El poeta de los bordes: González Tuñón

Cultura 31 de marzo de 2018 Por
Se conmemoró un nuevo aniversario del nacimiento de Raúl González Tuñón, fue uno de los más importantes poetas argentinos del siglo XX. Autor de La rosa blindada, entre otros libros.
GONZÁLEZ TUÑÓN - HoraCero
Raúl González Tuñón, uno de los más importantes poetas argentinos del siglo XX.

El poeta y periodista argentino Raúl González Tuñón nació en el barrio porteño de Once, el 29 de marzo de 1905. Con menos de 20 años publicó sus primeros poemas en Caras y Caretas, y en 1923 participa de Proa, revista mural fundada por Jorge Luis Borges. Poco después entró a trabajar como periodista en el diario Crítica. Este puesto, que consiguió en gran medida gracias a su hermano Enrique González Tuñón (célebre narrador y periodista), resultará central en su formación.

En 1930 publicó uno de sus libros más famosos: La calle del agujero en la media. Los primeros versos del poema que da título al libro son emblemáticos: "Yo conozco una calle que hay en cualquier lugar
y la mujer que amo con una boina azul."

En el caso de los versos recién citados, la indeterminación total ("una calle que hay en cualquier lugar") se combina con el detalle pintoresco ("la boina azul" de "la mujer que amo"), de manera que al lector se le hace presente en la imaginación, con violencia y por poco que lo quiera, la imagen de la mujer, cualquier mujer —la mujer que el lector quiera—, quizá en blanco y negro, quizá en una calle brumosa e indefinida, pero con una boina azul que la hace mucho más real de lo que sería si meramente conociéramos todos los detalles geográficos y espaciales de su presencia. Todo eso, por lo demás, en solamente dos versos y, como si fuera poco, dos versos sencillos y luminosos.

No tiene nada de casual que la escena se desarrolle en una ciudad, y no en un pueblo ni en el campo, y que todo suceda en una calle: aquí como en otros poemas, Tuñón brillará como poeta urbano. La estrofa final cancela la esperanza de hermosura del principio:

"Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad,
una calle que nadie conoce ni transita.
Solo yo voy por ella con mi dolor desnudo,
solo con el recuerdo de una mujer querida. Está en un puerto.                                                                                        ¿Un puerto? Yo he conocido un puerto.
Decir: Yo he conocido, es decir: Algo ha muerto."

La mención del puerto, que completa la de la calle, es también significativa, ya que Tuñón, de un modo menos vistoso que Borges, también privilegiaba los márgenes urbanos como el puerto. Más en general, apreciaba todo tipo de márgenes, también los sociales, como su compañero de redacción en Crítica, Roberto Arlt, fascinado por los maleantes, mafiosos, desesperados y revolucionarios.

La "Canción para vagabundos" es un buen ejemplo de esta preferencia, con líneas como:

"Amigos de la botellas
pero poco del trabajo.
Todo nos falta aquí abajo.
Todo, menos las estrellas."

Estos versos fueron cantados por artistas como Miguel Abuelo, Andrés Calamaro y Lito Vitale, entre muchos otros.

Creaciones míticas

Tuñón ha creado imaginarios enteros, mitos, figuras tan inolvidables que trascienden la figura del autor. ¿Quién, por ejemplo, no escuchó hablar alguna vez de Juancito Caminador?

Pero Juancito Caminador es una creación de Tuñón. Algo parecido sucede con una imagen que parece arltiana, y es en todo caso símbolo de la modernidad radical, la de "rosa blindada" (Arlt desarrolló la figura análoga de la "rosa de cobre", que obsesiona a Erdosain, protagonista de la novela Los siete locos, de 1929.) Pero la "rosa blindada", en esa formulación, le pertenece de pleno derecho a Tuñón, que dedicó en 1936 un libro de ese título a los mineros asturianos. La rosa blindada, precisamente, le valió a Tuñón el reconocimiento de Neruda, quien lo saludó con justicia como "el primero en blindar la rosa".

