HoraCero

De conductas, río, canal y futuro corto

Ante un contexto bélico en el exterior y de cipayage hacia adentro del país, las expectativas están en nuevas candidaturas que dignifiquen nuestra historia soberana.

Opinión 09 de enero de 2023 Por Mempo Giardinelli*
ELECCIONES
"Imaginar nuevas candidaturas que dignifiquen nuestra historia soberana" - Foto de archivo

MEMPO GIARDINELLILa Columna de Mempo Giardinelli*

Impactante la gravedad institucional que significó el nombramiento –esta semana– del empresario Antonio Aracre en el Poder Ejecutivo. Sin disimulo, con obvia aprobación presidencial y sin entender la gravísima realidad social del país, sus primeras expresiones demuestran con descaro su pretensión de establecer formas de flexibilización laboral. Además de cretinada, torpeza.

Y ello, en circunstancias en que gran parte de la ciudadanía es consciente de que, para las elecciones de cuatrienio, la perspectiva es horrible. Como sabe también que las esperanzas no vienen per sé, ni se construyen solas. Es la ciudadanía la que las forja en base a compromisos, planificación, honestidad, imaginación para el bienestar colectivo y férreo patriotismo. Todo lo cual debe ser planeado, organizado, construido firme y sabiamente. No como ahora, con la inmensa masa popular sometida a la gigantesca y abrumadora mala fe de mentimedios y dirigencias cipayas.

Por eso, si el mejor porvenir para el pueblo argentino de este grave tiempo ­–con el mundo en guerra y aquí un panorama social horrible– sigue en manos de las mismas figuras desgastadas, el futuro pinta más y más negro. 

Y ésta es la cuestión fundamental y sólo se la refuta con verdad, honestidad, estricto cumplimiento de las promesas electorales y firme abnegación y patriotismo. Todo eso que no parece abundar a causa de frenéticas operaciones, montonales de dólares que las financian, y cacareos dizque "libertarios".

Y no es solamente "lo que viene", sino lo que sucede ahora mismo, a la luz de los nombres que se barajan y que –escrito sea con sinceridad– a la vista de sus currículos no son para nada esperanzadores. Alberto y Massa los primeros, obvios y lanzados para primerear, y ambos representando más de lo mismo, o sea más entrega, más propuestas cipayas, más renuncias de soberanía y decisiva consolidación de intereses imperiales. Y aun si se les suman otros nombres que suenan –Wado, Scioli– el desencanto no aminora. Y ni se diga de quienes vienen de otros lares –Macri, Larreta, Bullrich, Morales y alguno más– la república estará para llorar.

Todo esto explica la desesperanza del pueblo argentino. Estafa tras estafa, la hoy maciza desilusión de las grandes mayorías surgió del engaño de perversas ideologías –fascismo, libertarismo y demás ignorancias programadas, todas conducentes a violencia y desigualdad– que han sabido generar esa desazón generalizada en esta república y que es tan peligrosa para la convivencia y la Paz.

Nadie lo ha dicho y acaso ni relacionado, pero ésta acaso sea –convicción de esta columna– la explicación más sutil a esa especie de locura feliz que se vio hace poco, cuando millones de argentinos celebraron en las calles la única alegría y felicidad genuina de los últimos años: la selección argentina de fútbol.

En ese contexto, el río Paraná –que de hecho ya no es nuestro– es parte de la trama de engaños y cipayages. Que si esta columna sigue meneando es, precisamente, por su relación con las elecciones que vienen.

Sin ir muy lejos, el sábado pasado, hace 72 horas, en el portal Infobae se publicó una nota evidentemente pagada –en el oficio se llama "publicidad encubierta"– titulada: "El buque que permite hacer dragados sustentables ya está disponible en la Argentina". Sin firma y con la impactante fotografía de una moderna nave de la empresa belga Jan de Nul –propietaria de facto del Río Paraná desde hace casi 30 años– propagandiza y elogia las supuestas virtudes ecológicas de esa enorme transnacional que maneja a su mera conveniencia el dragado del que para millones de argentinos y argentinas fue desde siempre el río Paraná pero hoy es lo que casi todo el funcionariado argentino aprendió a llamar –colonizadamente– "Hidrovía".

Con notable eficacia comunicacional, la nota elogia las supuestas bondades de "una compañía familiar de origen belga, líder mundial en obras de infraestructura marítima, dragado, ingeniería civil y medioambiente que fue pionera en introducir embarcaciones de emisiones ultra bajas (ULEv) en el mercado, lo que estableció un nuevo estándar para las operaciones de dragado en todo el mundo".

La nota es virtuosa en el arte de mezclar datos con pretensión clarificadora, pero que sólo apuntan a confundir al respetable. Autoelogian cosas como "las dragas de tolva de succión móvil, que tienen estos buques, están equipadas con un sistema de filtrado que reduce los gases de escape y captura las emisiones de nanopartículas" (sic). Y resaltan que la Jan De Nul "cumple con la norma europea euro stage V que es una de las más estrictas con respecto a las emisiones en tierra y vías fluviales", ya que "la compañía se inspiró en los túneles suizos que están debajo de los Alpes que poseen la tecnología necesaria para filtrar los gases de escape que le permite a los trabajadores respirar aire puro" (sic). Así, "el sistema de filtrado bifásico a bordo de los buques ULEv hace lo mismo al reducir las emisiones de NOx mediante un catalizador hasta en un 99% y filtra las emisiones de nanopartículas con un filtro a niveles inferiores a los de un camión Euro 6". (enésimo sic). Así presentan "la primera embarcación ecológica disponible en la Argentina". Y así siguiendo, esta columna ya sabe de este tipo de mañas porque hace dos años fue invitada a un almuerzo con los máximos directivos de esa transnacional en el hotel más exclusivo de Buenos Aires, sutilmente formulada por dos reconocidos periodistas radiales. Y convite obviamente rechazado en el acto.

Lo cierto es que en los hechos, y en el comercio exterior, el Paraná ya no es nuestro y las esperanzas de que se concrete el Canal Magdalena se diluyen cada semana. Y en ese contexto y más allá del buenismo que se propagandiza desde el gobierno nacional, la vida cotidiana de 47 millones de compatriotas transcurre matizada por la miseria que no cesa de expandirse, la inseguridad económica y callejera y la injusticia sistémica, que, como la gripe, afecta a todo el cuerpo. Así, las próximas elecciones pintan gris oscuro mientras la degradación constitucional es imparable. Lo de ayer en Brasilia también es alarma para nos.

Es en esos contextos que la leve y cautelosa esperanza que expuso esta columna la semana pasada se debilita día a día y hora a hora. Porque no hay certezas de que el Canal Magdalena –fundamental para un comercio exterior nacional, una industria naviera idem, y la generación de miles de empleos calificados y acaso la mejor vía para la recuperación de la economía nacional si se la conduce con patriotismo y severidad– se concretará de una buena vez. Hasta aquí, todo el gobierno de Alberto Fernández ha puesto trabas al control de ríos y puertos, y al comercio exterior nacionalizado y soberano. Así, y en los últimos tramos del período gubernamental, se diluyen las esperanzas de que la Argentina recupere la plena soberanía sobre nada. El decreto 949 sigue vigente y las promesas presidenciales respecto del Canal que habilitaría la soberanía marítima y nuestro comercio exterior, siguen sin cumplirse.

No queda otra, entonces, que imaginar nuevas candidaturas que dignifiquen nuestra historia soberana y renueven la esperanza, la verdad y la participación popular.

NOTA: Esta columna de opinión fue publicada en el diario Página 12 y es reproducida en HoraCero con expresa autorización de su autor.

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