El sueño de Herminio

Opinión 28 de febrero de 2019 Por
En el país gobernaban unos famosos avenidos a dirigentes políticos, eran célebres por ser mentirosos con patillas, por ser hijas de pasadores de invierno con costosos tapados de pieles que cubrían su desnudez, la del cuerpo y la de emociones humanas como la solidaridad y la dignidad.
MENEMATO
El país del menemato

turcoPor Antonio Miguel Yapur*

En años anteriores, casi pisando el siglo XXI, Herminio era un jubilado pobre, un docente jubilado que recibía una asignación mensual que no le alcanzaba para cubrir sus necesidades esenciales, eso es ser pobre y en el caso de Herminio además era docente.

En el país gobernaban unos famosos avenidos a dirigentes políticos, eran célebres por ser mentirosos con patillas, por tener hijos con famosas chilenas, por ser hijas de pasadores de invierno con costosos tapados de pieles que cubrían su desnudez, no solo la del cuerpo sino también la de emociones humanas como la compasión, agradecimiento, humildad, integridad, respeto, solidaridad, dignidad y podríamos seguir nombrando.

En esa desnudez o en esas patillas sí cabían, por supuesto otras emociones, como agravio, agresión, apatía, desconcierto, abuso y quizás muchas otras. Y esas emociones, tanto las ausentes y las presentes erigían la pobreza de Herminio.

En ese país de patillas, visones, cantantes y corredores de Fórmula 1 afloraban desazones compartidas por docentes pobres, profesionales universitarios taxistas, madres que cuidaban del hambre de sus hijos a costa de su propio alimento.

Así fue que Herminio transcurrió la última década del siglo XX y el inicio del XXI. En esa misma época por supuesto que no solo los tapados y patillas ejecutaban la pobreza sino también ofrendaban a ese ritual unos “demócratas” que usaban tarjetas de crédito o servilletas para legislar y legalizar la miseria de muchos como Herminio.

Luego vino la inconsistencia de cinco presidentes que con seriedad y tranquilidad le dieron el toque de gracia a la pobreza y a Herminio ya no le pagaban la jubilación, le daban bonos que parecía dinero.

Algo parecido a lo que en una época de nuestro país hacía una empresa llamada La Forestal. El ciclo era así, los gobiernos le regalaron millones de hectáreas de territorio bajo el pretexto de que era en pago de una deuda bancaria con Inglaterra, la Forestal devastaba nuestros bosques nativos con el pretexto entre otros del tanino y del progreso, empleaba a los criollos, les pagaba con bonos hechos por la empresa y los obligaba a gastar esos bonos en sus almacenes y bolichos de ramos generales.

El circuito era perfecto para la empresa pues todo el dinero volvía a la empresa, sólo salían las remesas de ganancias hacia Inglaterra.

La pobreza de Herminio tenía el mismo circuito, la única diferencia era una mayor diversidad de saqueadores.

Herminio cobraba el bono, luego su bono se devaluaba y con él compraba su misérrima subsistencia cotidiana y así, ahora al bono se lo quedaba el empresario que luego lo canjeaba a su valor nominal y con sus intereses.

El empresario le recibía el bono devaluado, aumentaba el precio de las mercaderías, le decía a Herminio qué podía comprar con el bono y qué no le estaba permitido.

A Herminio el gobierno de los serios le entregaba bonos, los mercaderes de diferentes calañas se lo devaluaban, le obligaban a gastarlo rápido y luego el mismo gobierno de los serios recibía los bonos a los empresarios y se los pagaban con pingues ganancias.

En medio de esa contienda de comerciantes voraces y gobiernos serios estaba Herminio que solo caminaba por las calles con la cabeza baja mientras dos emociones humanas lo atosigaban, la indignación y la resignación.

Mientras tanto lo hostigaban con la salvación azarosa y la promesa de felicidad futura, le inoculaban el virus de la resignación como destino humano. La felicidad le estaba reservada solo para un lejano futuro con la condición de cumplir el calvario financiero que los serios le aseguraban como único sendero y a su vez ineludible.

Solo así, su sacrificio terrenal iba a ser recompensado el instante antes de su muerte, justo en el segundo en que él vería un túnel con una plácida luz, allí lejos, muy lejos.

