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El choripán del groncho

“Van por el choripán y el vino”, es la frase que aparece con mayor recurrencia en los melodramáticos informes de las empresas mediáticas cuando se refieren a las masivas movilizaciones populares.

Opinión 08 de abril de 2018 Antonio Yapur
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Choripán y política, una obsesión de las clases dominantes

Por Antonio Yapur

Un sector pequeño, histórico, poderoso de la Argentina está obsesionada con el choripán.

Hoy el choripán es el elemento simbólico que le sucede al de “vagos, indios, negros, malentretenidos” y otros apodos descalificadores que en nuestra memoria colectiva podemos recordar cuando se refieren a las expresiones de resistencia social y popular.

Ya en el Facundo, Sarmiento escribe “Las razas americanas viven en la ociosidad, y se muestran incapaces, aun por medio de la compulsión, para dedicarse a un trabajo duro y seguido. Esto sugirió la idea de introducir negros en América, que tan fatales resultados ha producido”.

Esta representación de Sarmiento acerca de las clases populares deja claridad en el pensamiento del grupo que sacó provecho de la “Campaña del Desierto”, proyectar un país sólo para ellos y dónde el resto aporte para el beneficio propio de esa oligarquía nativa.

De ahí surgió la idea del “Granero del Mundo” y que aún subsiste, un país de terratenientes y empresarios importadores, un país con dueños y esclavos. Es la misma idea que coartó las expresiones políticas populares desde 1930 en adelante y que en el 2008 se autodenominaron como “el campo” en su intento patronal golpista. Hoy subsisten gerenciando el saqueo a través del levantamiento de las retenciones a la soja y otros cultivos.

Antes aún, en épocas de Bernardino Rivadavia, se promulgó un decreto sobre “vagos y malentretenidos”. Que fue un eficaz instrumento para aumentar las filas del ejército, pues el gaucho, el indio, el mulato, el negro, eran detenidos y destinados al servicio militar.

En esa época, el testimonio de un juez de paz constituía prueba única y suficiente para calificarlos de “vago”, y eran castigados con la reclusión de dos a seis años en un alejado fuerte fronterizo militar “para luchar contra el avance del indio”.

La “Campaña del Desierto” y la guerra contra el Paraguay fueron una regadera de sangre de los pueblos originarios y de los pobres castigados como “vagos y malentretenidos”.

En la modernidad, en nuestra historia más reciente, se elaboró el concepto “trabajo sobra y no trabajan porque no quieren, porque son vagos” a pesar de la evidencia donde miles de argentinos son despedidos y cientos de fábricas y empresas cierran.

“Van por el choripán y el vino”, es la frase que aparece con mayor recurrencia en los melodramáticos informes de las empresas mediáticas cuando se refieren a las masivas movilizaciones populares.

No es casual que el Presidente haya usado esta misma expresión. Para su grupo social, el pueblo como entidad humana y política no existe, sino que son sólo ordas salvajes que ponen en peligro sus propiedades y negocios.

Por otra parte, estas expresiones dejan al descubierto una capacidad de análisis político sesgado, consignista y que evita cualquier debate, no porque no quieran hacerlo sino porque con éstas ordas no hay que hablar, sí, así de claro y preciso por más que constituya una exacerbación violenta de la noción de clase de quienes hoy ocupan el gobierno.

El choripán ha venido a acompañar el lugar junto a las alpargatas y el bombo en el vocabulario político de una derecha que profundiza sus rasgos xenófobos y racistas.

Es ridículo pensar que alguien en su sano juicio se movilice sólo por un choripán, pero eso es lo de menos en tanto y en cuanto esa imagen mantenga su eficacia simbólica y sirva para reactualizar un viejo mito de la derecha que sostiene que las clases populares no quieren trabajar, que los pobres son haraganes por naturaleza y que cuando se movilizan nunca lo hacen de manera autónoma ya que son incapaces de tener sueños, anhelos, ideales propios y mucho menos vocación de poder. Es una forma de cosificar a las clases populares, quitarles historicidad, impedirles protagonismo y reprimir sus construcciones sociales.

Ese discurso excluyente y autoritario recorre toda la historia argentina y se aplicó por igual a los pueblos originarios, a los gauchos, a los gringos, a los cabecitas negras y a los piqueteros. Una derecha a la defensiva no hará más que reactualizar esas imágenes porque no pueden sincerar su proyecto.

Habrá que sostener nuestro proyecto, habrá que construirlo, habrá que apropiarse de la vocación de poder y habrá que estar atentos, porque como dijo Brecht no hay nada más parecido a un fascista que un burgués asustado.

El choripan es el amasijo de la diversidad que debemos construir.

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