Aquellas primeras Madres

Efemérides 30 de abril de 2019 Por
La gesta de un grupo de mujeres que en soledad se plantaron frente a la dictadura, con una sociedad que miraba para otro lado y con todos los medios de comunicación censurados, pudo convertir la angustia y el dolor que sentían por sus hijos e hijas en coraje colectivo.
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Un reclamo que se hizo piel

"En Argentina, las locas de la Plaza de Mayo son un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria". Eduardo Galeano.

Hoy se cumplen un nuevo aniversario de aquel 30 de abril de 1977, cuando por primera vez salieron unidas a pedir desesperadamente por sus hijos e hijas. Fue en ese momento que comenzaron a parirse como ejemplo de resistencia y dignidad en una Argentina violentada por la dictadura.

Narra la historiadora María Seoane: "Las Madres de Plaza de Mayo eran mujeres que salían a las calles en busca de sus hijos detenidos y desaparecidos, cuyo paradero los militares aseguraban desconocer. A medida que sus hijos eran secuestrados y “desaparecían”, las Madres golpeaban todas las puertas que pudieran abrirse para recibir noticias de ellos. Con ese objetivo se dirigieron al Ministerio del Interior, a los cuarteles y destacamentos de la policía, y hasta escribieron cartas a los integrantes de la Junta Militar. Jamás recibieron respuesta alguna de parte de ellos, como tampoco de la Iglesia Católica.

En un principio, las madres de los desaparecidos actuaban individualmente. Se encontraban siempre en las puertas de los ministerios y los cuarteles, pero no conformaban una asociación. La idea de agruparse fue sugerida por Azucena Villaflor de Devicenti, considerada fundadora del movimiento y secuestrada en diciembre de 1977 por sus actividades en busca de los desaparecidos. El 30 de abril de 1977, catorce madres fueron a la Plaza de Mayo y así surgió la agrupación. En un comienzo, ese grupo de madres decidió encontrarse los jueves a la tarde en la Plaza de Mayo, que en ese momento era muy transitada. Allí, las madres permanecían de pie, sin moverse. Pero inmediatamente los policías que vigilaban la plaza les pidieron que circularan: regía el estado de sitio, y las reuniones de tres o más personas estaban prohibidas. Así comenzaron las caminatas alrededor de la Pirámide de Mayo, en el centro de la plaza."

La elección de la Plaza de Mayo como lugar de protesta no fue casual, está frente a la Casa Rosada. Un lugar cargado de historia que adquirió un nuevo sentido a partir de las Madres: se convirtió en el espacio de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Las consignas de “aparición con vida” y “juicio y castigo a los culpables”  están en las danzas solitarias contra el poder, en aquellos tiempos.

"No conocía en persona a las Madres cuando escribí por primera vez sobre ellas", afirma el escritor Vicente Zito Lema, "Yo vivía mi exilio en Holanda, entre canales helados donde bregan los patos y esa soledad difícil de contar que quema el alma hasta volverla un piélago negro. Fui escuchando sus voces, que escurrían las distancias como agua entre los dedos. Me puse a marchar con ellas, desde el deseo de ser parte de esas sombras convertidas en luz durante las ceremonias del coraje, todos los jueves."

Los pañuelos blancos que las Madres llevan en la cabeza tampoco es porque sí. Lo usaron como elemento para reconocerse en esos encuentros donde ponían el pellejo para reclamar en aquellos tiempos del terror organizado, eran como pañales de tela de sus hijos desaparecidos.

Continúa Zito Lema, "Poco a poco, allí, en el norte de Europa, tan lejos, el extravío del dolor tuvo calma, la derrota conoció la esperanza y nuestras vidas a la deriva en los océanos infaustos del destino encontraron su anclaje y su sentido. Otra vez el mañana era un puerto.

Fue desde la piel de las Madres que mi angustia pudo denunciar a una sociedad que se dejó llevar a sus hijos vivos y no enterró a sus muertos.

Fue por la épica de las Madres que alcancé a decir: un país de labios enfermos se animaba a quebrar el silencio con un grito."

Entre aquellas primeras Madres estuvieron Azucena Villaflor, Berta Braverman, Haydée García Buelas, María Adela Gard, Julia Gard, María Mercedes Gard y Cándida Felicia Gard (4 hermanas), Delicia González, Pepa García de Noia, Mirta Baravalle, Kety Neuhaus, Raquel Arcushin, Antonia Cisneros, Elida E. de Caimi, Ada Cota Feingenmüller de Senar, y una joven que no dio su nombre.

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