Un buen día triste, casi vencido y mientras cruzaba una plaza sin rumbo preciso, -él deambulaba solo para que el tiempo transcurra- se topó con algunos otros humanos que gritaban y bailaban esa bronca que él silenciaba. En su andar de pronto sintió que de prepo dos gritones le abrazaron la espalda, uno de cada lado y comenzaron a saltar, bailar y gritar junto a él. Lo hicieron si más condición que el abrazo.

Comenzó a sentir como su cuerpo desvencijado no entendía el abrazo, ni el grito, ni el canto y menos la alegría. Su alma estaba siendo sacudida, era todo inentendible, confuso. Los dos gritones y saltarines permanecían contentos, alegres pero él estaba aturdido y no solo por los gritos sino además porque en su cabeza sentía la sensación de un estallido.

Y sí, así fue, Herminio estalló y de pronto el túnel prometido se desvaneció y en esa misma dirección vio al horizonte que con su levedad infinita lo invitaba a caminar.

En ese mismo tiempo, justo cuando ese siglo XXI recién estaba parido,también se sintió el estallido de toda una multitud que cariñosamente se autoproclamaban pueblo en las plazas y las calles del país. Los serios lo estaban más aún porque ellos no podían concebir la rebeldía de nadie y menos aún la de multitudes.

Era un desorden de su orden y esos pocos, muy pocos insistían en imponer que solo era el “enojo de la gente”.

Así fue que Herminio aprendió a circular en la vida de una manera diferente, los abrazos fueron cotidianos e iba irguiéndose pues había percibido la presencia de la esperanza que nuevamente lo entusiasmó para poner rumbo hacia ese horizonte.

Ese mismo tiempo fue de aprendizaje de algunos de los caminos de esa esperanza. También el gobierno de los serios retrocedió con sus compulsiones de verdad y hubo un gobierno que le permitió a Herminio ser un docente jubilado con la libertad de elegir junto a otros.

Le llamaron a ese gobierno con el nombre de gobierno popular. Esos pocos serios se apresuraron y lo comenzaron a llamar populista. Era la degradación de lo popular para desprestigiar no solo al gobierno sino al amoroso contenido de pueblo.

La seriedad de los pocos urgía enfriar esa peligrosa calidez de lo popular y les era necesario y acuciante recuperar la frialdad de la palabra “gente”.

Herminio disfruto la alegría de hacer junto a otros, de la calidez de pensarse acompañado y compartido. No se volvió rico pues no era su condición, si pudo saber que el buen vivir tiene muchas aristas pero esencialmente es la posibilidad de ser, soñar y pensar juntos un plan en donde amar al otro es simplemente necesario.

Aun así estaban al acecho los mercaderes de riquezas, ellos que sólo conocen como acumular bienes o producir guerras, sufrimientos y muertes. Los serios mercaderes están convencidos que el bienestar de Herminio es un robo a su propiedad privada por eso acuñaron una consigna “se robaron todo”.

El buen vivir de un pueblo para los serios mercaderes es un robo, es la apropiación no solo de lo material sino de la alegría y la libertad que consideran suyas, en este caso por designio histórico y quizás hasta divino.

De cualquier manera Herminio ya no se amedrentó. No estaba solo y sí lleno de dignidad.

No obstante no todo era una llanura sin obstáculos, mientras caminaba, saltaba, gritaba, sonreía junto a muchos, algunos, no tan pocos, creyeron que esa comodidad,y ese bienestar, Herminio no se lo merecía.

Así crearon una nueva categoría, la del no merecimiento.

Ello consistía en alegar que el bienestar que fue obtenido colectivamente no era tal y entonces algunos creyeron que todo lo que poseían era por esfuerzo y galardón propio, individual y que el otro no había hecho ningún mérito para tenerlo entonces sólo él se lo merecía, el otro no.

Y así fue que los mercaderes con su seriedad imperturbable proclaman que Herminio y sus pares deben devolver el bienestar “robado” a lo serios.

La historia de Herminio aún así sigue. Ya no está solo y sabe que la esperanza se va construyendo con alegría, bailando, gritando junto al otro y a pesar de los serios mercaderes.

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*Ingeniero - Ex Docente Universitario - Escritor y Militante social.