¿Qué le dijo un rico a un pobre?

Opinión 30 de diciembre de 2018 Por
El autor de este artículo de opinión nos plantea el siguiente diálogo: ¿Qué le dijo un rico al pobre? -¡Tu destino es la cárcel! ¿Qué le dijo un pobre al rico? -Quizás…, ¡Cuando no me someta! Luego agrega que "suponer que las cárceles no tienen nada que ver con la sociedad es un error".
Las-manos-de-la-protesta.-Guayasabin
Obra de Oswaldo Guayasamín, el pintor rebelde de Iberoamérica.

turcoPor Antonio Miguel Yapur*

Un estudio de la Universidad Nacional de Tres de Febrero arrojó que entre el sistema federal y el de la provincia de Buenos Aires, lo que representa el 60 por ciento del total del país, existen 15 mil condenados por delitos a la propiedad, robos menores a los 2.500 dólares, mientras que un cuarto de ese total fue condenado por robar menos de 900 dólares. "Suponer que las cárceles no tienen nada que ver con la sociedad es un error. Cada día se pueden encontrar en el país 70 mil chicos que tienen al menos uno de sus padres presos", señala Marcelo Bergman, director de la investigación.

En el Diario Uno Santa Fe, octubre 2018, leemos: “Según indicó el informe, en la provincia existen alojados en penales, un total de 4.931 presos, de los cuales: 1.860 se encuentran vinculados a causas por delitos de robo y/o tentativa de robo; 1.387 por homicidios dolosos; y un total de 428 por infracción a la ley 23.737 de estupefacientes ...”

El tema en debate es: vivimos en una Argentina llena presos pobres. Y además ¿son presos políticos?

-¿Qué querés decir con esto?, presos políticos son presos por conciencia y no por robos. Si ahí querés llegar...

Justamente a eso me refiero. Aún es paradigmático creer que los presos políticos son solo los presos por conciencia. Milagros Sala está presa por construir socialmente casas, salud, educación y derechos para los pobres. Amado Boudou está preso por devolver al ANSeS, los fondos de las jubilaciones. Y a ambos los acusan de ladrones. Están acusados y presos de robar al sistema de explotación capitalista.

En realidad para ésta justicia, esto es cierto, porque los poderosos consideran que el bienestar popular es un robo a sus arcas y eso atenta contra su seguridad y si encima se transforma en conciencia, ponen en peligro sus riquezas y sus poderes.

La mayoría de los pobres encarcelados son presos políticos pues están enjaulados por desafiar la lógica de funcionamiento capitalista.

Los poderosos del sistema prefieren que pidan limosna o que sean objeto de la caridad y no que roben, pues robar es tomar sin pedir permiso, en cambio la limosna o la caridad es el sometimiento a la voluntad y el designio de los que tienen más poder.

Las cárceles están llenas de pobres y resulta que a esos pobres se los considera delincuentes sin analizar cual es la situación que los lleva a esta supuesta posición delictiva.

Los pobres están encarcelados esencialmente porque el sistema social les ha quitado las oportunidades para desarrollarse como seres humanos íntegros.

En los años 70 nos catalogaban de delincuentes subversivos a los que luchábamos para cambiar este sistema social injusto o nos oponíamos a las políticas neoliberales de la época.

Hoy han sintetizado, ya no hablan de política ni de presos políticos, pues ello implica dar explicaciones y producir debates, el neoliberalismo en su simplificación simbólica sólo habla de delincuentes.

Vos podrás decir, bueno, está bien, pero de cualquier manera han robado o han matado o han agredido a otro ser humano. Sí, es cierto, pero también te digo que ellos son los únicos que están encarcelados y vaya casualidad, son pobres.

Resulta que a los ricos que vienen agrediendo a la sociedad y que históricamente han asesinado para apropiarse de tierras y riquezas y que aún en la actualidad nos roban cotidianamente (y no me refiero a los gobernantes), a ellos las cárceles no les tiene reservada ninguna celda.

Entonces, catalogar al que roba en forma rústica o agrede a otro ser humano simplemente como delincuente es una falsía que incluye una ausencia de reflexión acerca de lo que está pasando en nuestra sociedad.

¿Sabés qué es lo que me disparó hacer esta columna?

Fue la noticia de que un fiscal de la ciudad de Rafaela fue agredido en plena audiencia por el “reo”.

Fijate que esta noticia circuló como un espanto social por muchas radios, diarios y medios de comunicación.
¡cómo habrá circulado que algunos periodistas de la radio universitaria estaban horrorizados!

¡La corporación judicial era víctima de la “inseguridad”!

La pregunta magnificadora fue ¿Cómo es posible que un preso pueda agredir a un fiscal? en tanto las opiniones de los “principales” llevaban al sacrosanto sentido común de que los fiscales no se tocan. Son tan intocables como los jueces, son seres divinos, son huestes celestiales que sustentan los escalones del estado monárquico judicial.

¡Cómo un “reo” y encima pobre va a desafiar a los cortesanos!

¡Cómo osan desafiar a éstos seres supremos electos por el statu quo de los poderosos!