Despedida

En 1974, a los 69 años, Tuñón muere en Buenos Aires, la misma ciudad en que nació. Holden Caulfield, narrador de El cazador oculto, de J. D. Salinger, dice que un libro realmente le gusta si, cuando termina de leerlo, "querrías que el autor que lo escribió fuera un gran amigo tuyo y pudieras llamarlo por teléfono cada vez que tuvieras ganas" (cap. 4). Aclara, sin embargo, que «eso no pasa muy seguido». Sin duda tiene razón: pocos lectores querrían llamar por teléfono a Balzac, Tolstoi, Céline o Borges. O, mejor dicho, por supuesto querrían pero lo pensarían mil veces, considerando que el otro sería demasiado exigente, o muy duro, o poco accesible.

Raúl González Tuñón en cambio, es un poeta ante quien uno siente que podría llamarlo por teléfono, y con quien podría conversar por horas, como si fuera un amigo de toda la vida. Tuñón es uno de esos raros artistas que combinan la excelencia en su labor con una humanidad amable y accesible, una de esas personalidades que se rebelan ante la injusticia y que mantienen la alegría sin perder calidad y sin desfallecer. Es alguien que no escribe desde una tarima, sino que dialoga, y lo hace verdaderamente con todo tipo de lectores.

Por eso siempre es un gusto volver a leerlo. Tuñón dice: "Si quiere ver la vida color de rosa / eche veinte centavos en la ranura". Un lector moderno podría reformular: si quiere ver lo vivible de la vida, cualquier vida, la vida del sobreviviente, relea con fervor la poesía de Raúl González Tuñón.

OBRA DE TUÑÓNSu Obra poética reunida en un libro

La editorial Seix Barral publicó Poesía reunida, una exhaustiva compilación de poemas del autor de La rosa blindada y El violín del diablo realizada por su hijo Adolfo y su sobrino nieto Eduardo Álvarez Tuñón, también escritor.

Juan Gelman lo consideró el iniciador de “un camino que grandes poetas latinoamericanos y españoles –Vallejo, Hernández, Neruda, Alberti– recorrerían después”. Juan Sasturain aseguró que su poesía tiene algo de invencible y de verdadero. Y Jorge Boccanera observó que supo enlazar en su obra a los opuestos: fue porteño y cosmopolita, partidario de la vanguardia formal y a la vez militante político; en tanto que en su expresión poética combinó la imagen fulgurante con una oralidad extendida. Todas estas consideraciones se refieren a Raúl González Tuñón, uno de los escritores más representativos de la generación que renovó la poesía argentina a partir de 1920. Su poesía reunida acaba de ser publicada por Seix Barral.

El libro lleva prólogo del crítico Jorge Monteleone, con una selección de textos a cargo del hijo del poeta, Adolfo, y de su sobrino nieto, Eduardo Álvarez Tuñón, también escritor. En un breve texto introductorio titulado “La música del mundo”, los familiares del poeta señalan esta compilación como “la más exhaustiva que se ha hecho”, al incluir libros completos como La rosa blindada, Poemas para el atril de una pianola y El rumbo de las islas perdidas.

Sus libros

Entre sus libros se cuentan El violín del diablo (1926), Miércoles de ceniza (1928), La Calle del agujero en la media (1930), Todos bailan (1934), La rosa blindada (1936), Las puertas del fuego (1937), La muerte en Madrid (1939), Canciones del Tercer Frente (1941), Caprichos de Juancito Caminador (1943), Primer canto argentino (1945), Demanda contra el olvido (1963) y El rumbo de las islas perdidas (1969).

Su poética aparece resumida en estos versos suyos: “Traigo la palabra y el sueño, la realidad y el juego de lo inconsciente/ lo cual quiere decir que yo trabajo con toda la realidad.”

Fue uno de los más importantes poetas argentinos del siglo XX. "Amigo de las gentes, de las mujeres amantes y del vino, una suerte de François Villon criollo, cantor de las tabernas, las grandes fiestas y duelos e insurrecciones populares", según lo definió Pedro Orgambide.

Murió en la misma ciudad por las que transitó con su poesía urbana, un 14 de agosto de 1974.

El Tata Cedrón, le puso música a la poética de Tuñon



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