Los varones de Cristina

Opinión 30 de mayo de 2019 Por
Desde la muerte de Néstor Kirchner, los medios no dejaron de construir relatos que muestran a la ex presidenta como una “loca”, una “enferma del poder”, una “acosadora”, etcétera, que solo encuentra su equilibrio si tiene un varón al lado. El análisis de un relato misógino sobre la mujer en esferas públicas.
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Para los medios, Cristina es la suma de todos los males

icolumnPor Tatiana Raicevic*

Alberto es una persona que le da seguridad. Desde que murió Néstor, Cristina necesita mucho eso. Con Máximo no alcanza”, dice el columnista de La Nación, Carlos Pagni, que le dijo un “allegado” de la ex presidenta respecto de la elección de Alberto Fernández como precandidato a presidente de la Nación.

¿Por qué Cristina necesita varones que la legitimen? Según parece, llegó a ser presidenta por ser la esposa de Néstor, luego fue reelegida porque a la gente le dio lástima la muerte de Néstor, dicen que eligió a Boudou como vice porque “le tenía ganas”. También había algo así con Kicillof y algunos otros de su equipo. Le gustan los “carilindos”, se escuchaba decir en ese tiempo. Ni hablar del video de esa banda argentino-venezolana radicada en Miami en la que se mostraba a Cristina masturbándose frente a Obama, o la “célebre” tapa de la revista Noticias “El goce de Cristina”, que la mostraban como una ninfómana, una mujer insaciable.

Le dicen yegua y Kretina. Dicen que es una “pésima” armadora política porque “de eso se ocupaba Néstor”, que está buscando siempre a alguien en quien apoyarse por sus inseguridades de “hija no reconocida”, etcétera, etcétera, etcétera.

En los discursos de propios y ajenos, Cristina era la que “había que cuidar”, como si fuera una mujer indefensa, o era una “enferma de poder”. Una mujer soberbia, ambiciosa (cuando se es mujer sigue estando mal visto) o, como dijo la periodista Laura di Marco en una de sus columnas del diario La Nación, una trepadora “a cualquier precio” que, además, vio en Néstor a “la figura paterna que nunca tuvo”. “Néstor no solo es marido sino que de algún modo es un padre sustituto”, dijo Di Marco en una entrevista con Luis Novaresio para Infobae. “Hay una relación de poder en esa pareja en donde ella no le cuestiona, por el ejemplo, la corrupción que atraviesa a su gobierno”, disparó. La entrevista es de 2014, cuando publica la biografía Cristina, la verdadera historia, en la que también asegura que el mayor problema de la precandidata a vicepresidenta es que no es hija biológica de Eduardo Fernández sino de una relación extramatrimonial de su madre con un compañero de trabajo, y hasta asegura que Cristina no acepta que fue “muy muy pobre” de niña y esto le trajo “problemas psicológicos”. Todo esto para poder decir que “su historia personal determina su modo de ejercicio del poder”.

En 2013, Nelson Castro empieza con su ya famosa teoría de la enfermedad de Hubris. El periodista y médico no se cansa de decir que la expresidenta padece esta dolencia pero que no hay que preocuparse porque “se cura en el mismo momento que la persona deja el poder”. Pero esto no es todo, en uno de los almuerzos de Mirtha Legrand, el ex periodista de Clarín le diagnosticó "una patología de conducta" y "bipolaridad". "Lo demuestra la realidad todos los días, es un problema de personalidad", aventuró.

Más cercano en el tiempo, Lanata la llamó “pobre vieja enferma” y algunas otras cosas más. Cristina es la suma de todos los males, es el súcubo.

Como contracara, en Sinceramente, el libro que la actual senadora publicó en mayo de este año, busca construirse como una estadista, como la “asesora” más importante de Néstor Kirchner, la que ve venir las crisis, la que sabe leer a los opositores, la estratega. Todo lo que sus detractores y sus admiradores no dicen de ella.

¿Por qué ese tratamiento a quien fue dos veces presidenta de la Nación?

Para advertir si una publicidad es sexista, los creativos cambian el género del “protagonista” de la escena. Si hace ruido, hay que modificarla. Ahora, cambien el nombre de Cristina por el de cualquier referente masculino. Los calificativos no hacen sentido ¿o no? No existe antecedente de algo semejante con un político varón. La diferencia es que, en el caso de los varones, las críticas siempre tienen que ver con sus capacidades para ejercer su función, nunca con su físico, su psiquis, su edad o estado civil.

¿Es una cuestión de género? Sí, es una cuestión de género. Es el patriarcado. Las críticas a las mujeres que se atreven a abandonar la esfera privada para adentrarse —y triunfar— en la esfera pública (espacio destinado “naturalmente” al varón) son por cuestiones que poco o nada tienen que ver con su desempeño. Ese eje ordenador de roles mutó hasta abogar por la construcción de una imagen de mujer independiente pero con tiempo para “cuidar” a los suyos en lo doméstico. Esto los deja tranquilos porque mantiene el status quo. Cristina no representa eso, ella es una par, y ahí radica el alto margen de rechazo que su figura despierta.

*Tatiana Raicevic publicado en El País Digital

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