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Ramón Carrillo: el sanitarista del pueblo

En esta nota, el autor recorre la figura del primer ministro de Salud de la Nación, considerado como el padre de la medicina preventiva y social en la Argentina.

Cultura - Historia 18 de abril de 2022 Por Daniel Rafalovich*
RAMÓN CARRILLO
Un retrato de Ramón Carrillo

RAFA 1Escribe Daniel Rafalovich*

“El Estado no puede quedar indiferente ante el proceso económico, porque entonces no habrá posibilidad de justicia social; y tampoco puede quedar indiferente ante los problemas de la salud de un pueblo, porque un pueblo de enfermos no es ni puede ser un pueblo digno”  (Ramón Carrillo)
 

Ramón Carrillo nació en Santiago del Estero en 1906. Hizo sus estudios primarios y secundarios en su ciudad natal y en Buenos Aires cursó la carrera de Medicina. Se recibió de médico en 1929 obteniendo la Medalla de Oro como mejor alumno de su promoción. Se especializó en neurología y neurocirugía y gracias a una beca fue a perfeccionarse a Europa.

A su regreso, en plena “década infame” se conectó con personajes claves del irigoyenismo y el nacionalismo popular, como Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, los hermanos Discépolo y Homero Manzi. Este dato no sería neutro en su futuro ya que manifiesta una comprensión de que la salud individual depende en buena medida del bienestar colectivo del pueblo y que no hay bienestar colectivo sin justicia social.

En 1937 padeció una enfermedad caracterizada por hipertensión y cefaleas derivadas de aquella. El doctor Salomón Chichilnisky, gran amigo de Carrillo lo ayudó grandemente en su recuperación. Chichilnisky, un hombre que se había recibido de médico con gran esfuerzo ya que era trabajador portuario, de los que hombreaba bolsas, se convertiría en el principal colaborador de Carrillo en el futuro.

Ramón Carrillo, designado en el área de neurología del Hospital Militar Central, tomó contacto allí con la realidad sanitaria del país: entre los aspirantes a soldados eran abrumadoras las enfermedades derivadas de la pobreza, especialmente entre quienes provenían de las zonas más relegadas del país.

En 1942 ganó por concurso la titularidad de la cátedra de Neurocirugía de la Universidad de Buenos Aires. En el Hospital Militar conoció al entonces coronel Perón, con quien sostenía largas conversaciones. Cuando Perón es electo presidente en 1946 lo designa Secretario de Salud Pública de la Nación. Lo que hasta entonces era una secretaría se transforma, por una significativa decisión política, en Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social. (Tuvimos recientemente la experiencia opuesta: un gobierno antipopular que convirtió nuevamente al Ministerio en Secretaría, con la incidencia concreta de menor presupuesto y el hecho simbólico que patentiza la poca importancia que para el macrismo tenía la Salud Pública).

Carrillo ya había abandonado la neurología por la medicina social y como Ministro se propuso llevar a la práctica sus ideas. Para ello se necesitaba decisión, apoyo y una política social inclusiva en todas las áreas de gobierno. Entre 1946 y 1954 se produjo en Argentina una revolución sanitaria: se construyeron 234 hospitales, 60 Institutos de Especialización, 50 Centros Materno-infantiles, 16 escuelas Técnicas vinculadas al área, 23 Laboratorios y centros de Diagnóstico, 9 Hogares-escuela y Unidades Sanitarias en todas las provincias. Se redujo a la mitad la tasa de mortalidad infantil. Se hicieron campañas integrales contra las endemias. Se eliminó el paludismo.

CARRILLO CON PERÓN Y EVA
Una foto de archivo: Carrillo con Perón y Eva

Se impulsó la formación política de los trabajadores de la salud, promoviendo la medicina social y dignificando la enfermería. Se creó la primera Empresa Estatal de producción de medicamentos para la entrega gratuita a la población. Fácilmente se pueden encontrar testimonios de las llamadas “enfermeras de Evita”, de miles de niños que pasaron por los Hogares-escuela, de habitantes que, en cada rincón del país, fueron atendidos y curados y, especialmente, tratados con dignidad.  

Tal como sostenía Carrillo: “frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas”. Esto tiene una sencilla traducción: la medicina más efectiva es un Estado de Bienestar. La Constitución de 1949  incluía numerosos derechos básicos para la población que tendían a la construcción de ese Estado. Lógicamente fue rápidamente derogada por el golpe oligárquico de 1955.

Carrillo fue removido de su cargo en 1954 por sostener un fuerte enfrentamiento con el entonces vicepresidente Tesaire. Viaja a Nueva York, da una serie de conferencias en Harvard y consigue un empleo en una empresa norteamericana que tenía una sede en Brasil, cerca de Belém do Pará. La llamada revolución “libertadora” lo estigmatiza, le quita los ingresos que le correspondían por sus años de ministro (como a todos los funcionarios del peronismo).

En diciembre de 1956 fallece de un accidente cerebro–vascular, en una situación de relativa pobreza tratándose de quien fue y borrado de los medios de comunicación argentinos. Su delito fue trabajar durante años y sin pausa por un proyecto inclusivo en materia de salud, vinculado a una política general inclusiva y de permanente ampliación de derechos.

El cierre de esta modesta recordación corre a cargo del mismo Ramón Carrillo: “Solo sirven las conquistas científicas sobre la salud si estas son accesibles al pueblo […] La medicina no es solo un oficio, es una ciencia social, una ciencia política y una ciencia económica, y, finalmente, es también una forma de la cultura y la expresión más concreta del grado de adelanto de una Nación”.

*El autor coordina el sitio Metapoesía / Columnista de HoraCero

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