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Muere la República, ¡Qué viva La Casta!

Había una vez... Una mirada irónica sobre acontecimientos políticos que comprometen la vida de los habitantes de un país, quizás éste, cuando un grupo de poderosos avanza contra la institucionalidad.

Opinión 18 de abril de 2022 Antonio Miguel Yapur Antonio Miguel Yapur
LOS SUPREMOS
El relato de cómo una supremacía judicial se adueña de un país

Un viernes santo de abril, allá por el año 2022, una corte suprema conminó a todos los otros poderes de un país, al legislativo y al ejecutivo. Los intimó (conflicto de poder algunos dicen, golpe institucional otros) a sancionar una ley como si fuera una espada muy parecida a la de Damocles, bajo apercibimiento, estos supremos harían resucitar otra ley derogada muchos años antes.

La pascua judicial terminaría al lunes siguiente y estos tres supremos, de esta forma, lavarían las manos del poder económico un rato antes de sentarse a almorzar el sufrimiento y el hambre de todo un pueblo.

El cuento que así comienza quizás sea además el inicio de un final. 

Tres individuos, tres leguleyos; uno que había asumido como juez supremo algunos años atrás en un proceso cuasi liberal, mientras que, a los otros dos, un presidente los había adjudicado por decreto de necesidad y urgencia, aunque después, para que no aparezca como una grosera y violenta imposición y se mostrasen según las “normas democráticas”, se los nombró “legalmente” por “acuerdo” legislativo. 

Resulta que de aquellos tres leguleyos, uno es abogado y empresario, de apariencia campechana, siempre sonriente aunque estuviese en un velorio de alguna ciudad provinciana; el segundo, también abogado, pero él sí, de un grupo empresario mediático y monopólico; y, por último, el tercero, también abogado, quizás con un poco de mayor cercanía a su profesión, es un virtuoso operador histórico de sojeros, inmobiliarias y tapa rabo de gobernadores pilotos. 

Éste último, se autoeligió democráticamente como presidente de todos los supremos cortesanos y según se dice, por ser un ilustre representante de lo más impulcro de una iglesia católica provincial le otorgaron por derecho divino ser la santidad suprema.

TRES MAGISTRADOAS

Ellos, los tres, son justiciables, pero en estos tiempos son supremos protegidos por los ocultos poderes de la magia empresarial.

Los tres leguleyos asumen el poder casi absoluto de minar al sistema democrático del país. Más parecen ser omnímodos y adonis picapleitos contra los intereses populares.

Estos tres leguleyos se asumieron en ese país como rectores sobre las leyes, la vida, la justicia de lo que hasta ahora muchos aceptan que es una democracia. 

Estos tres supremos leguleyos, asumen la responsabilidad de “hacer justicia”, en medio de un pueblo hambriento por las políticas de un tal Fondo Monetario Internacional. 

Los acompañan las derechas y ultraderechas políticas y económicas, mientras preparan el zarpazo definitivo para apoderarse de los despojos de democracia que aún le quedaba a ese país. 

Relatan en la corridillas que tienen una base de sustentación bastante amigable para lograrlo, la de un gobierno electo incapaz de tomar decisiones políticas que beneficien y sustenten al pueblo que lo votó. 

Cuentan con un gobierno que cree en un diálogo eterno con alguien que no quiere dialogar y prefieren dar golpes sostenidos contra las pocas herramientas democráticas que aún subsisten.

Ese gobierno aprendió a recular en chancletas cuando un ladrón provinciano se enojó porque no le dejaban seguir robando cereales ni traficando en su puerto privado.

Un gobierno silencioso ante la injerencia del Embajador de un Imperio norteño y que echó por la por la borda a las políticas exteriores de no alineamiento. 

Cuentan que lo escucharon decir ¡sí señor!, condenaremos a Venezuela, Nicaragua y Rusia, le debemos obediencia y les prometemos silenciar toda condena de injerencia de la OTAN en nuestro país, como la base militar en las Islas Malvinas.

Ese gobierno electo, es un profundo creyente en que la democracia es acordar con los empresarios y ser democráticos solo con ellos, aunque muchos le advirtieron, ¡eso es plutocracia! Pero respondieron, “no nos vamos a detener en minucias si total ambos terminan en “cracia”, no hay que ser detallista”.

Ahora los dueños económicos de ese país están cerrando el circulo de ese gobierno, tal como lo hicieron en los gobiernos conservadores desde 1880 en adelante, como en esa  “Revolución Libertadora” o ese Golpe de Estado Cívico Militar de 1976.

Los tres leguleyos supremos ahora están dando la estocada final. La democracia para ellos solo sirve para incrementar el poder de sus mandantes empresariales o sino, ni vale la pena. 

¿Se están terminando los disimulos mientras el gobierno sigue queriendo dialogar con los violentos? 

O, los violentos ya no quieren disimular.

*Antonio Miguel Yapur Docente, Ing, Químico, militante social / Editor de HoraCero

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