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Libertario, mi amor (Segunda Parte)

En esta segunda entrega, se muestra la concepción ideológica, cultural y económica neoliberal y cómo fue cooptado el concepto de libertad acompañado por una mística transgresora.

Opinión 01 de junio de 2022 Antonio Miguel Yapur Antonio Miguel Yapur
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El neoliberalismo siembra semillas a favor del sistema

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MI AMIGO EL ENEMIGO

En tanto, el neoliberalismo sí tiene un proyecto de mundo, forma cuadros para ese proyecto, da debates ideológicos y políticos a través de sus dirigentes. Ellos piensan al mundo como una unidad ideológica, política y económica para producir sus negocios.

En la actualidad los líderes empresariales no limitan sus acciones a su habitual pragmatismo histórico, sino que además, expresan en sus ideas las concepciones del ideario neoliberal del mundo. Al decir de ellos, no tienen un problema personal con el pueblo, es solo una cuestión de negocios.

Las utopías del capitalismo neoliberal tienen relación directa con las distopías populares.

Podrá decirse que ellos disponen de recursos materiales para ejecutarlos, por supuesto que sí, pero eso habla de sus inteligencias para aportar dinero a organizaciones como la Fundación Libertad, pues entienden que esos tanques de ideas son el reaseguro político, emocional e ideológico de ese mundo que proyectan.

Su visión de mercado no se limita a la mera propaganda comercial, saben y entienden perfectamente que para instaurar un modelo social deben construir simbólica e ideológicamente al humano que habitará esa sociedad. 

Veamos el mensaje de una publicidad de desodorantes corporales que dice dice así; “Nueva fórmula 72 horas ...protección para que nada te detenga”. La pregunta es, qué ser humano puede estar activo y despierto por 72 horas y sino, ¿Por qué ese mensaje?, dirás bueno, no es para tanto es simplemente una publicidad, ¿es sólo eso? 

Una guerra no es solo disparar armas, sino también darle sustento previo disparando representaciones del mundo y esto se hace por muchos medios, uno es el simbólico emocional, que contacta con lo no racional del ser humano. Por ello necesitaron apropiarse de los medios de comunicación en forma adelantada al proceso de concentración del capital.

MI AMOR, LA LIBERTAD

Desde hace años vengo pregonando que las dictaduras y posteriores democracias en América Latina tuvieron como objetivo crear este mundo actual, el neoliberal. Nuestros muertos y desaparecidos en todo el Continente los produjeron con el propósito de liquidar los cuadros políticos y sociales del campo popular. 

Es más, no sería descabellado afirmar que la ocupación de las Islas Malvinas por las Fuerzas Armadas fue un plan estructurado por los poderes económicos occidentales para justificar la expoliación de riquezas actual. Las muertes de nuestros soldados fueron crímenes de lesa humanidad de la OTAN a lo que ellos llaman “daños colaterales”.

Así fueron construyendo el ideario que sintetizó Fukuyama como la llegada del fin de la historia y del último hombre.

Es un digno punto y aparte reconocer que en medio de esta debacle neoliberal, la Revolución Cubana fue y es un punto de referencia que muestra la contradicción principal del mundo actual. 

Cuba no solo resistió durante más de medio siglo el bloqueo y ahogo capitalista sino que en medio de ello, logró triunfar en el debate de ideas pudiendo anticiparse a la embestida ideológica neoliberal. 

Cuba es el contundente hecho no solo contracultural del capitalismo, sino que demostró que la alegría, la libertad, la independencia, la soberanía de un pueblo no está limitada a un mero problema económico, es la construcción de un hombre y una mujer libres, nuevos, es una batalla escencialmente ideológica, cultural, solidaria y colectiva.

El neoliberalismo se está apropiando de los idearios revolucionarios de la humanidad como el de la libertad. Ellos la entienden e imponen como una libertad exclusivamente unipersonal. Es la libertad del individuo sin importar su contexto social. 

Una libertad absolutamente individual, el libre es el humano transformado en objeto aislado, aunque él viole el derecho de libertad del colectivo social. 

Ese ser descontextualizado es fácilmente amañado por el aparato ideológico mediático del capitalismo. Él puede ser estigmatizado o enaltecido acorde a los intereses de los dueños del mercado de cada momento.

Justamente en ese lugar está colocado el hombre libertario del capitalismo neoliberal, es el que busca un libre albedrío que el propio sistema no tiene intenciones de otorgarle pues, sería abrirle las puertas de sus privilegios al populacho.

Los llamados libertarios en la actualidad, no son más jóvenes que la propia existencia del capitalismo, ellos buscan liquidar al Estado pues argumentan que es el que le quita la libertad al ser humano, lo llaman un Estado opresor.

¿Algo parecido a los idearios anarquistas?

No, la “pequeña” diferencia, es que para los anarquistas y los comunistas el Estado debe desaparecer en el contexto de una sociedad libre, sin clases sociales y sin propiedad privada de los medios de producción.

En cambio, los libertarios actuales pretenden que el Estado desaparezca o se mínimice en un contexto donde la propiedad privada sea la que organice el destino de la humanidad. Un mundo en que los medios de producción actúen sin ninguna regulación. A ello le llaman libertad de mercado. 

Los libertarios del capitalismo sueñan con un mundo totalmente controlado por los empresarios, donde el bienestar del resto, sea la famosa incertidumbre que un diputado de la derecha argentina describió en solo 90 segundos por televisión.

La utopía neoliberal conlleva la distopía popular. El mundo de zombies pregonado por el aparato cinematográfico global, es una parábola hacia la utopía neoliberal. 

Los elegidos viven en zonas protegidas y privilegiadas en tanto, los zombies, nosotros, somos pasibles de ser liquidados con guerras, inclusive la bacteriológica. Somos sus daños colaterales.

Los elegidos ejercen control de la humanidad acorde a los intereses empresariales.

La humanidad, es decir nosotros, debemos ser víctimas permanentes y regulables de la utopía neoliberal.

De todo ello, emerge la mística facilista del fin del Estado de los dirigentes de derecha, de allí surge la transgresión anti institucional que entusiasma a una buena cantidad de nuestros jóvenes. 

En tanto, nosotros hacemos un aporte bastante sustancial a la mística de la ultraderecha al no tener nuestra propia mística, pues el neoliberalismo sabe que nos dedicamos a tapar sus baches para la contención social.

Tenemos miedo a la movilización social, no tenemos confianza en el espiritu creador de un pueblo movilizado. Paternalizamos la injusticia social.

Tenemos temores individuales a una construcción social colectiva. 

La derecha quiere cambiar al mundo, parece que nosotros no.

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