promedio de salarios del conjunto social.

6) Los legisladores electos tendrán la obligación de revalidar sus mandatos todos los años por medio asambleas públicas en sus distritos electorales. Allí rendirán cuentas de sus proyectos y de sus tareas legislativas o judiciales. Las asambleas tendrán el poder de revocar su mandato.

7) El derecho a la representación legislativa no se hará solo a través de partidos políticos y/o frentes constituidos por ellos, también podrán presentar candidatos las organizaciones sociales no gubernamentales.

8) Quedará derogada cualquier confesionalidad religiosa para ejercer o ser candidato de cualquier cargo en cualquier instancia de gobierno.

9) La Constitución Nacional tendrá incorporado en sus artículos que la propiedad de las tierras, el agua y los subsuelos, será exclusiva del Estado y que éste podrá ceder para su uso provisorio a personas o sociedades cooperativas por un período determinado. El agua, la energía y las comunicaciones serán derechos humanos. 

10) Quedará prohibido constitucionalmente que cualquier persona o empresa extranjera sea propietaria de cualquier porción del territorio nacional.

Son simples e incompletas ideas que podríamos proponer para debatir en nuestra sociedad y así profundizar nuestra democracia. Es necesario transformarla en activa, dinámica, rebelde y que se centre en resolver las situaciones populares que nos lleven a un buen vivir.

Democracia, centralismo y saqueo 

En Argentina y en la mayoría de los países de nuestra América soportamos estas democracias palaciegas, de élite que están concentradas en una urbe metropolitana para sostener ese ombligo por donde fluyen los saqueos. 

Una buena parte de los dirigentes políticos no contactan con el pueblo que los eligió y aplican políticas para convencer o satisfacer ese ego palaciego de subyugarse al poderoso.

Que los dirigentes de partidos políticos de derecha y ultra derecha lo hagan, no es novedoso pues ellos emplean políticas para satisfacer a su clase social.

Lo novedoso, o quizás no tanto, es que los gobiernos que dicen pertenecer al campo nacional y popular también lo conciban. Después de un castigo electoral apelan a los argumentos derechosos como el de “poner dinero en el bolsillo” y con ello creer tener ganadas lealtades y elecciones. 

El neoliberalismo compra todo, inclusive subjetividades y voluntades, los que pertenecemos al campo nacional y popular no deberíamos concurrir a ese confesionario.

Los sectores populares necesitamos de un gobierno que promueva ampare y acompañe un proceso de construcción y organización social, precisamos que respeten nuestras identidades políticas, sociales, étnicas y culturales.

Pretendemos gobiernos que estén convencidos política e ideológicamente que el bienestar popular no es solo dinero esporádico en el bolsillo. 

Deben gobernar para que 

  •  la educación pública sea inclusiva gratuita y de excelente calidad,
  • la salud sea un derecho inalienable. Es necesario enfrentar y romper la imposición del actual modelo médico-farmacéutico dominante,
  • entiendan que la salud es también cuidar el medio ambiento, evitar el deterioro de los diferentes hábitats humanos, proteger nuestros ríos y riquezas minerales, evitar el saqueo extractivista,
  • se efectivice el derecho a la vivienda digna y que cada familia argentina tenga su vivienda propia,

Y por supuesto, muchos otros aspectos son los que demandamos de un gobierno. Necesitamos ese arquetipo de Estado y que sus gobiernos lo entiendan de esta manera.

Estas democracias palaciegas son estimuladas para beneficiar al poder fáctico y por ello es que estimulan su aislamiento de los sectores populares. 

No existen gobiernos neutros o equilibrados. No se puede gobernar para “todos”, esa es una verdad de perogrullo para que las élites de palacio justifiquen y sostengan la gobernabilidad de los imprecisos poderes económicos.

Los gobiernos que descreen de la fuerza de un pueblo organizado, terminan cooptados por esa minoría privilegiada o bien, a merced de ellos.

Por ello es que la “amplia avenida del medio”, solo es necesaria para sostener este tipo de democracia palaciega.

Una democracia que no se cimenta en el buen vivir del pueblo no es sustentable y puede ser hasta genocida. Colombia está dando un ejemplo.

*Antonio Yapur - Ingeniero, ex Docente Universitario - Miembro del consejo editor de HoraCero

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