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Qué fue el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo

Deniel Rafalovich retoma la historia de un movimiento renovador dentro de la iglesia Católica, cuyo objetivo fue acercar la institución a las necesidades de los pueblos.

Cultura - Historia 07 de diciembre de 2022 Daniel Rafalovich*
MUGICA EN LAS VILLAS
El sacerdote Carlos Mugica y su militancia en las villas de Buenos Aires - Foto: archivo

RAFALOVICHEscribe Daniel Rafalovich*

El reciente fallecimiento a los 98 años de edad del sacerdote Alberto Carbone puede llevarnos a recordar el significado que tuvo en su momento el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM), que Carbone integró siendo uno de los últimos sobrevivientes de esa corriente.

Durante el papado de Juan XXIII (1958 – 1963) se produce un movimiento renovador  dentro de la iglesia católica destinado a acercar la institución a las necesidades de los pueblos. Esto se traduce en el Concilio Vaticano II (1962- 1965), del que participan más de 2.500 sacerdotes. Tras la muerte de Juan XXIII, el pontificado de Pablo VI continúa y profundiza la corriente que transformó (hasta cierto punto) a la institución. Temas que hoy parecen una antigüedad (como el uso del latín en las misas) son modificados. En realidad algunas prácticas que incorporaría el futuro MSTM, como el trabajo de los curas en barriadas pobres, tenían un antecedente en los curas obreros de Francia y Alemania en los años ’20 del siglo pasado.

CÁMARA

En marzo de 1967 aparece la encíclica Populorum Progressio  (Progreso de los pueblos) que incluye fuertes críticas al sistema capitalista y el reconocimiento de que la violencia institucionalizada inherente a los sistemas de opresión es la que provoca las respuestas violentas de “los de abajo”. En el mismo 1967 el obispo brasilero Helder Cámara reúne a 18 de sus pares tercermundistas para apoyar los principios de la encíclica. El documento surgido del encuentro acusa al “imperialismo del dinero” y los gobiernos que le sirven como opresores de los pobres.

El documento llega al obispo de Goya, Alberto Devoto y es traducido por los sacerdotes Miguel Ramondetti y Rodolfo Ricciardelli. Rápidamente el documento circuló y caló hondo en numerosos sacerdotes y algunos obispos. Cerca de 300 sacerdotes argentinos escriben a Helder Cámara adhiriendo. Entre ellos se encontraba un joven sacerdote llamado Carlos Mugica , que venía trabajando con miembros de la Juventud Estudiantil Católica  (JEC) haciendo trabajos de campo en zonas marginales del llamado interior del país donde se manifestaba más crudamente la explotación. Por ejemplo: el norte de la provincia de Santa Fe.

En 1968 se realiza la Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín. El incipiente MSTM envió  a los obispos participantes un documento con 400 firmas argentinas y unas 500 de otros países latinoamericanos. El documento de Medellín ratificó y profundizó la línea marcada por la encíclica papal y cientos de sacerdotes comenzaron su trabajo concreto en barrios y sindicatos. El tercer encuentro del MSTM marca una fuerte tendencia de adhesión al peronismo. Fruto de esa tendencia es el libro del sacerdote mendocino Rolando Concatti “Nuestra opción por el peronismo” en el que, junto a otros sacerdotes como Mugica y Rubén Dri se afirma que “no basta ser peronista para ser revolucionario. Pero no se puede ser revolucionario y antiperonista”. Lógicamente no había posiciones férreamente unificadas en el MSTM. Los diferencias, nada menores, pasaban por la adhesión o no a una fuerza política concreta, a cuál de ellas, y si se legitimaba o no la violencia revolucionaria.  

gutierrez
Sacerdote Gustavo Gutierrez - Foto Agencia

En 1971 aparece el libro “Teología de la liberación”, de Gustavo Gutiérrez Merino. Su línea confluye con la línea del MSTM y genera el rechazo de la mayor parte de las jerarquías eclesiásticas. Ya los curitas habían llegado demasiado lejos. Un comunicado del MSTM que abogaba por la socialización del poder económico, político y cultural y la supresión de la propiedad privada de los medios de producción, fue declarado por la jerarquía como contrario a la doctrina eclesiástica.

El medio de comunicación de los curas tercermundistas era el “Boletín Enlace”, del que aparecieron 28 números entre 1968 y 1973. Los directores del Boletín fueron Alberto Carbone (Buenos Aires 1968-1970), Miguel Ramondetti (Goya, 1970-1973) y Osvaldo Catena (Santa Fe, 1973). Con la asunción del gobierno peronista se agudizaron las diferencias internas en el MSTM. Había quienes seguían respaldando  la lucha armada como el cura Adur, que fue capellán de los Montoneros  hasta 1980, cuando fue secuestrado, torturado y asesinado. Otros, como los curas Mugica o Galli rompieron los vínculos que tenían con la llamada Tendencia Revolucionaria (que incluía a Montoneros) para ser ideólogos de la efímera JP Lealtad, que manifestaba su apoyo incondicional a Perón. Mugica fue asesinado por un comando parapolicial el 11 de mayo de 1974. Con la llegada de la dictadura militar, en marzo de 1976, muchos curas  que habían integrado el MTSM debieron exiliarse, otros fueron encarcelados, algunos sobrevivieron manteniendo un bajo perfil  y unos 20 fueron asesinados.

Si bien el MSTM dejó de existir como tal en  aquellos años ’70 tiene una suerte de continuación tanto en el movimiento de curas villeros como en los Curas en Opción por los Pobres. Entre estos dos sectores hay diferencias (como las había al interior del MSTM) pero también coincidencias básicas. Sobre todo el principio marcado por monseñor Angelelli, obispo de La Rioja muerto en un supuesto accidente durante la dictadura: “Un oído en el Evangelio y el otro en el pueblo”.

*Daniel Rafalovich coordina el sitio Metapoesía - Columnista de HoraCero

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