Raúl Viso, un resistente de la cultura popular

Cultura 30 de octubre de 2018 Por
Hace una semana, la noche de los museos pasó por Solcuer entre llamas a la parrilla, las fotografías de los militantes del teleobjetivo, las cartas de tarot, los bailes y muchos etcéteras más. Nos convocó la presencia, "aparición" para algunos, de Raúl Viso con sus pinceles y grafitos en una exposición de talento bien jugado.
VISO EN LA EXPOSICIÓN
Raúl Viso en la exposición - Fotografía: gentileza de Mercedes Pardo

DANIELPor Daniel Dussex*

Los museos no le son ajenos, se nutrió de ellos en las vacaciones forzadas vividas en Europa. Los recorrió no como turista, sino para escudriñarlos de cerca y tomar clase con "esos grandes" que plasmaron sus obras con esmeril, piedra y óleo. Su mirada siempre crítica, le echó el ojo a cuanta creación pudo acercarse.

Sin embargo, en esos periplos museológicos ya intuía que lo suyo no quedaría encerrado entre cuatro paredes y para unos pocos visitantes.

Lo de Raúl estaba destinado al aire, a las páginas de las revistas y de los diarios... Si eso faltaba, agarraría cuanta pared se le pusiera por delante para convertirla en una gran viñeta que expresara ese mensaje con sabor a pueblo. Es que él dibuja desde siempre, sufrió cárcel, exilio y hasta un ACV, pero nada de eso lo detuvo, siguió con más fuerzas. Ayer nomás, dándole una paliza a la muerte entre sueros, transfusiones y bisturíes, hoy como anfitrión de un recorrido que daba cuenta en lo alto de esta sala cultural, porqué un 24 de marzo se lo bautizó como "el dibujante del pueblo".

-Yo creo que quienes dibujamos venimos con un don, es como el que tiene oído para la música, lo que tenés que hacer es desarrollar ese don. Si me preguntan por mis maestros del dibujo, digo que tengo influencias del dibujo under de Estados Unidos, pero también saqué mucho de los franceses y de los españoles, sin olvidar a los personajes de Quinterno.

Cuando en nuestro país se pusieron de moda los "manga", esos cómics japoneses que de un día para otro invadieron nuestras costas, desde el Círculo de Dibujantes Santafesinos él y los suyos resistieron poniendo en valor el arte gráfico de la escuela rioplatense, eso les transmitían a los pibes y pibas que querían despuntar el vicio por el lápiz, tanto en las aulas del centro como en las salitas de algún barrio.

-Empecé a dibujar prácticamente desde los tres años, pero mis primeros trabajos conocidos se remontan al ´74 cuando tenía 16. En ese entonces, publiqué en una revista que se llamaba Pioneros, era del movimiento scout argentino, un grupo, por así decirlo “nacional y popular”, que tenía diferencias con el scoutismo internacional. Para quienes dicen que soy un extraterrestre, les digo que por ese entonces también dibujaba para una revistita sobre ovnis que publicaban los hermanos Veglia (lanza una carcajada).

La casa de Raúl está fuertemente impregnada de dibujo, las paredes intervenidas con las pinturas de su hermana, los cuadros, su mesa de transparencia, el escritorio lleno de bocetos y el tablero con sus pinceles, lápices y hojas de dibujo. Todo esto conviviendo con las computadoras que no son ajenas a la escenografía, también están dispuestas para el arte visual.

Mientras suena de fondo una canción de Los Redonditos, recuerda:

-Mi hermana, mayor que yo, hace tiempo está radicada en Europa y es artista plástica. De alguna manera apoyó que me desarrollara como dibujante, sobre todo cuando era chico y me decía: ¡Quedate quieto, dibujá un poco así no molestás! (se ríe).

Raúl Viso forma parte de la generación que en los '70 abrazó la política con ímpetus de revolución, donde la militancia también significaba un estilo de vida.

