Me emociono cuando mi mentira, es tu verdad

Opinión 13 de mayo de 2019 Por
Por ahora solo en la física cuántica, es decir para el mundo de las partículas subatómicas es posible estar en dos posiciones simultáneamente. En los acontecimientos humanos reales, concretos, los comunicadores tomamos parte, no somos objetivos y desde ése lugar informamos y opinamos.
VENEZ
Una crisis provocada y la construcción del relato

turcoPor Antonio MIguel Yapur*

La radio me informa, entretiene con la ventaja de no perturbar ni saturar el sistema cognitivo con esa metralla de información con la que ataca la televisión y otros medios audiovisuales. No es porque esa embestida no ocurra en la radio, claro que sucede, pero tiene la limitación de lo únicamente auditivo que no paraliza ni aterroriza en la misma magnitud con que lo hacen los sistemas audiovisuales.

No intento hacer un análisis “científico cognitivo mediático”, sino que me introduzco de esta manera para poder contar ciertas cosas que escucho en algunos programas de radio, donde quizás involuntariamente imponen el mensaje cultural dominante.

Quiero dar un ejemplo real sin mencionar ni identificar programas radiales, pues mi intención es reflexionar y no polemizar. Más aún sabiendo que los conductores del programa al que me referiré en el ejemplo, están dedicados a poner en el aire puntos de vista de la realidad fuertemente confrontativos con la cultura neoliberal. No hay motivos para poner en duda sus mensajes radiales.

El ejemplo es éste: en un momento del programa se comenzó a hablar de la situación actual de Venezuela y del intento de golpe de Estado urdido por la ultra derecha pro norteamericana en complicidad con la CIA.

Los periodistas en un clima de conversación entre ellos, iniciaron el tema expresando su opinión acerca del golpe como intento de quebrar la institucionalidad venezolana, explicitando la condena a la injerencia norteamericana.

Luego, inmediatamente se dedicaron a hacer una crítica a las debilidades del actual gobierno venezolano, hablaron de sus supuestas actitudes autoritarias y, endilgándole innumerables responsabilidades a la crisis por la que transita el pueblo hermano, mostraron sus desacuerdos con esa forma de gobierno.

Lo notable es que no relacionaron ésas críticas con el asedio económico, el embargo financiero, con la acción terrorista de grupos paramilitares insertados por la CIA o con el bloqueo petrolero. Todas acciones provocadas por el imperio.

El centro de las opiniones vertidas en esos cuatro minutos y medio de radio sobre Venezuela fueron ocupados por las críticas al gobierno de la República Bolivariana. Sólo los veinte segundos iniciales estuvieron dedicados a la acción del agresor.

El eje de la noticia comentada lo pusieron en las críticas hacia el agredido y no en el agresor.

De alguna manera estos compañeros periodistas adoptaron el relato de los medios hegemónicos de comunicación y lo reprodujeron.

El sistema neoliberal lidera no solo económicamente, sino que produce valores falsos de verdad que hacen que quienes nos desenvolvemos en medios de comunicación y nos identificamos en la heterogeneidad del campo popular, sintamos la necesidad de relativizar la acción del agresor -sea éste físico, psíquico o simbólico- y aparentemente a esa relativización la ponemos en un lugar culposo que nos hace juzgar al agredido, diluyendo la acción causal del agresor.

Eso hacen cotidianamente en Argentina los medios y comunicadores cuyo objetivos son afines al proyecto neocolonizador, ellos tienen nombres concretos TN, Clarín, La Nación y sus satélites. Distorsionan el mensaje para adecuarlo a la estrategia de dominación y lo reproducen infinitamente en cada uno de nuestros países.

Sucede a menudo que los comunicadores nos obligamos a aclarar “por las dudas”. Ello suele ocurrir cuando nos presionan con sus bombardeos comunicacionales para corromper nuestros mensajes y hacer predominar sus ejes hegemónicos en la sociedad.

El vértigo comunicacional suele dificultar la elaboración de los mensajes que emitimos. Y ése vértigo es una estrategia política del dominador. Por lo cual debemos reflexionar colectivamente acerca del mensaje aunque su emisión luego sea individual.

Acerca de cómo consentir el sometimiento

Es en este marco en que debemos recrear el proyecto de EE.UU. de balcanizar a América Latina. Es un plan estratégico al cual concurren muchas herramientas, entre ellas la guerra de quinta generación que consiste en la manipulación directa del ser humano a través de su sistema neurológico.

Zbigniew Brzezinski consejero de Jimmy Carter hace ya mas de 40 años, afirmaba que en la actualidad había que atacar el recurso emocional de un país utilizando la revolución tecnológica.

Una táctica del imperio es mantener la desintegración política en las sociedades y ello consiste en crear complejos de inferioridad, y a su vez convertir al modelo neoliberal como referencia externa en todos los ámbitos para evitar que los proyectos y modelos colectivos o alternativos se consoliden en su identidad.

Accionan para globalizar el modelo de referencia para que los los modelos alternativos no se referencien a sí mismos como esperanza posible sino al “mundo desarrollado y su modelo prevaleciente”.

