9 de Julio de 1816, entre angustias ajenas y alegrías patrias

Historia 09 de julio de 2019 Por
Muchos historiadores han analizado este acontecimiento de 1816 como un proceso complejo, pero ninguno de ellos lo describió como un acto de tristeza o abatimiento, muy por el contrario, lo mencionan como parte de un hecho que sirvió para seguir gestándonos como Patria.
EL 9 DE JULIO DE 1816
Una imagen que evoca el bicentenario celebrado en 2010

Recordamos con orgullo el Bicentenario del 25 de Mayo realizado hace nueve años, como un verdadero festejo popular. No podemos decir lo mismo respecto de la celebración del otro bicentenario, el de la Independencia, que se llevó a cabo en Tucumán en un deslucido acto en el que el presidente Macri nos habló de la angustia que sentían nuestros próceres por haberse independizado.

Casi pidiéndole perdón al rey de España, a quien había invitado al acto, el Presidente quiso echar por tierra el significado de una de las fechas más sentidas de la argentinidad: el 9 de Julio como Día de la Independencia.

Muchos historiadores han analizado este acontecimiento de 1816 como un proceso complejo, pero ninguno de ellos lo describió como un acto de tristeza o abatimiento, muy por el contrario, lo mencionan como parte de un hecho que sirvió para seguir gestándonos como Patria.

En tal sentido, el investigador Gabriel Di Meglio en su libro "1816. La trama de la Independencia", reconstruye ese año emancipatorio y crucial de la historia argentina como un paso más en el derrumbe de viejos imperios. También destaca la importancia de la participación popular que se vino dando desde 1810, en donde hubo fuertes reclamos políticos, como una justicia distributiva o el rechazo a las jerarquías tradicionales, que fueron nutriendo de un contenido social a la revolución de mayo y se hicieron sentir aquel 9 de Julio. El objetivo central de declarar la independencia, coinciden los historiadores, era una decisión que para ese entonces ya casi nadie discutía entre los rioplatenses.

Es importante destacar también la mirada que otro conocedor de los acontecimientos históricos, como lo es Norberto Galasso, hace sobre esta gesta: “La independencia fue y sigue siendo un proceso complejo, para atrás y para adelante”, donde también agrega que “hay que diferenciar la independencia meramente formal de la real”.

Dice este heredero del espíritu de Rodolfo Puiggrós, John William Cooke y Arturo Jauretche: “Desgraciadamente, esta última (la independencia real) sólo la vivimos en lapsos muy puntuales de nuestra historia. Ya desde Rivadavia hay una licuación notable de independencia. No olvidemos que una de sus personas de mayor confianza, Manuel José García, era prácticamente un agente inglés. De Rivadavia no hay pruebas para decir lo mismo, pero actuaba como tal. Rivadavia es el responsable del empréstito Baring, el primer gran endeudamiento del país, un contrato firmado bajo unas condiciones brutalmente leoninas que no fue otra cosa que una eficaz arma de dominación”.

Algo similar podríamos decir hoy en día cuando la deuda vuelve a ser el eje que condiciona y pulveriza nuestra independencia, con otro empréstito a cien años que seguramente pondría, esta vez sí, muy tristes a nuestros próceres.

La independencia sigue siendo una lucha de todos los días, la del pueblo, para asegurar una Patria que sea Justa, Libre y Soberana frente a quienes quieren venderla, como si fueran gerentes de algo que no sienten propio.

Como escribiera Don Arturo Jauretche: “Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende”.

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*Director de HoraCero

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