¡No ven que ellos son necesarios para sostener a esa Corte vitalicia, la que habita en ese Palacio de Justicia que es el templo de la impunidad de los poderosos!

Y sino observen este detalle; para poder ingresar a ese Palacio tenés que trepar una interminable escalera y cuando salís, debes de bajarla. Vos allí no podes quedarte y mucho menos pertenecer. Es exclusivo para los cortesanos y los cortejantes.

Junto a la pregunta de ¿Cómo un pobre puede agredir a la autoridad?, viene inmediatamente la condena ¡es inconcebible!

Pero en cambio un rico poderoso puede burlar, ordenar y hasta amenazar a cualquier poder del Estado, pues él es el poderoso, los cortesanos y sus palaciegos deben declinar ante él sus pretensiones.

Un renombrado de Santa Fe fue hasta gobernador de la Provincia, me refiero a Reutemann, él fue responsable de que nuestra ciudad casi entera se haya inundado, pero al pertenecer al sector social más influyente de la provincia es impune, el Poder Judicial lo protege desde la Corte Suprema y el poder fáctico le otorga fueros para consumar su impunidad.

Otro ejemplo, quizás no tan famoso es el del actual intendente de la ciudad de Santa Fe en sus decisiones políticas.

Embellecer el centro de la ciudad es un mensaje simbólico contundente hacia el resto de la sociedad, especialmente para la ciudad pobre.

¡Aquí estamos los poderosos e imponemos nuestro estilo de vida, sepan ustedes!

Es el mismo alcalde que está intentando forzar la construcción de un puente entre Santa Fe y Paraná, un puente que obstaculizaría la vida de los santafesinos, pero él pretende obligarlo por el solo hecho de beneficiar a las familias del poder que han “invertido” en islas. Con ese puente él les satisface el valor agregado que ellos reclaman.

El intendente Corral fue electo por muchos, pero sólo complace el bienestar del poder fáctico santafesino. Tanto uno como otro hacen política pero se dicen administradores y en eso estoy de acuerdo, ellos administran los intereses de los poderosos.

Son gobernantes que habilitan el algoritmo neo-liberal de catalogar y simplificar al ser humano como consumidor a cambio del justo concepto de ser humano como sujeto de derecho.

Y también debemos reconocer que una franja de la sociedad fue convencida de ser objetos de ganancias bajo el miedo de no ser. Hoy tiene mas valor la propiedad privada que la vida humana. Eso es un credo del neoliberalismo y hacia ahí dirigen sus acciones los gobiernos actuales.

Para ellos el Estado está exclusivamente al servicio de quien sigue esta creencia inclusive más allá de las clases sociales.

Puedo dar algunos ejemplos.

En Paraná hace unos días atrás un joven robó caramelos y golosinas de un negocio, fue sorprendido y al huir fue interceptado por los empleados y algunos vecinos del barrio, cayó y fue castigado, el joven murió tirado en el piso. Robó por 137 pesos y fue ejecutado por empleados que son robados por sus patrones y por los vecinos que son estafados cada día al ingresar al supermercado.

El enemigo es un pobre que por sólo 137 pesos mereció la muerte.

Murió el joven y nacieron muchos asesinos. El Estado llegó después, la policía llegó tarde, el Estado con su ausencia también ajustició a un pobre. La justicia por mano propia reemplazó al Estado de Derecho.

Muchos ven al pobre ladrón como su enemigo y en tanto eligen para que los gobiernen al ladrón rico porque el sentido común les dice que no robará, él no tiene necesidad ¡ya es rico!

Aunque la realidad manifiesta que igualmente roban y aún más para que luego paguen generaciones de pobres.

Muchos no ricos no se enfrentan a los ricos que les roban pues son deseosos del estatus quo del poderoso y matan al pobre sin darle oportunidades, así ejecutan el deseo del rico.

En Buenos Aires, en la calle Pueyrredón cerca de la Avenida Santa Fe, en vigilia de nochebuena, un joven robó un celular y salió corriendo, vecinos y transeúntes lo detuvieron en el momento en que él chocó con una joven que venía en bicicleta.

Lo castigaron a patadas mientras estaba tirado en el piso, se desmayó y le siguieron pegando aún inconsciente, la joven gritaba ¡basta, paren, está desmayado!, el joven víctima del robo también les gritaba ¡basta lo van a matar! Pero ellos seguían pateándolo, se turnaban, los de adelante le daban oportunidad de castigo a los observadores de atrás.

Al llegar la policía, el joven ladrón yacía desmayado y tirado en la calle, la policía como primera acción, aún estando inconsciente fue ponerlo boca abajo y engrillarle las manos en su espalda y luego llamaron a la ambulancia que tardó una infinidad. La vida no interesa, sí el celular.

Los pobres encarcelados son parte del proyecto neoliberal. Es necesario primero reducirlos sencillamente a delincuentes. No como en antaño que diferenciaban entre delincuentes y delincuentes subversivos porque ello habilitó a un exterminio que luego les produjo juicios y condenas de lesa humanidad.

En cambio, la reducción simple a delincuente facilita el exterminio y aporta a lograr la pobreza cero.

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*Militante social, docente y escritor

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