El eufemismo de los criminales

Derechos Humanos 23 de marzo de 2019 Por
A cuarenta y tres años del último golpe cívico militar y eclesiástico reproducimos el siguiente escrito por el director de HoraCero, publicado en Cuadernos de Ayotzinapa, editado por Ombú éditions en Francia. El autor es integrante de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por razones políticas.
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Una palabra que esconde otras palabras

DANIELPor Daniel Dussex*

Mi país tiene el triste privilegio de haber acuñado una palabra, que se escribe en castellano aunque se hable en otros idiomas. Digo triste privilegio, porque nos remite al peor de los momentos políticos que vivimos quienes habitamos suelo argentino: la dictadura cívico militar que irrumpió en 1976 con su armamento de espanto y horror.

“Desaparecido”  fue el eufemismo que usaron los dictadores para esconder sus crímenes sistemáticos.

“Desaparecido” es una palabra que esconde no una, sino varias palabras, por lo menos cuatro: secuestro, tortura, violación y asesinato. La hipócrita definición que el genocida Videla dio en su momento habla por sí, “Es un desaparecido, no tiene entidad. No está ni muerto ni vivo, está desaparecido…”

Como hacen los criminales en las novelas, ocultar el cadáver. Así de simple fue la manera de perpetrar su accionar la última dictadura, con el argumento de un folletín policial. Pero, también así de cruel fue para nosotros, familiares de esas víctimas, porque la incertidumbre respecto al destino final de los nuestros se instala como una tortura sicológica que no tiene fin.

El mismo dolor que nos hermana con los familiares de los desaparecidos en Ayotzinapa, la misma marca y el mismo color, el de esos estudiantes, como tantos estudiantes y jóvenes desaparecidos en Argentina. El mismo cuchillo en las manos de mismos cobardes que no reconocen patria. El eufemismo de siempre y el ocultamiento de lo que no se puede decir porque es auto incriminatorio.

Es cierto que Argentina acuñó este eufemismo de muerte, pero como ocurre en la historia de los pueblos, también surgió una señal de vida que pronto se convirtió en un símbolo de lucha contra las dictaduras: los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo reclamando por estas desapariciones.

Alguien dijo que la vida es un pañuelo, para nosotros es así. Para los familiares la vida tiene sentido a partir de estos pañuelos que nos envuelven en la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia en Argentina como en Ayotzinapa.

Por nuestros treinta mil, como por los cuarenta y tres.

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*El presente artículo forma parte del libro Cuadernos de Ayotzinapa – Ejercicios de memoria colectiva, editado por Ombú éditions en Francia. Fue leído en la presentación del libro que se hizo en Toulouse, con la presencia de los coordinadores de la edición: Normando Gil y Modesta Suárez, seguido de una mesa redonda formada por Carlos Bucovicky y Álvaro Ruiz (coautores del libro) y coordinada por la antropóloga Ariela Epstein.

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