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El humanista de las cárceles que se tuvo que exiliar

Según la ley argentina, las cárceles deberían ser lugares destinados a la futura reinserción social. Hubo alguien que trabajó para que esto fuera así y tuvo que exiliarse.

Cultura - Historia 13 de julio de 2022 Daniel Rafalovich*
CÁRCEL
La condición humana en las cárceles argentinas

RAFA 1Escribe Daniel Rafalovich*

“Todo preso es político”, dicen Los Redondos. Y yo digo: depende. Hay presos políticos, hay presos sociales y hay presos que son apartados de la sociedad por haber cometido diversos delitos.

Se supone que la penalización de tales delitos debería estar en función del o los hechos cometidos. Lo otro sería sumergirse en un debate bizantino acerca de si el ser humano es bueno por naturaleza y la sociedad (cualquiera sea el signo ideológico que la gobierne) es la responsable de cualquier acto que las personas cometan.

Lo cierto es que, de acuerdo a la ley argentina, las cárceles deben ser lugares destinados a la futura reinserción social del condenado. Quien sea condenado por genocidio, torturas o demás delitos aberrantes suele ser penado con prisión perpetua en función de la imposibilidad de esa reinserción.

Pero vamos a dedicarnos a recordar a alguien que trabajó incesantemente para que las cárceles argentinas sean lugares en los cuales las personas alojadas allí no pierdan la dignidad inherente a la condición humana. Se trata de Roberto Pettinato (padre y homónimo del músico y conductor televisivo y radial).

PETINATTO
Roberto Petinatto trabajó para dignificar la vida en las cárceles - Foto Archivo (Museo Penitenciaro)

Pettinato nació en el año 1908, hizo sus estudios secundarios hasta tercer año de la Escuela de Comercio de Buenos Aires. Le interesaba el deporte en general, especialmente la lucha: en la década del ’30 fue conocido como Máscara Negra, tras ese anonimato protagonizaba exitosamente espectáculos de lucha hasta que, desafiado por otro combatiente apodado Máscara Roja, fue derrotado y el “castigo” fue sacarse públicamente la máscara develando su identidad. También fue profesor de Jiu-jitsu, un arte marcial japonés basado en la defensa sin armas.

Ingresó al Servicio Penitenciario en el año 1934, ascendiendo en el escalafón hasta el máximo grado. En 1947 el presidente Perón lo designó Director General de Institutos Penales. En 1949 fue nombrado director de la Escuela Penitenciaria de la Nación, primera institución de su tipo en América Latina y una de las primeras del mundo.

Desde sus funciones Pettinato impulsó una serie de reformas profundas de carácter humanista en los sistemas carcelarios.

  • Cerró el penal de Ushuaia (Luego, en 1955, reabierto para poner presos a los peronistas)
  • Retiró el uso del traje a rayas de los reclusos y comenzaron a ser llamados por sus apellidos. Anteriormente se los individualizaba con un número.
  • Suprimió los grilletes a los presos.
  • Inauguró el régimen atenuado de disciplina.
  • Creó el Cuerpo Penitenciario de la Nación.
  • Propició la ley 13.018 de retiros y pensión para los agentes del servicio penitenciario.
  • Controló rigurosamente que los presos tuviesen la debida atención médica, una alimentación adecuada, visitas regulares (incluso las absurdamente llamadas “visitas higiénicas”) y horas destinadas a la práctica de deportes, bibliotecas en las cárceles, entre otros beneficios.
  • Un régimen de producción penal. El aumento de los salarios a los presos, atención y contención de sus familiares.
  • La alfabetización y acceso a los estudios de los presos
TRAJE RAYAS
Petinatto eliminó los pesados grilletes y los clásicos trajes a rayas. (Foto: Museo Penitenciario)

Pettinato acompañó al gobierno peronista hasta su derrocamiento en 1955 por parte de la reacción oligárquica autodenominada “revolución libertadora”, pero ese mismo año - pocas semanas antes del golpe militar- alcanzó a participar en el Primer Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, siendo su intervención fundamental para que la ONU aprobase las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos.

Previamente había participado en diversos Congresos y Foros internacionales, siendo electo presidente del Grupo Latinoamericano de Formación, Reeducación y Tratamiento de los Delincuentes.

Tras la asonada gorila, Pettinato y su esposa Clara Anderson de Fyhn (que había tenido una relación cercana con Eva Perón) se refugiaron en la embajada de Ecuador en Buenos Aires donde nació su hijo Roberto (el matrimonio tuvo también dos hijas: María Cecilia y Marcela). Luego partieron al exilio, primeramente en Ecuador, luego en Perú y finalmente  en Chile.

En 1963 regresa al país y pide su reincorporación al Servicio Penitenciario. En cambio se le otorga un cargo medio en la Policía Federal.

En noviembre de 1972 participó de la comitiva que acompañó a Perón en su primer retorno a la patria tras 17 años de exilio.

RETORNO DE PERÓN - 1972
Petinatto estuvo junto a otras personalidades en el vuelo Charter que trajo a Perón en 1972.

Roberto Pettinato murió en agosto de 1993, pero su legado fue retomado por el gobierno de Néstor Kirchner. Por Decreto Nº 1633 del 22/12/05 del Presidente de la Nación, se dispuso la denominación de “Roberto Pettinato” a la Academia Superior de Estudios Penitenciarios. El ex juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Dr. Eugenio Zaffaroni, le ha dedicado a Pettinato su obra “Derecho Penal, parte general”. En 2011 el gobierno la Provincia de Buenos Aires impuso su nombre a la Alcaidía Departamental La Plata.

Más allá de los merecidos homenajes y reconocimientos post-mortem, sería importante que en las cárceles argentinas se practiquen plenamente las ideas que Pettinato sostuvo para que las cárceles sean, como lo sostiene la Constitución de 1853: “sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas...”  

*Daniel Rafalovich coordina el sitio Metaposía / Poeta y colaborador periodístico de HoraCero

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