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La historia de Azucena y Raimundo Villaflor

El 30 de noviembre del '76 un grupo de tareas secuestró a Néstor De Vincenti y a su novia Raquel Mangín. Desde ese mismo momento comenzó la lucha de Azucena, la madre de Néstor.

Cultura - Historia 02 de mayo de 2022 Daniel Rafalovich*
FAMILIA DE AZUCENA
Una foto familiar de Azucena

RAFA 1Por Daniel Rafalovich*

Cuando las cenizas de Azucena Villaflor fueron enterradas al pie de la Pirámide de Mayo, en diciembre de 2005, no se cerró una historia. Por el contrario: quedó fijada para siempre en la memoria. La memoria, esa sustancia que a veces parece frágil pero que insiste en reaparecer.

Azucena nació en 1924 en una familia trabajadora. Ella misma comenzó a trabajar a los 16 años como telefonista en la empresa Siam. Allí conoció a Pedro De Vincenti, delegado sindical. Se casaron en 1949 y tuvieron cuatro hijos. Provenía de una familia peronista. Ella misma lo era aunque no militaba. Los que sí lo hacían eran sus primos Raimundo y Rolando, hijos de Aníbal Villaflor, obrero anarquista luego seducido por el peronismo naciente. Aníbal, tío de Azucena participó de la gesta del 17 de octubre de 1945.

Raimundo y Rolando fueron activistas de la Resistencia Peronista posterior al golpe del ’55. A comienzos de los ’70 Raimundo se incorpora a las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas), fue parte de su dirección. Secuestrado por las fuerzas represivas el 4 de agosto de 1979 junto a su pareja Elisa Martínez Garreiro y trasladados a la Esma, se presume que Raimundo Villaflor murió  cuatro días después, el 8 de agosto, durante la tortura. En la siniestra Esma también se encontraba Josefina Villaflor, hermana de Raimundo y militante del Peronismo de Base, luego de las FAP y dirigente de la combativa Federación Gráfica Bonaerense, organización históricamente orientada por Raimundo Ongaro.  

Los genocidas de la Esma tenían catalogado a todxs ellxs como “el grupo Villaflor de Avellaneda”, que también integraban el esposo de Josefina, José Luis Hazán y otros militantes como  Juan Carlos Anzorena, Juan Carlos Chiaravalle, Fernando Brodsky, Enrique Ardetti, Pablo Lepiscopo y Hugo Alberto Palmeiro.

Josefina Villaflor y otros integrantes del grupo fueron “trasladados”, siniestro eufemismo para nombrar un crimen, hacia marzo de 1980. Arrojados al mar vivxs desde un avión.

AZUCENA VILLAFLOR

Pero volviendo a la madre de las Madres: el 30 de noviembre de 1976 un grupo de tareas secuestró a Néstor De Vincenti, militante montonero e hijo de Azucena, junto a su novia Raquel Mangín. Desde ese mismo momento comenzó la lucha de Azucena. Mientras su marido intentaba persuadirla de que “espere”, porque “no se puede hacer nada”, Azucena recorría comisarías, cuarteles, juzgados en absoluta soledad. Pudo averiguar que a su hijo lo habían llevado vivo, lo que le daba impulso para redoblar la búsqueda.

Durante sus permanentes recorridas Azucena fue conociendo a otras mujeres que habían sufrido el secuestro de sus hijxs y querían saber dónde estaban. Se organizaron y se citaron para el  30 de abril de 1977 en Plaza de Mayo reclamando que alguien las recibiese en la Casa Rosada. La orden de los policías ante semejante “amenaza subversiva” fue darles la orden de circular.  Y lo hicieron, pero no se fueron de la Plaza. “Circularon” en ronda alrededor de la Pirámide de Mayo. Eran trece mujeres: Azucena Villaflor de De Vincenti, Josefa de Noia, Raquel de Caimi, Beatriz de Neuhaus, Delicia de González, Raquel Arcusín, Haydee de García Buela, Mirta de Varavalle, Berta de Brawerman, María Adela Gard de Antokoletz y sus tres hermanas, Cándida Felicia Gard, María Mercedes Gard y Julia Gard de Piva..

Luego viene la historia más conocida: el grupo de madres y familiares se hizo cada vez más numeroso, Azucena se convirtió en la “líder natural” del grupo y comenzaron a multiplicar contactos y a reunirse no sólo en la Plaza sino en algunos otros sitios que les dieran acogida, como algunas iglesias y parroquias. La infiltración en el grupo del genocida Alfredo Astiz con el fin de identificar a lxs participantes del grupo, el secuestro del grupo de la Iglesia de la Santa Cruz (del que Azucena se salvó por no  haber podido ir ese día). Dos días después de este secuestro masivo, el 10 de diciembre de 1977, Azucena salió a la calle para comprar el diario. Quería constatar si había salido una solicitada de las Madres. Allí en la calle la patota de la Esma la llevó. Ese mismo día fueron secuestradas la monja francesa Léonie Duquet y dos madres más, Esther Ballestrino de Careaga y Mary Ponce de Blanco.

Diez días después comenzaron a aparecer cuerpos en las playas de la zona de Santa Teresita.

En enero del 2005 el EAAF identificó a varios de ellos. Entre esos restos estaban los de Azucena Villaflor.

Azucena, madre de Madres, vive: no sólo como nombre de calle de algún barrio exclusivo de Caba. Vive mucho más en la lucha de quienes continuaron y continúan reclamando por Memoria, Verdad y Justicia.

*Daniel Rafalovich, dirige el sitio Metapoesiá / Columnista de Horacero

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