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DEMOCRACIA Q.E.P.D. (Capítulo II )

La corporación judicial valida y ejecuta las voluntades e intereses de los poderosos, dice el autor de esta nota que busca deconstruir Poder Judicial como sinónimo de Justicia.

Opinión 27 de noviembre de 2022 Antonio Miguel Yapur*
PODER JUDICIAL
Poder Judicial o Justicia - Foto Agencia

YAPUREscribe Antonio Miguel Yapur

"Hacete amigo del Juez; / no le des de qué qujarse... / Siempre es bueno tener / palenque donde ir a rascarse"  (Martín Fierro)

EL PODER JUDICIAL ¿ES JUSTICIA?

Es al revés, el Poder Judicial constituído por Jueces, Secretarios, empleados y cómplices, “se hacen amigos” del Poder real, no les dan motivos de qué quejarse porque necesitan tener un palenque donde rascarse.

Es una estructura verticalista de obediencia debida donde muy pocos se animan a penetrar para democratizarla o para lograr justicia. Es un estructura señorial cuyo objetivo central es someter al conjunto social a una legalidad muy pocas veces legítima.

En esta modernidad que podríamos llamar actual, el Poder Judicial valida y ejecuta las voluntades e intereses de los poderosos. Desafío a emerger si existen integrantes que no avalan estas acciones corporativas.

En la provincia de Santa Fe y a puro ejemplo de lo que sucede en la gran mayoría de las otras provincias, tenemos una Corte Suprema que representa a nadie, perdón, sí, a alguien, a la histórica estructura de poder fáctico de la provincia. Desde hace años que se reparten la presidencia suprema entre los cinco integrantes. Rafael Gutiérrez con ésta última elección, ya fue 11 veces presidente del tribunal desde el año 2000.

La eternidad se materializa en la vida de esta Corte suprema. Hacia abajo se reproduce esta verticalidad antidemocrática. Se cumple, sin ironías, que sin justicia no hay democracia posible y sin democracia en el Poder Judicial hay violación impune y serial hacia la sociedad.

Un caso extremo es la Corte Suprema de la Provincia de Jujuy, tienen encarcelada a Milagro Sala desde Enero de 2016. Milagro es una dirigente política y social que ha cometido el delito de construir en forma cooperativa miles de viviendas populares, centros de recreación y centros de salud para dar dignidad a las familias.

El Poder Judicial jujeño está viciado de represión antidemocrática, mantiene la tradición patriarcal de los dictámenes homicidas del ingenio Ledesma personificado en la impunidad de los Blaquier.

A pesar de las recomendaciones de tribunales internacionales, el Poder Judicial jujeño tiene como rehén a Milagro para que sea prenda de terror.

Podemos ahora también aventurarnos un rato con la Corte Suprema de la Nación. Nos encontraremos en el juego de las escondidas, es una Corte fuera de toda legalidad y legitimidad, los cortesanos avalan los actos delictivos de los grupos empresariales y aseguran los atropellos del poder fáctico. 

Esto tiene historia, sino lean parte de la acordada de los cortesanos ante el golpe de Estado de 1930 que derrocó a Hipólito Irigoyen y además observen a sus integrantes;

En Buenos Aires, a diez días de septiembre de mil novecientos treinta, reunidos en acuerdo extraordinario los señores Ministros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, doctores don José Figueroa Alcorta, don Roberto Repetto, don Ricardo Guido Lavalle, y don Antonio Sagarna y el señor Procurador General de la Nación doctor Horacio Rodríguez Larreta, con el fin de tomar en consideración la comunicación dirigida por el señor Presidente del Poder Ejecutivo Provisional, Teniente General don José F. Uriburu, haciendo saber a esta Corte la constitución de un gobierno provisional para la Nación, dijeron....

Que tales antecedentes caracterizan, sin duda, un gobierno de hecho en cuanto a su constitución, y de cuya naturaleza participan los funcionarios que lo integran actualmente o que se designen en lo sucesivo con todas las consecuencias de la doctrina de los gobiernos de facto respecto a la posibilidad de realizar válidamente los actos necesarios para el cumplimiento de los fines perseguidos por él.

En el golpe de Estado de 1955 fueron removidos los miembros de la Corte Suprema por el dictador Lonardi y nombró por decreto a los jueces y al procurador general de la Nación todos adeptos a los sectores oligárquicos que le aportaron la pata civil a la dictadura. 

Una de las principales decisiones de esta Corte fue restablecer la “Doctrina de los gobiernos de facto” establecida por la Corte de 1930 para convalidar los actos de las dictaduras militares que luego se instalaron en el país durante el siglo XX y de ese modo legitimarlas. 

El poder judicial argentino legitimó desde Mitre en adelante a todos los golpes institucionales y de Estado. Es un poder que avaló todas las apropiaciones, silenció las represiones y fue cómplice de los asesinatos y desapariciones en nuestro país.

El Poder Judicial es el antónimo de Justicia. Es el poder más autoritario del Estado, es verticalista y avala las decisiones y acciones de los gobiernos defacto y los antipopulares electos.

Aún padecemos de leyes impuestas por la última dictadura cívico militar como lo es la ley de Entidades Financieras, entre otras.

La foto más representativa es la de los años 90 ante los gobiernos de Menem, avaló y silenció el saqueo más vil de la historia post dictadura.

Y el cincuenta por ciento de la actual corte suprema de la Nación es inconstitucional, dos de sus miembros aceptaron ser cortesanos solo por un decreto presidencial del anterior gobierno presidido por Macri. De hecho avalan la doctrina de los gobiernos de facto en pleno gobierno constitucional. Es cómplice del actual deterioro institucional; sus fallos y acordadas así lo muestran.

Un atisbo de justicia puede emerger si los argentinos tomamos la decisión de construir una nueva Constitución Nacional, nueva, no una reforma a la existente. La actual tiene un conjunto de virtudes fruto de su última reforma de 1994. 

Pero la esencia doctrinaria no representa los intereses actuales de los argentinos. La parte dogmática es la misma que en 1853, el carácter de país es el ideado por la oligarquía hace más de 150 años. 

Por otra parte, la reforma de 1994 permitió la dispersión de la identidad nacional admitiendo atomizar el manejo de las riquezas. Esa reforma tampoco contempla los intereses de la plurinacionalidad ni la demcracia en el Poder Judicial.

La Justicia será sinónimo de Poder Judicial solo cuando el actual sea dado de baja en una nueva Constitución y sus miembros tengan que rendir cuentas de sus actos periódicamente ante la población.

Pensar que esto es imposible, es evidenciar el sometimiento actual a los poderosos.

Los poderosos muestran ser como un barco inexpugnable, omnipotentes y con capacidad de tiro hacia los cuatro puntos cardinales, lo que no saben es que cualquier barco se hunde con solo una pequeña fisura debajo de su punto de flotación.

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*Antonio Miguel Yapur, Ingeniero y Docente - Militante social - Forma parte del Consejo editor de HoraCero. Autor de los libros "La luz cerca del río" y "Yo esclavo, yo amo, aventuras en el panóptico". Es integrante de la Asociación Contrapunto Cultural.

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