Otro aniversario de la desaparición del conscripto Suárez

Derechos Humanos 01 de agosto de 2019 Por
Al cumplirse un nuevo aniversario de la desaparición de Roberto Daniel Suárez, el conscripto que fue secuestrado cuando cumplía con el servicio militar obligatorio, presentamos el testimonio de su madre Olga Barrera de Suárez y su historia para conocer qué había sucedido con su hijo.
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Cecilia Mazzetti, Olga y Sebastián descubriendo la placa homenaje a Roberto Daniel Suárez - Foto: Araceli Paz - Ministerio de Defensa

Roberto Daniel Suárez era mucho más que un colimba, le decían "el mudito" y había militado en el Movimiento de Acción Secundaria (MAS) que luego derivaría en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Alumno del Colegio Nacional de Santa Fe "Simón de Iriondo", también cursó estudios en la Facultad de Bioquímica, en la Universidad Nacional del Litoral.

Fue secuestrado el 1 de agosto de 1977, en el Batallón de Ingenieros Anfibios 601, de Santo Tomé, cuando cumplía con el servicio militar obligatorio y desde entonces se encuentra desaparecido. Escribe el periodista e historiador Roberto Baschetti que Rodrigo Sebastián su hijo, nació en cautiverio, ya que María Cecilia Mazzetti, la jovencita compañera del conscripto, lo dio a luz luego de sufrir torturas cuando estaba embarazada.

EL TESTIMONIO DE SU MADRE

Se llama Olga Suárez y recuerda aquél 1º de agosto de 1977 cuando se produjo la desaparición de su hijo: “El tenía 22 años y estudiaba en la Facultad de Bioquímica, por eso había pedido prórroga. Como soldado conscripto solía hacer mandados que le solicitaban en el cuartel. Se acercaba una fiesta aniversario y los militares estaban repartiendo tarjetas de invitación; a mi hijo lo mandaron con una caja para que entregara las tarjetas al domicilio de un Teniente Primero que vivía en la Costanera. Nunca me dijeron la dirección, a pesar de todas las veces que la solicité. Una vecina amiga mía lo vio parado esperando el colectivo en una zona céntrica, subiendo al colectivo de la línea 16. Nunca más se supo nada de él.”

Olga también refleja el coraje de estas madres que sufrían la desaparición de sus hijos: “Un compañero suyo
me llamó por teléfono para preguntarme si Daniel estaba en casa conmigo, porque en el cuartel no estaba; entonces me subí al auto y me fui inmediatamente al cuartel en medio de las lágrimas: lloraba y gritaba. Fui sola porque mi esposo era ferroviario y no se encontraba en la ciudad. Además, en el ‘77 quién te iba a acompañar, había mucho temor en la gente, incluso en los familiares de uno”.

Y continuó: “Cuando llegué, pedí hablar con el suboficial Pfeiffer que era su inmediato superior. Primero me dijeron que no estaba. Luego, cuando me vieron decidida a quedarme a esperarlo, me atendió respondiéndome con evasivas, sugiriendo que a lo mejor se había ido con alguna noviecita y que ya iba a volver. Le dije que no, que yo conocía a mi hijo y sabía que no iba a hacer eso. Me cansé de ir todos los días al cuartel para preguntar por él; nunca me dieron una respuesta. También saqué avisos en El Litoral, con la foto de Daniel, para que alguien me dijera si lo había visto o si sabía algo de él. Hice habeas corpus, pero nunca supe nada”.

“En el Juzgado Federal -recordó- conocí a las primeras madres que también buscaban a sus hijos. A Bruzzone, los Verdú, los Mattioli, los Manso, a Norma Biekgler. También a una persona que fue un puntal para nosotros en el grupo de Familiares: Elsa Ramos. Cuando empezamos a viajar a Rosario y a Buenos Aires nos dimos cuenta de que había muchas madres como nosotras, yo no sabía que había tantos desaparecidos. Fui al Ministerio del Interior, a las iglesias, hice carta documentos, nos reuníamos con Monseñor Zazpe, nos recibía para darnos palabras de aliento, pero nunca pudimos obtener ningún dato a través suyo”.

Olga habla de su hijo llamándole Daniel, pero en realidad su nombre es Roberto Daniel Suárez, había nacido el 1º de febrero de 1955, estaba casado y era padre de Rodrigo Sebastián. Quienes lo conocieron lo recuerdan como un muchacho simple, jovial y muy ameno para las relaciones. Su mamá nos dice que era muy afectuoso, “siempre tenía algún regalo para traerme”.

Olga también nos cuenta que su otro hijo estaba preso, así que el drama era doble. “Nunca logré unir a los familiares de los presos políticos con los familiares de desaparecidos; por aquellos tiempos había cosas que nos decíamos que eran hirientes. Algunas madres decían a otras: ‘Bueno, pero vos tenés la suerte de que tu hijo está preso en una cárcel y el mío no, está desaparecido’. Sin embargo, yo estaba atravesada por las dos situaciones. Entonces, ¿qué podía decir?.”

A Olga le gusta recordar una escena familiar que la reconforta; es el recuerdo de las tardes en las que se sentaba junto a sus hijos a tomar mates. Pero no sólo vivencia el afecto de los momentos cotidianos, también destaca la militancia que tuvieron sus hijos y de Daniel dice: “Luchó cuando era estudiante secundario por el boleto estudiantil; así que hoy, cada vez que subo a un colectivo y veo a un niñito sacar un boleto escolar, veo que ahí está una partecita de mi Dani”.

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Fuentes: eh! Agenda Urbana - Infojus - Nicolás Lovaisa - Roberto Baschetti / HoraCero

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