El pensamiento de Manuel Belgrano: la difícil Independencia

Historia 20 de junio de 2018 Por
La comprensión de los hechos históricos también es un campo de disputa, por eso pensar cuál es la idea central, la meta ideal que animó a lo largo de su vida pública a Manuel Belgrano, puede ser quizás su legado para nuestra época.
BELGRANO
Manuel Belgrano, su pensamiento y su acción

Por Daniel Luis Vaschetto*

La conmemoración de un nuevo 20 de junio nos pone en el compromiso de repensar este presente que nos toca vivir y que tiene múltiples vínculos con nuestro pasado. El pasado no es una mera colección de hechos muertos, vive en nosotros, en nuestra cultura, en nuestras instituciones y leyes, en nuestros valores y creencias, también en nuestros defectos y prejuicios.

La figura de Manuel Belgrano, por su relevante actuación en tiempos donde se suele ubicar nuestro “mito del origen” como Nación, como muchos otros, ha sido utilizado para fines precisos por distintos historiadores. Uno de los primeros fue Bartolomé Mitre, quien trató de crear con su pluma una genealogía de los “padres fundadores de la patria” que legitimara y rodeara de laureles el nuevo orden que se instauró luego de la derrota de los caudillos federales.

Posteriormente, historiadores como Adolfo Saldías y José María Rosa cuestionaron fuertemente la versión de Mitre y su panteón de héroes liberales, dando lugar al llamado revisionismo histórico, para significar la mirada nacional frente a aquellos que habían construido una nación mirando hacia Europa. Vemos entonces que la comprensión de los hechos históricos, también es un campo de disputa.

En nuestro caso, constatamos que la figura de Belgrano ha quedado confinada, mediante la reproducción del rito escolar, al hombre que se viste con el ropaje de la patria naciente, funda una serie de símbolos nacionales (la escarapela, la bandera) dando ejemplos de austeridad y desprendimiento material al llegar su muerte en 1820, en el marco de un país inmerso en la guerra civil.

Ahora bien, no podemos en esta nota intentar reconstruir en toda su enorme complejidad a Manuel Belgrano, tarea necesaria si las hay. Vamos a limitarnos a un empeño más modesto, pero creemos que de algún valor. Consiste en pensar cuál es la idea central, la meta ideal que animó a lo largo de su vida pública a Manuel Belgrano, que puede ser quizás su legado para nuestra época. Nos parece que en esa unidad de pensamiento se encuentra la idea de Independencia.

El ideario independentista, para decirlo rápidamente, no era hegemónico en el pensamiento de quienes participaron de la revolución de 1810. La mayoría de los participantes de la Primera Junta cabalgaron sobre la idea de conservar los pueblos del virreinato para la Corona Española, mientras el rey Fernando continuara preso de los franceses; pocos en estas tierras pensaban entregar los recursos del virreinato a un gobierno autónomo.

Así, hasta la intervención de los ejércitos de San Martín en el sur y Bolívar en el norte, la idea de independencia no se convirtió en la línea estratégica de los pueblos en revuelta, y mientras se combatía frente al español y se lo consideraba el enemigo a derrotar en la guerra; otra guerra de ideas, de idas y vueltas y de proyectos no autonomistas predominó en los distintos gobiernos porteños.

Las grandes fortunas en riesgo de la élite comerciante porteña y de los dueños de la tierra pugnaron por una salida donde la conexión con el mercado español no se resintiera con la guerra o se articulara al sistema colonial inglés, como una forma de conservar sus privilegios, como se decía entonces “cambiando de amo”.

Se podría sostener entonces que desde octubre de 1810, momento en el cual la guerra bajo el mando de la Primera Junta se hace presente en el Alto Perú con la creación del Ejército del Norte, hasta la destitución del Primer Triunvirato por el Segundo hegemonizado por la Logia Lautaro en octubre de 1812 y que constituyó una clara victoria de las fuerzas independentistas (San Martín, Álvarez Jonte, Nicolás Rodríguez Peña, entre otros); la línea divisoria de la acción política de los activistas pasaba por quienes abogaban por romper las cadenas frente a cualquier gobierno (proyecto independentista de Belgrano, San Martín, Artigas) y aquellos que hacían un cálculo militar y económico encomendándose a normalizar las relaciones con la Corona Española o con la venia del Imperio Portugués negociar una relativa autonomía bajo el Imperio Británico.

