Cada país tiene el FMI que se merece

Economía 16 de marzo de 2019 Por
Estamos frente a un país que ha renunciado al uso de instrumentos de políticas económicas fiscales para el crecimiento interno y que condecora a los acreedores como benefactores de la Patria. El presente artículo está basado en una publicación del Plan Fénix y actualizado a la actual coyuntura nacional.
Economía-global
Globalización, economía y FMI

PapiniPor Alberto Papini*

En su libro “Vivir con lo nuestro - Nosostros y la Globalización”, el profesor Aldo Ferrer expresaba que la globalización es entre otras cosas, el espacio del ejercicio del poder relativo de las naciones. Las reglas del juego en las finanzas, el comercio, las inversiones privadas y el acceso al conocimiento son diseñados en función de los intereses de los países centrales.

Explicaba que siempre fue así, desde Cristóbal Colón y Vasco da Gama, es decir, desde que comenzó la globalización.

En este marco los países recurren al FMI cuando están en dificultades, pero una vez que la necesidad existe, la cuestión es con qué criterios y objetivos el país involucrado plantea la negociación; se trata en gran medida de la política interna que quiera llevar a cabo.

En esta negociación se acrecientan la importancia y firmeza de las políticas de los países en dificultades y la posibilidad de conciliar una política de crecimiento y equilibrio macroeconómico con las preferencias del FMI y los países centrales.

Pero… muchas veces y tal cual los argumentos utilizados por el Gobierno vemos que las medidas implementadas, se presentan como supuestamente insalvables para justificar sus propias preferencias políticas e intereses particulares de los grupos económicos que conforman el gobierno, tal el caso de tarifas energéticas y las altas tasas de intereses.

Las consecuencias de las políticas neoliberales aplicadas por el Gobierno con su ortodoxia monetarista son infinitamente peores, que los mayores dislates de la heterodoxia, tal cual lo demuestra la dramática situación actual del país.

El neoliberalismo se convierte así en el enemigo de la paz social y de sus posibilidades de internas de desarrollo.

El Gobierno y el FMI vigilan el cumplimiento de las metas fiscales y monetarias, pero desatienden los efectos de los aumentos de tarifas dolarizadas de los servicios públicos y el accionar de monopolios, que son una parte importante del incremento inflacionario.

Todos los errores de la política económica del Gobierno convergen en aumentos de endeudamiento externo y generan rentas financieras especulativas extraordinarias. Por ello, el FMI, por la mala calidad de sus políticas, tiene la Argentina que se merece.

La Argentina tiene el FMI que se merece por la dimensión de su endeudamiento, pero además, el Gobierno negocia mal con el FMI, porque coloca al mismo en el centro del escenario, con el supuesto de que su ayuda es cuestión de vida o muerte, es ese caso, el Fondo pasa a tener una importancia innecesaria, ya que este es un país con abundantes recursos propios y lo que necesita es autorespetarse, y en todo caso, ello es producto de un diagnóstico equivocado, como lo es plantear que el problema radica en el elevado gasto público, cuando en realidad el problema actual es la falta de demanda y de liquidez.

Argentina negocia en ese marco con el peor FMI posible y es el que se merece por su propio Gobierno, que interpreta que la Nación Argentina es “solo y apenas”, un segmento del mercado mundial gobernado por factores exógenos ingobernables por la política económica argentina.

Estamos frente a un país que ha renunciado al uso de instrumentos de políticas económicas fiscales para el crecimiento interno y que condecora a los acreedores como benefactores de la Patria.

El actual Gobierno descarta la posibilidad de iniciar una política firme y ordenada de reactivación. Otra estrategia es posible, vale decir, una política responsable para poner en marcha a la economía argentina.

El presente artículo está basado en una publicación del Plan Fénix, de abril de 2002 y actualizado a la actual coyuntura nacional, muy parecida en sus efectos a la crisis de 2001 por el mega endeudamiento.

*Docente Universitario - Economista e Investigador