-El golpe del ´76 me cortó la incipiente carrera, estuve detenido tres años, cuando salí me fui a Francia, a reencontrarme con mi hermana. En Paris pude reiniciarla, haciendo estudios en la Universidad de Vincennes. Trabajé para la ONU como estudiante, no me dieron ningún cargo, simplemente manejaba una fotocopiadora que valía millones. Cuando se terminó ese trabajo, me fui a España, me casé y viví en zona de montaña, frente al mar. Hice una huerta, construí mi casa y crié conejos. Pero no pude dejar el dibujo, de noche a la luz de un farol me ponía a dibujar, y eso que tenía las manos encallecidas por lo rudo del trabajo diario.

Su retorno al país no fue tan épico como el del General, no había ningún encumbrado dirigente sosteniéndole el paraguas ni una multitud aguardándolo.

-Regresé al país, casi con la democracia. Me vine con un bolsito, mi mujer y una nena preciosa, mi hija Eider. Apenas llegué, se me ocurrió hacer una revista de historietas subte, fue como una chispa, enseguida se incorporaron a la propuesta Facta, Lehmann, Rubén Giorgis, Fassola, Panquy Montenegro (que ahora vive en Estados unidos)… Estaba Nando Jaume. Fue un punto de encuentro...

Raúl siempre pudo navegar en las vorágines del under, pero también en las aguas calmas de lo instituído...

-...Luego me contrató diario El Litoral para publicar un suplemento de humor que salía los viernes. Desde ese suplemento, se hicieron los primeros salones de humor de Santa Fe. Entre otros, vinieron Fontanarrosa, Sócrates, Quino y los dibujantes de la revista Fierro. La muestra era itinerante y se llevaba a toda la provincia y a provincias vecinas. El salón tuvo tanto éxito que los porteños copiaron la idea y comenzaron con el Fantabaires. Con el diario Hoy (un matutino que se editaba en Santa Fe) lanzamos Expocómic, allá a mediados de los ´80.

Como quien abre muchas ventanas en la realidad virtual, él hizo lo mismo pero en el mundo real, "¿real?", nos interpelaría Raúl.

-Además del dibujo, transité otros trabajos, fui dueño de un bar temático, hice televisión en Canal 9, instalé mi propia agencia de publicidad, constituí una experiencia cooperativa rural en Rincón y hasta una carpintería para restaurar muebles antiguos. En el medio, nacieron Nuria y Nahuel, de mi primer matrimonio, Luciana y Martín de mi segunda reincidencia.

Ilustró la edición del libro “Del otro lado de la mirilla” que relata la experiencia y testimonios de los presos políticos de Coronda. También realizó la portada del libro homenaje a los estudiantes, docentes y abogados muertos, desaparecidos y perseguidos de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNL.

-Esta ilustración la hice luego del ataque cerebro-vascular que sufrí hace unos años. El ataque para mi, fue una experiencia límite, y si pude salir adelante fue por la solidaridad de los compañeros, en el sentido más profundo de la palabra, me sentía obligado a no fallarles. Tuve que aprender a dibujar con la mano izquierda. Convertirme en un dibujante zurdo no fue fácil (se ríe), pero pude rehabilitarme y esta experiencia trato de transmitírsela a todos los que tuvieron el extraño privilegio de haber sobrevivido a un ACV.

Raúl Viso, también contribuyó con sus dibujos a ilustrar el libro "Coronda: 40 años después, diario de un juicio", retratando las audiencias históricas donde fueron juzgados los represores que dirigieron la cárcel durante la dictadura cívico militar.

Desde el Círculo de Dibujantes Santafesinos coordina diferentes proyectos, desarrollando una etapa muy creativa en donde el trabajo colectivo, la experiencia de los murales, los audiovisuales, los CDs interactivos, la edición de libros de humor y las exposiciones son el centro de su militancia cultural o bien podríamos decir "contracultural".

Hoy que las nuevas corrientes del posmodernismo ya no se plantean la necesidad de un mensaje, Raúl también va a contrapelo con esta concepción de lo artístico:

-Cuando me preguntan que quiero transmitir en mis dibujos, para mí el mensaje es lo importante. Siempre busqué cuestionar el poder de las corporaciones y suscribir un ideario vinculado con la cultura popular, no la elitista. Decir que todos y todas tenemos derecho a que nos den la posibilidad de ser mejores personas.

*Periodista y editor de HoraCero