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Raquel Liberman, la mujer que enfrentó la trata de personas

Hace un par de años, una telenovela puso de relieve el tema de la trata de personas a principios del siglo XX en nuestro país. En esta nota se cuenta la verdadera historia.

Cultura - Historia 28 de marzo de 2022 Daniel Rafalovich*
RAQUEL LIBERMAN
Un retrato al lápiz de Raquel Liberman, heroína contra la trata de personas

RAFA 1Escribe Daniel Rafalovich*

Raquel Liberman nació en Berdichev (Ucrania)  el 10 de julio de 1900 con el nombre de Ruchla Leah. Siendo muy niña emigró con su familia a Varsovia, Polonia.

Un día de mayo, allá por 1930, la vida porteña de los bajos fondos salió a la luz a través del coraje de una mujer que se atrevió a romper el silencio y a denunciar. Los diarios publicaron el relato de una viuda polaca obligada a prostituirse en prostíbulos regenteados nada menos que por la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos ‘Varsovia’, recordada como la ZWI MIGDAL. Tenía 29 años y dijo que se llamaba Raquel Liberman.

Adoptó ese nombre para proteger a sus hijos de la vergüenza y de las represalias de sus captores, de los cuales había intentado escapar en dos oportunidades. Ellos integraban una organización de cientos de personas dedicada a explotar los cuerpos de mujeres que convertían en esclavas sexuales.

Liberman había emigrado hacia la Argentina en 1922 junto a sus dos hijos para encontrarse con su esposo que había viajado antes. Era una de las tantas y tantos inmigrantes europeos que escapaban del hambre de posguerra. En el barco, un judío polaco le habló en idish, su idioma materno. Cuando llegó a Tapalqué, en el centro de la provincia de Buenos Aires, se encontró con su marido enfermo que murió al poco tiempo de tuberculosis. Se quedó sola y con dos niños a cargo. La hermana de su marido la llevó a Buenos Aires y junto a su esposo buscaron al hombre que la había contactado en el barco y “la vendieron”.

RAQUEL LIB
Una fotografía de época de Raquel Liberman

Cuando Raquel se animó a denunciar, las redes de tratantes y proxenetas ya estaban ampliamente extendidas. Y la situación de miles de mujeres europeas encerradas en los prostíbulos ya estaba instalada como una problemática social. En esa época se hablaba de “trata de blancas”, para diferenciarla de la “trata de negros”, en realidad el comercio de esclavos traídos por la fuerza desde el continente africano.

La primera red de traficantes había surgido en 1889 y estaba integrada por proxenetas de origen judío cuya fachada era la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos ‘Varsovia’. Las mujeres traficadas venían de Europa central y Rusia. A causa de la pobreza y la persecución religiosa que sufrían, sus padres las vendían a rufianes que fraguaban un matrimonio religioso entre la mujer explotada y explotador. Al llegar eran obligadas a firmar un contrato por el que se comprometían a pagar el viaje, la ropa, el alimento, la renta de la pocilga donde la alojaban y su mobiliario. Todo a precio varias veces superior al real, por lo que su deuda se eternizaba y se convertía en un instrumento más de retención. El nombre de “Varsovia” ligado al tráfico de personas y la prostitución generó protestas del gobierno polaco. Bajo esta  presión cambiaron su nombre por el de Zwi Migdal, de significado incierto. La organización tenía una amplia y triste “fama” mundial.

La “clientela” de estas mujeres traficadas eran en primer lugar inmigrantes europeos que habían venido solos, en búsqueda de oportunidades laborales. Ellos eran consumidores de las “blancas” europeas que terminaron por desplazar a las nativas en el “mercado” del comercio sexual. Pero también había una exclusiva clientela, la alta burguesía porteña, una importante cantidad de señores ricos que consumía, entre sus placeres, una prostitución de alto nivel, mujeres “importadas” especialmente para ellos.

documentos Liberman

Luego de la denuncia de Raquel, hubo un juez que tomó la decisión de dictarle prisión preventiva a 108 proxenetas y la captura internacional de 334 prófugos. Pero en poco tiempo, la Cámara de Apelaciones revocó la medida para 105 de ellos por falta de pruebas y testimonios insuficientes. Pero el efecto en la población fue contundente. La Zwi Migdal dejó  de existir. Sin embargo no hay que descartar el factor antisemita en lo puntual de ese “combate a la prostitución” ya que otras organizaciones casi tan extendidas y poderosas como aquella siguieron existiendo sin mayores problemas legales.

Raquel murió a los 35 años, en 1935, de cáncer de tiroides dejando dos hijos de 14 y 15 años.

De la Zwi Migdal quedan dos cementerios (abandonados durante muchos años) en que eran sepultados jefes de la organización, empleados, madamas  y prostitutas: están ubicados en Avellaneda (Buenos Aires) y Granadero Baigorria, en las cercanías de Rosario. Las lápidas son de los jefes. Las tumbas anónimas, de las víctimas. Y de Raquel Liberman queda una placa a modo de recuerdo. Pero su nombre fue ampliamente rescatado en estos últimos años de lucha feminista como símbolo de resistencia a la trata y explotación sexual.

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*Daniel Rafalovich coordinador del sitio Metapoesía - Columnista de HoraCero

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