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Murió Miguel Grinberg: "El rock es un instinto"

Murió Miguel Grinberg, pionero de la contracultura argentina. Tenía 84 años y fue una de las figuras fundamentales en los primeros años del rock nacional.

Noticias - Santa Fe 04 de marzo de 2022 Daniel Dussex Daniel Dussex
MIGUEL GRINBERG
Miguel Grinberg, el poeta del rock nacional

Por Daniel Dussex

En tiempos de cambios climáticos, incendios y sequías sin precedentes, una voz profética que alertó a toda una generación sobre estas calamidades cuando muchos las negaban, se nos fue este viernes 4 de marzo.

Es muy difícil encasillar a este ambientalista y poeta contracultural con esas dos etiquetas. Pudimos conversar con él en diferentes ocasiones sobre su extensa trayectoria, atravesada por las causas que supo abrazar con tanta intensidad: la ecología, el rock, la poesía y la libertad.

Alguna vez le preguntamos por esas diferentes temáticas en las que incursionó y nos dijo “se trata de facetas de un mismo prisma”. Y agregó: “La naturaleza humana es polifacética, y mi naturaleza fue dictándome opciones que asumí en la plenitud de sus desafíos.”

La poesía, la literatura y el rock

Cuando muchos escritores en nuestro país miraban para Europa, el joven Miguel que ya tenía pulsión por la escritura, decide mirar lo que estaba ocurriendo en Norteamérica y descubre un movimiento de confluencia poética incipiente. En ese espacio también estaban los poetas beatniks. Dice Grinberg: “Nosotros hacíamos el amor mucho antes que surgieran los Beatles y el movimiento hippie”.

El primer Congreso de la Nueva Solidaridad, así se llamó ese movimiento poético, se hizo en México, en febrero de 1964. El segundo encuentro iba a producirse en Brasil, pero lo abortó el golpe militar y casi 20 años de dictadura. “Recordemos que a partir de 1965 el terrorismo castrense se impuso en gran parte de América Latina. Pero la solidaridad poética jamás se apagó: al despuntar los años ‘90, tuvimos otros dos encuentros análogos: uno convocado por Homero Aridjis en Morelia (México) y otro promovido por Allen Ginsberg en Boulder (Estados Unidos)", señala Grinberg.

MIGUEL GINBERG - HORACERO

Su gusto por el nuevo jazz y el contacto con el movimiento contracultural estadounidense lo acercó a la música sin ser músico. Estuvo en los comienzos del rock nacional en la mítica cueva junto a Moris, Tanguito, Nebbia, Javier Martínez y tantos otros.

Había empezado a hacer periodismo profesional en diario El Mundo y la revista Panorama en los revueltos y bellos años 60. Su deambular era por el Di Tella y los lugares del under artístico, fue así como se topó con los primeros rockeros. A fines de 1966 co-participó en la organización del primer concierto grupal de rock argentino, “Aquí Allá y en Todas Partes" con Moris, Tanguito y The Seasons. Produjo el primer demo de La Cofradía de la Flor Solar. Comenzó un programa de rock por Radio Municipal. Produjo los conciertos de Pescado Rabioso-Artaud en el teatro Astral.

Se definía como rockero “desde la primera ola porque como dijo Spinetta, el rock es un instinto de vida”; y fue la primera persona que historizó el nacimiento del rock nacional en su libro “Cómo vino la mano”, pero lo hizo desde un lugar de privilegio: desde adentro.

Mutantia y la difusión de la Ecología

Una de las experiencias editoriales que más se recuerdan de Miguel Grinberg es la revista Mutantia. Original en su diseño y presentación, fue precursora en la divulgación de temáticas ambientales. Sin embargo, la preocupación por la ecología despuntó mucho antes de Mutantia; en 1969 Miguel Grinberg publicó el primer documento ecologista que se difundió en Buenos Aires. Había descubierto el asunto en 1964 cuando vivía en Nueva York. Al principio, en nuestro país, para los políticos y los medios de comunicación se trataba de un problema que no nos debería preocupar. Era propio de los países desarrollados y no de los nuestros que estaban “en vías de desarrollo”.

Hoy en día, el tema está tan instalado en la opinión pública que hasta las mismas empresas contaminadoras deben ponerse el ropaje de lo ecológico para seguir haciendo negocios. Miguel Grinberg no transó, mantuvo su ideario y denunció la comercialización del mensaje que suelen hacer algunas organizaciones ambientalistas. En su libro Ecofalacias denunció el poder transnacional y la expropiación del discurso “verde”.

Tomando café con él, solía decirnos que una de las ONG más publicitadas a nivel mundial, es un ejemplo de estas “ecofalacias”.

Satori Sur

En el documental Satori Sur, Federico Rotstein, refleja la celebración que hicieron por sus 80 años y la correspondencia que Miguel Grinberg mantuvo durante mucho tiempo con el poeta Allen Ginsberg y el cineasta Jonas Mekas.

En la película se lo ve con el paso pausado, caminando en medio del tránsito de las avenidas y también en esos parques de Buenos Aires donde la poesía supo ser intercambiada en aquellas revistitas subtes que la dictadura no pudo reprimir.  En los últimos años, Miguel Grinberg vivía poéticamente desde una cotidianidad bien urbana y casi mística, tal vez influenciado por uno de sus referentes, el monje trapense Thomas Merton. Era partícipe de una espiritualidad ecuménica y había creado una técnica de meditación holística. No era casualidad que el documental se llamara Satori, siempre bregó por la lucidez implacable, el lema de su Mutantia.

En una de esas conversaciones de bares, tal vez en La Academia o en el del Bauen, desde esa espiritualidad diversa que suscribió, hablando de la muerte, nos dijo que para él no todo terminaba en la nada. Creo que tenía razón, Miguel vivió muchas vidas en una sola vida y dejó huellas que las nuevas generaciones probablemente recorran.

No sabemos si pudo quemar todo el karma, así que tal vez lo encontraremos en un recodo del cosmos para editar algún poema.

Agencia Paco Urondo / HORACERO

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