Balcanizar es un término geopolítico que se usa para explicar, inducir y aplicar al proceso de fragmentación provocado de una región o de uno o varios Estados separándolos en pedazos. Es formar Estados más pequeños de tal manera que ellos sean mutuamente hostiles entre sí.

Con ello logran impedir la integración o la mutua colaboración. Es necesario desidentificarlos culturalmente, eliminar sus memorias colectivas, sus orígenes históricos y así poder intervenirlos desde diferentes lugares, entre ellos, en sus emociones y percepciones.

Este término surgió a raíz de los conflictos causados en la península balcánica que fragmentó la convivencia cultural, política, económica de los diferentes pueblos que constituían Yugoeslavia.

Para el proyecto global del imperio es necesario ir dando el réquiem a los Estados-Nación y así adecuar al mundo a las necesidades de la economía capitalista financiera global.

Esto es la esencia de lo que sucede en Venezuela, es nido y prueba piloto de ese diseño para América Latina. No en vano simultáneamente se vino ejecutando el Plan Cóndor II interviniendo en las democracias latinoamericanas como sucedió en Honduras en 2009 derrocando al presidente constitucional Zelaya y en 2012 en Paraguay al presidente constitucional Lugo. Luego sobrevinieron las manipulaciones mediáticas y comunicacionales con ejércitos de trolls en Chile, Ecuador, Colombia, Argentina y Brasil que a través de este nuevo concepto de guerra los monopolios comunicacionales aportan para instaurar gobiernos adictos a la estrategia de Estados Unidos en nuestra región.

Si observamos hacia atrás existe una similitud histórica con el Plan Cóndor I (operación de sometimiento de nuestros países al designio de EE.UU.) que se inició en 1964 con el golpe cívico militar en Brasil y luego le siguieron otros golpes idénticos en Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela y Ecuador. Hoy esa saga histórica encuentra una similitud ejecutiva.

Comunicar es una disputa de poder

Es por ello que desde el campo popular debamos ser meticulosos con nuestros mensajes. Los medios hegemónicos mienten, manipulan, desinforman, para crear realidades acordes al proyecto neoliberal.

Los comunicadores que pertenecemos y somos parte del campo popular tenemos una tarea múltiple, no mentir, comunicar la realidad desde nuestra visión, construir subjetividad para un proyecto colectivo de país o de región que sea en libertad, en paz, sin injerencias exteriores e integrados en nuestras propias diferencias culturales, sociales, políticas, económicas y de las otras que vayan estando presentes en ese camino.

Venezuela, Cuba y Nicaragua son tres países latinoamericanos que son objeto de agresiones múltiples por parte de los sectores imperiales de EE.UU. Son objetivos de combate casi prioritarios para el plan de balcanización que parte desde México hacia el sur del continente.

Que los procesos políticos de estos países tengan dificultades propias no es ni será novedad, pero no autoriza ningún tipo de injerencia por parte del imperio y mucho menos de mentiras justificantes de agresiones encubiertas y de bloqueos económicos inhumanizantes.

Una de las reflexiones que deberíamos hacer los comunicadores populares ante situaciones de países hermanos como Venezuela, Cuba o Nicaragua es identificar quien es el agresor y quién el agredido y preguntarnos desde qué lado queremos comunicar.

Los que comunican desde el borde de estas situaciones relativizan el proyecto del dominador dejando brechas que son aprovechadas por el agresor para penetrar más aún nuestras subjetividades.

Los comunicadores tenemos todo el derecho de dar opiniones, es más, es la esencia de cualquier principio de libertad y es una necesidad para contrarrestar la acción del agresor e ir aportando a la consolidación de los diferentes aspectos de un proyecto nacional y popular con ese sueño histórico de la Patria Grande.

La relativización de la figura del agresor es una manipulación que imponen los medios dominantes en la guerra mediática como forma de provocar sobreinformación, desestabilizar el sistema cognitivo y emocional humano y así poder penetrarlo.

Por ahora solo en la física cuántica, es decir para el mundo de las partículas subatómicas es posible estar en dos posiciones simultáneamente. En los acontecimientos humanos reales, concretos, los comunicadores tomamos parte, no somos objetivos y desde ése lugar informamos, damos sentido propio y opinamos.

Y la forma está íntimamente vinculada al contenido.

Un comunicador popular es un sujeto parte y constructor de una sociedad equitativa, libre, justa, soberana, solidaria. Esa sociedad es necesaria construirla colectivamente y el comunicador como tal debe sentirse integrante de esa construcción.

La maravillosa creatividad del colectivo necesita de cada individualidad, también la de los comunicadores.

El neoliberalismo tiene un proyecto de sociedad y hacia ese objetivo pone todos sus recursos. Desde el campo popular estamos construyendo otro proyecto que es antagónico al neoliberal y allí debemos poner todos nuestros esfuerzos y aportes.

El pueblo y la Revolución Bolivariana está siendo agredidos y el agresor es el gobierno de EE.UU. y los cipayos internos y externos. Cuando informamos acerca de ello debemos tenerlo en claro y si es nuestro objetivo comunicacional dar una opinión es también necesario tener en cuenta quién es el agresor.

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*Ingeniero - Ex Docente Universitario - Escritor / HoraCero