En este contexto el Primer Triunvirato decide en diciembre de 1811, asignar a Manuel Belgrano la tarea de controlar los cursos fluviales desde las costas santafesinas y entrerrianas. Para este fin se le destina el Primer Regimiento de Patricios. Estas tropas se habían acuartelado ese mismo mes en Buenos Aires en lo que se conoce como “Motín de las trenzas”. Luego de una negociación infructuosa donde los Patricios, sin rumbo y sin jefatura, habían repudiado el mando de Belgrano y pretendían elegir a uno de sus miembros como guía fueron duramente reprimidos.

Belgrano sabe entonces que la tropa que va hacia las barrancas del Pago de los Arroyos no le es necesariamente leal. Es en este contexto donde Belgrano piensa en la Independencia como consigna y en los símbolos patrios. La arenga a la tropa y al pueblo del Rosario el 27 de febrero de 1812 en el marco de la bandera enarbolada para inaugurar las baterías “Independencia” (significativo nombre) y “Libertad”, supone un mojón más de una certeza que posee Belgrano: no puede haber lealtad a la Revolución sin una concepción transmitida a los pueblos de lo que representa la Independencia. Y no puede haber Independencia sin la participación activa del pueblo en armas.

La anécdota de la creación de la bandera y la firmeza de la idea independentista, contrasta con la visión antagónica que el Primer Triunvirato tiene de la creación de la misma. Vale citar en extenso la nota donde se verifica esto claramente del hombre fuerte del Triunvirato, el secretario Bernardino Rivadavia:

“La situación presente, como el orden y consecuencia de principios a los que estamos ligados, exige de nuestra parte,(…) que nos conduzcamos con la mayor circunspección y medida; por eso es que las demostraciones con que inflamó a las tropas de su mando, esto es, enarbolando la bandera blanca y celeste, como indicante de que debe ser nuestra divisa sucesiva, las cree este gobierno capaz de destruir los fundamentos con que se justifican nuestras operaciones (…) y que en nuestras comunicaciones exteriores constituyen las principales máximas políticas que hemos adoptado”.

Por consiguiente, para no “destruir los fundamentos” no debíamos mencionar la idea de la Independencia y conducirnos con “la mayor circunspección y medida”, y se obliga al general desobediente a guardar la bandera. Las admoniciones de Rivadavia no llegarán a manos de Belgrano sino cuando éste ya estaba a cargo del Ejército del Norte y en Jujuy la había vuelto a enarbolar y jurar frente a la tropa.

La centralidad de la idea de la Independencia para Manuel Belgrano será una vez más demostrada, en Jujuy, atrayendo tras de sí hasta Tucumán (y no hasta Córdoba como el Triunvirato había mandado) al pueblo todo, para librar batalla e iniciar la contraofensiva hacia Salta. El éxodo jujeño da a Belgrano la estatura de un gran militante revolucionario, ése que no está a menudo en las escuelas, y sus actos de desobediencia nos muestran la firmeza de su convicción a favor de la Independencia de estos pueblos, ante las vacilaciones y maniobras de la camarilla porteña,

Seguramente se podrían mencionar muchos actos de Belgrano dignos de ser recordados, también –por qué no decirlo- sus errores, contradicciones e inconsecuencias, pero en estos tiempos de globalización, de poderes financieros que jaquean a los gobiernos de las naciones, o mejor, a los pueblos, nos parece que la necesidad más imperiosa que tenemos es revalorizar el significado de la Independencia nacional.

Como dijimos al principio la construcción de la memoria histórica –por lo tanto nuestra “autoconciencia”- es un campo de disputa como cualquier otro de la sociedad. Actuemos, pues, revalorizando a quienes como Belgrano jugaron su vida luchando por nuestra Independencia, y sepamos que esta es una batalla que nunca se puede dar por concluida.

*Profesor de Filosofía Política y Ciencia Política

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